El facilitador en los grupos de encuentro: una experiencia de crecimiento personal

DORA GÓMEZ PALACIO G.

Deseo compartir con ustedes, lo que ha sido mi experiencia en diez años de acompañar Grupos de Encuentro.

He tratado en la medida de lo posible ser fiel a la propuesta de Carl Rogers, en lo relativo a la inserción y trabajo en y con los grupos, desde la perspectiva que él propone; sin embargo, tengo muy claro que soy yo, y únicamente yo, quien está frente al grupo y es así con todo mi ser, pensar y quehacer que vivo estas experiencias; es así como lo he venido haciendo. No sabría hacerlo de otro modo y sé también que en esto he sido fiel seguidora de Rogers.

Es desde mí que trato de acompañar al otro poniéndome en sus zapatos e intentando no olvidar el famoso “como si”. Sin embargo, en muchas ocasiones resulté ser yo la facilitada al escuchar en silencio y con empatía al (la) otro (a) que me comparte, es en mí en quien surte un efecto terapéutico increíble el proceso de cada una de las personas que tengo frente a mí. Entonces comprendo porqué Rogers decía que para él, “encuentro” significa también reciprocidad. Por esto entiendo el regalo tan grande que recibo cada vez que escucho empáticamente al otro, cada vez que me permite conocer su alma y descubrirlo(la) así como conocerme cada vez más a través de lo que veo de mí reflejado en el (la) otro(a) y, como nos dice Rogers, “si en determinado momento, me inquieta algo que se relacione con mi vida privada, no rehúso expresarlo en el grupo, pero tengo sobre el particular algo así como una cierta conciencia profesional, pues siento que si se me paga para que cumpla la misión de facilitador, debo solucionar mis problemas consultando a mis colaboradores, o a algún terapeuta, y no ocupar con ellos el tiempo del grupo” (Rogers,1984, pg.63). Asimismo, descubro la capacidad que tiene el ser humano de tener conciencia de sí mismo y de distinguirse del mundo y esta riqueza me la da el conocer al (la) otro(a) en un grupo de encuentro e irme conociendo a mí misma cada vez más, lo cual me abre un océano de posibilidades de continuar trabajando en esto, ya que descubro un tesoro invaluable tanto en ellos como en mí.

Confieso que en ocasiones me ha resultado tremendamente difícil encontrar qué hay detrás de las palabras que me están comunicando, leer entre líneas o como dice Watzlawick descifrar el metalenguaje. Ya lo decía también Rollo May “La experiencia humana siempre va más allá de nuestros métodos de entendimiento de ella, en cualquier momento dado, y el mejor modo de entender nuestra propia identidad es observar nuestra propia experiencia” (Rollo May, 1953, p91).

Me resulta apasionante escuchar del otro no sólo lo que me está hablando, sino todo aquello que de mil maneras me comunica; sus gestos, muecas, el brillo de sus ojos, el tono de su voz, la expresión de su cara, el modo como se dirige a mí, la evasión de su llanto, cómo mueve sus manos; en fin, todos y cada uno de los detalles que me están hablando de algo que posiblemente aún la misma persona no es consciente de que me lo está comunicando y como dice Carl Rogers: “el fundamento del enfoque centrado en la persona, establece que la experiencia del encuentro básico es un camino de ayuda para que la persona crezca o madure personal y efectivamente y pueda establecer una competencia interpersonal al enfrentar una variedad de situaciones vitales” (Lee, Bob. Pg.3).

Para lograr lo que he venido comentando, es muy importante la comprensión empática, es sólo desde ahí, desde donde puedo estar con el otro; sinceramente, si no logro empatizar con aquello que me está comunicando, nunca voy a poder descubrir qué es realmente lo que le acontece, esto lo he constatado mil veces; en mi vivencia como facilitadora, me he dado cuenta que en la medida en la que yo pueda hacerme a un lado y estar con el (la) otro(a) podré ponerme en su lugar sin perderme y sólo así escucharé su voz y viviré su situación por más complicada o sencilla que ésta sea, he aprendido que así puedo facilitar el camino de aquel o aquella que se acerca a mí para que lo acompañe en su proceso de crecimiento como persona y la Congruencia, pareciera un término tan fácil de vivir; pero, ser congruente he encontrado que quizás ése sea nuestro mayor reto. No hemos aprendido a ser congruentes y esto viene desde pequeños cuando no aprendimos a ser responsables o a hacernos cargo de lo nuestro, de nuestras actitudes, conductas, etc., pronto olvidamos el “lenguaje yo” y regresamos a los patrones aprendidos de toda una vida, y luego andamos predicando que somos partícipes del Enfoque Centrado en la Persona y resultamos los seres más incongruentes del planeta, así nos hemos vivido un sinfín de veces, por eso resulta tan difícil cambiar. ¡Qué difícil es ser congruente!; la congruencia no es sólo decir lo que siento y pienso, sino saberlo decir y vivirlo, por eso resulta tan complicado, por eso es tarea diaria, y luego, Rogers nos habla de la congruencia en el grupo, ¿Cómo me siento? ¿Qué me mueve?, hasta dónde quiero estar o no. Si realmente analizáramos estas situaciones cada vez que estamos frente a un Grupo de Encuentro, habría más riqueza y el proceso sería más completo; pero suele pasarnos que sentimos que ya somos unos expertos en el proceso de facilitación, por lo tanto, para qué me reviso como Facilitador, si yo ya he estado en proceso terapéutico y ya sé todo, de mi vida. He escuchado mucho estas frases sobre todo entre mis amigos los psicólogos, tenemos aún mucho en que trabajar y sobretodo personalmente.

Ahora pasemos a la Aceptación Incondicional, aquí sí que hago una reverencia, este concepto me gustaría desmenuzarlo un poco para tratar de darnos cuenta qué sucede en la práctica con este elemento del enfoque Rogeriano.

En primer lugar, hablaré del término de Aceptación: para poder aceptar realmente al (la) otro (a) necesito fundamentalmente conocerme lo más a fondo que pueda, aceptarme primero a mí misma, analizar qué hay dentro de mí, qué estoy proyectando en el (la) otro (a) y no me permite aceptarlo tal y como es, esto es en caso de que esté teniendo dificultades conscientes con alguien en particular y no-falta en un grupo alguien a quien no tolero; en fin, si logro estar en introspección personal y me doy cuenta de lo que me pasa a mí con el otro, habrá un avance en mí como Facilitador, luego habré de pasar al segundo punto: Incondicional, esto según entiendo, quiere decir que acepto al (la) otro (a) tal cual es, sin ninguna condición y he ahí en donde he encontrado un sinnúmero de dificultades.

Ciertamente mientras más conozco al (la) otro (a) más lo acepto, pero según mi convicción es porque más lo amo, si no se da este amor, difícilmente lo podré aceptar de manera incondicional, entonces habremos de agregar el sentimiento del amor para que realmente se dé una aceptación como la que planteaba Rogers.

Me queda claro que cuando trabajo con personas que piensan diferente a mí o viven de manera diferente o actúan, me resulta más difícil su aceptación y es en la medida en que los conozco en su intimidad, en su ser más profundo o como le queramos llamar que los voy aceptando, ahí entra el ingrediente del amor, una vez que me dejan ver su alma, por más sucia que esté pero la veo, empiezo a amarlos, y me refiero al alma de la que habla Thomas Moore, en su libro El Cuidado del Alma, el alma dice, “no es una cosa, sino una cualidad o una dimensión de la experiencia de la vida y de nosotros mismos” (Thomas Moore,1994,pg.27) cuando conozco esta parte del ser humano entonces empiezo a aceptarlos, y esto se convierte en un reto cotidiano, pues no todo lo que voy conociendo del otro lo voy aceptando, habrá situaciones que realmente me resulten aberrantes o difíciles de aceptar; entonces tengo que regresar a mí para darme cuenta de qué me está sucediendo con esa persona y poder diferenciar lo suyo de lo mío, poder diferenciar sus actos de su ser.

Descubrir, ver y analizar esa parte oscura de mí que quizás no conozco y la estoy depositando en el (la) otro (a).

El reto es grande, en la medida en que yo me acepte, me conozca, me reconozca y me ame, podré hacerlo con el otro, no creo que proceda de otra manera. Todo esto, lleva consigo un sinnúmero de esfuerzos, trabajos, tiempo, introspección, etc., que habré de dedicarme para poder crecer como persona “Y no hay que olvidar, que todos estamos llenos de prejuicios y de ideas que se nos han infiltrado en nuestro interior sin que nos diéramos cuenta”(Thomas Moore,1994, pg. 41).

“Nicolás de Cusa, el gran teólogo del siglo XV dice que tenemos que encontrar maneras de desaprender las cosas que distancian la percepción de la verdad profunda” (Thomas Moore, 1994,pg.83). Es ahí a donde quiero llegar al conocimiento profundo de mi ser, o como decía Rogers, aproximarme a mí si-mismo verdadero, para entonces poder desarrollar la Empatía, Congruencia y Aceptación Incondicional de Rogers y así trabajar con el otro entonces sí “como si” fuera él mismo.

A través de los grupos con los que he trabajado me percato a medida que pasa el tiempo, que mientras más me libero de mis máscaras, más aceptada me siento, y más libre soy, por lo cual fluyo mejor en el grupo.

Pero hacerlo cuesta trabajo, esfuerzo, dolor y mucho sufrimiento que no siempre estamos dispuestos a hacerlo, pero he ahí el cuestionamiento fuerte para aquellos que trabajamos con el “alma” de la persona, si no lo hacemos no estaremos cumpliendo con el papel de Facilitador, pues qué le estoy ofreciendo al cliente. He de tener presente que mi personalidad es la principal herramienta en un proceso de crecimiento, yo misma me convierto en el instrumento que facilita o no dicho proceso.

Quiero ahora compartir con ustedes algunas vivencias que he tenido a través de estos años: en una ocasión estuve trabajando con un grupo en mi ciudad natal, resultó sumamente difícil para ellas aceptarme como su Facilitadora ya que no lograban comprender cómo podía trabajar con ellas cuando me habían conocido, algunas de estas personas desde pequeña y otras conocían a mi familia, las agresiones hacia mí eran muy notorias; sin embargo yo trataba a todas con cariño y empatía, esto fue muy amenazante para ellas, pues no podían manejar su agresión contra mí, o quizás les resultaba sumamente molesto el hecho de que iba a conocer sus vidas como si hubiera algo vergonzoso que esconder. Creo que no logré hacer contacto íntimo con ellas porque había demasiada resistencia a permitirme conocerlas, como si dieran por hecho que iba a andar por los camino pregonando lo que escuchara. Esta experiencia la tuve en los primeros años en que me dediqué a facilitar grupos; así es que por un momento fue doloroso, pues por más que trataba de hacerles ver que mi trabajo era profesional, que podía trabajar con ese grupo con todo mi ser, ellas no lo toleraron, al fin me retiré y dejé el grupo a otro compañero. Tuve un gran aprendizaje al respecto: primero, que había mucho que trabajar en mí y revisar cuál fue la dinámica que se generó en ese grupo y el impacto que tuvo en mí, en qué momento no fui amorosa con el grupo y descubrí que mis miedos me habían paralizado en relación con la aceptación incondicional, quizás sí pude ser empática, congruente considero que también, pero no fui aceptante. Y tuve que revisar esos miedos que estaban ahí y no me permitían crecer con ellas.

En otra ocasión trabajé con un grupo en el cual había dos señoras un poco mayores que me compartieron su experiencia religiosa; me costó mucho trabajo empatizar con ellas en esa parte, ya que al compartir su experiencia hacían referencia a su relación con Dios como alguien con quien ellas hablaban periódicamente y Él les hacía ver cómo debían comportarse, qué hacer y qué no hacer, en fin, mayor fue mi sorpresa cuando las escuché decirme que Dios les había pedido que no tuvieran relaciones sexuales con sus esposos porque ellas eran el medio que Él estaba utilizando para la salvación de sus esposos. A pesar de lo que me pasó a mí cuando escuché lo anterior, poco a poco fui aprendiendo a escuchar con empatía, ya que ellas realmente parecían convencidas de lo que ahí hablaban, y esta era su verdad.

Al pasar de los días fui comprendiendo lo que en realidad sucedía con ellas, pero fue sólo desde mi estar con el otro ”como si” que logré adentrarme en su “alma” y descubrir qué había detrás de sus palabras: una de ellas no regresó después de la tercer sesión ya que se cambió de ciudad, la otra persona sí permaneció, créanme que fue un trabajo muy interesante, pero sumamente cansado porque había que leer y escuchar más allá de la literalidad de sus palabras. Creo que después de trabajar dos años con este grupo, me di cuenta que las personas llegan a conocerse sólo y únicamente hasta donde su capacidad de tolerar una confrontación se los permite y que por más esfuerzos que haga uno por estar ahí y acompañarlas es sólo ahí en donde quieren estar y habrá que dejarlas en donde ellas elijan, pues no hay que olvidar que sólo somos Facilitadores de su proceso de vida y nunca olvidar que se acompaña al otro estando con el otro y olvidándome en ese momento de mí como persona para poder ponerme en su lugar.

He aprendido en los últimos grupos a los que he facilitado que uno de los problemas con el que nos topamos es en mayor grado relacionado con la aceptación incondicional y esta es una actitud de entrega en confianza con el otro, ahí entran en juego los miedos de la persona, para poder trabajar con una persona que no nos acepte, es importante manejar la tolerancia y la frustración primero en mí y posteriormente lo podré hacer con el cliente, de lo contrario haré mías las agresiones y no se dará el proceso de crecimiento o de autorrealización como le llaman otros autores.

He tenido otras muchas experiencias, todas ellas enriquecedoras, de todas he aprendido muchísimo. Me gustaría finalizar esta plática con algunas reflexiones:

He observado que es poco a poco conforme me voy dando cuenta de que lo que yo soy, en cualquier momento dado del proceso de mi hacerme persona, vendrá determinado por mis relaciones con los que me aman o se niegan a amarme y con aquellos a los que yo amo o me niego a amar, esto implica un proceso de interioridad y de exterioridad. Implica auto aceptación.

De igual manera, que la persona esté abierta no sólo a sí misma y a su interior, sino a su entorno.

Tiene su máxima expresión en la capacidad de dar amor libremente.

Para lograr este equilibrio entre interioridad y exterioridad, se requiere vivir:

• La libertad de ver y escuchar lo que está aquí, en lugar de lo que debería estar, estuvo o estará.

• La libertad de decidir lo que se siente y se piensa, en lugar de lo que se debería sentir y pensar.

• La libertad de pedir lo que se quiere, en lugar de tener siempre que pedir permiso.

• La libertad de arriesgarse por su propia cuenta, en lugar de optar únicamente por estar seguro y no perturbar la tranquilidad.

Y después de reflexionar lo anterior me surge la pregunta ¿Puede uno crecer o ser creativo sin dolor, sin incertidumbre y sin angustia?.

Desde lo que he vivido les digo que no, el crecimiento personal implica mucho dolor, pero para poder ser Facilitador de Grupos de Encuentro hay que arriesgarse, se necesita tolerar la incertidumbre, la angustia, las agresiones, la descalificación, los reproches y otras tantas situaciones que se viven dentro del Enfoque Centrado en la Persona, motivo por el cual estamos aquí. Pero también se vive un crecimiento personal muy enriquecedor para la vida de cada uno de nosotros, les puedo asegurar que nunca somos los mismos después de haber facilitado un grupo, cambiamos, crecemos, somos más persona, nos valoramos más, nos aceptamos más, en fin en todo esto hay una riqueza incalculable que no estoy dispuesta a dejar, aunque tenga que atravesar por este camino doloroso.

Los invito a seguir en este proceso, aún hay mucho por andar.

Muchas gracias por compartir conmigo este fragmento del camino.

XI ENCUENTRO LATINOEMAERICANO DEL

ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA.

MTRA. DORA GÓMEZ PALACIO G.

OCTUBRE 2002.

TORREÓN, COAH

MÉXICO.

LISTA DE REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Araiza Zayas, Mariano: Los Grupos de Encuentro en la Formación de Alumnos del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, (Tesis) México, 1997.

Giordani, Bruno: La Relación de Ayuda: de Rogers a Carkhuff; Ed. Desclée De Brouwer; 1997.

Lee, Robert E: Relationship between basic encounter group and change in self concepts and interpersonal relationships of college low achievers, Dissertation for the degree of Doctor of Philosophy; San Diego California; 1969.

May, Rollo: Man’s search for himself, Ed.Dell, New York, 1953.

Moore, Thomas: El Cuidado del Alma, Ed. Urano, Barcelona, 1993.

Rogers, Carl: Grupos de Encuentro, Ed. Amorrortu , Buenos Aires, 1984.

Watzlawick, Paul, J. Beavin B., y Jackson D.D.: Teoría de la Comunicación, Ed. Herder, Barcelona, 1995.

Apresentado no XI ENCONTRO LATINO-AMERICANO DA ACP – Socorro – Brasil – Out/2002