EL SER Y DEVENIR DEL HOMBRE EN SITUACION DE CALLE

Lic.Graciela Iraola

Experiencia realizada en el Centro de Referencia para personas en situación de calle – Sito en Montevideo- Noviembre del 2004 a Marzo 2005.

INTRODUCCION

El presente, nuestro aquí y ahora se compone de múltiples y diferentes situaciones, cada uno de nosotros tiene un lugar y una misión en este universo que habitamos.

Nuestras percepciones a través de las cuales vamos objetivando cada realidad, pueden acercarnos o alejarnos de nuestros propósitos.

Esto es: nos acercamos ante lo placentero, nos alejamos del dolor, valoramos lo que es positivo y excluimos lo que es negativo, lo dejamos en la sombra, sumergido en las profundidades.

Creamos un esquema de valores, mas que una fluida escala de valores y dentro de ese esquema que aceptamos como referente, excluimos a aquellos/as, que no conllevan los requisitos para ser aceptados, para ser integrados.

Así van apareciendo los depositarios de la sombra ¿de nuestras sombras?

Mi experiencia en el Centro de Referencia para personas en situación de calle me permitió tomar contacto con la problemática del excluido.

Ubicación del Centro: Arenal Grande 1642- esquina Uruguay, cerca de la Universidad de la República, del Banco de Previsión Social, del Banco Hipotecario del Uruguay, del INJU (Instituto de la Juventud), y de un centro comercial muy concurrido. Por lo que se constituye en un punto neurálgico para distintas actividades de los ciudadanos/as. Y un lugar clave para “deambular y manguear”.

Se le ofrece un servicio de duchas, de lavado de ropa (esto se cobra $3 cada lavado), y un servicio de lockers ($ 2 por día) para que pudieran guardar lo que fuera importante para ellos, esto se brinda de lunes a sábados de 9 a 17 hs Con las duchas y el lavado de ropa se pretendía facilitar la adquisición de prácticas de higiene personal adecuadas para algunos y para otros era ofrecer el mantenimiento de las mismas.

Llegaban de distintas maneras: uno le comentaba a otro, o simplemente pasaban por la puerta y veían a sus “compañeros” y entraban, en un tiempo de 2 meses ya habían 150 usuarios inscriptos en el centro.

Esta labor se llevaba a cabo en un marco que apunta a llevar acciones que no fomenten el

asistencialismo aunque si se brindase la asistencia necesaria para hacer ese camino de salida y de aceptación consciente de sí mismo y de la sociedad en su conjunto.

El equipo de trabajo estaba conformado por 2 técnicos (una psicóloga y una asistente social) y 3 operarios del servicio de duchas y lavado de ropa.

Al inicio surgieron estas preguntas: ¿Qué entendía yo por exclusión? ¿Cuál era mi escala de valores al respecto? ¿Cuáles eran mis pre-conceptos? ¿Cuáles eran los mitos y creencias sobre el excluído?

Al tiempo fui tomando contacto con “otro mundo” y ”otros códigos”, que a la larga se asemejan en varios aspectos a los que estamos “dentro” de la sociedad. Por ejemplo los que roban para comer o para ”la diaria” y los que roban evadiendo impuestos “el robo de guante blanco”, el acto es el mismo y está penado. Sin embargo del primero nos horrorizamos, nos escandalizamos, lo vemos claramente pero en el segundo caso no lo percibimos así, parecería que estuviera socialmente aceptado. Proyectamos nuestra culpa en ese “otro mundo”, en ese hermano que es igual y no podemos ver tal cual es..

¿Cómo se llega a ese lugar, el de ”no ser”? Sin duda que hay varias maneras de “no ser”, pero hoy me ocupa la del hombre y mujer de la calle, y en ese sentido son estas reflexiones. La del ser “excluido”

La adquisición, el tener y poseer “per se” se constituye en una hipótesis con relación a

la genealogía del excluido. La creencia de que “si posees eres y cuanto más posees más eres”, pasa a ser el centro o el objetivo principal de la existencia en detrimento de la pérdida del ser.

¿Qué hacer sino podemos “tener” o “poseer”? ¿Qué es lo que tenemos que poseer, lo elegimos nosotros o se nos impone desde nuestra alienación? ¿Dejamos de ser?

Entré en el Centro con toda mi fuerza y con mis mejores propósitos, quería hacer para ellos lo que se entendía a priori era lo necesario, mantener un lugar para su higiene al mismo tiempo que iba conociendo y aprendiendo desde allí cuales eran sus necesidades reales, lo que entendían que necesitaban ellos, lo que querían. Y la pretensión para mi esencial de que pudieran darse cuenta de cuáles eran sus necesidades, un trabajo “de hormigas” para llevar adelante.

Y ante la pregunta ¿Qué necesita?, ¿Qué quiere? Muchas veces quedaban “descolocados” como si habláramos en otra lengua. ¿Cuánto tiempo había pasado en su vida afectiva, sin hacerse esa pregunta? ¿Cuánto tiempo había pasado sin que se le hiciera esa pregunta?.

A partir de estos servicios se establece un vínculo con ellos, para poder promover las distintas salidas conociendo y entendiendo el fundamento de su situación de calle: que situaciones y hechos de vida los llevaron al punto de exclusión..

El deterioro extremo del poder adquisitivo, el quedarse sin trabajo, sin vivienda y sin familia, es uno de los basamentos para los que están en situación de calle desde no hace más de 2 ó 3 años.

Alternando la calle con otras viviendas (pensiones, casa de amigos, gente que circunstancialmente le hacen el aguante, etc.)

La situación cambia en los que llevan entre 4 y 8 años que están viviendo en esas condiciones, se hace muy difícil implementar las salidas ya que éstas demandarían más tiempo y mayor disponibilidad de recursos.

Otros de los basamentos es el alcoholismo como salida a las frustraciones laborales, familiares y sociales: se pierde el trabajo, se aliviana el dolor con el alcohol, se lesionan los vínculos familiares y deviene la exclusión.

Con relación al alcoholismo cada vez son más los que se manifiestan adictos al “tulú” (alcohol

rectificado con jugolín, limón u agua), haciéndose común el ver esa “botellita” tan nociva en sus bolsillos “semiescondida” para poder entrar.

Se escuchan conversaciones entre ellos -mientras esperan-, sobre la cantidad de compañeros que se han muerto por esta causa, en algunos casos se puede ver el temor en la mirada. Una conciencia que luego se adormece con el alcohol.

Se trata de poblaciones de alta vulnerabilidad social con un sistema de creencias que tienen su origen en las experiencias infantiles más tempranas (algunas desde el momento mismo del nacimiento)

Muchos de ellos han salido del INAME (Instituto Nacional del Menor) hoy llamado INAU criados en esta institución por el abandono de sus padres (en distintas formas de abandono)

Niños que se quedan sin padre y la madre sola no puede hacerse cargo, niños que nacen en lugares de extrema carencia y que al morirse uno de los progenitores no hay quién pueda responsabilizarse de ellos, niños que en otros casos son traídos al mundo como objetos de posesión: otros poseen bienes materiales, los marginados “poseen hijos” que pasan a ser usados y no amados; no hay quien los quiera, quien los cuide…….carencias, carencias y más carencias sobre todo carencias de amor..

…….Y este sería para mí el meollo de la situación: ¿Cómo lograr que puedan re-sensibilizarse para conectarse con el amor? ¿Con el amor hacia ellos mismos? ¿Con el “motor” que mueve al ser humano para querer y honrar la vida?

Hay un trabajo muy complejo para hacer, por ejemplo en la población femenina: la mayoría de las mujeres que concurren tienen hijos que están a la deriva junto a ellas, la situación es de

semiabandono, el estar “junto a la madre” en algunos casos no da cuenta de ser contenidos/as por ella, siendo también sujetos de maltrato. La carencia de educación, la carencia de familia parental, se extiende y proyecta en esos niños.

Un día hablando con un niña de 4 años preguntándole que hacía durante el día me contesta a través del dibujo que había dibujado en una hoja y dice: “se llama Carla y tiene 6 años y anda marchando, marchando por todos lados…”

Esa niña no iba a ninguna escuela porque la madre tenía miedo de que la institución estatal que se encarga de los menores en situación de riesgo se “la quitara”, ella tenía dos hijas más que nunca más los vió, ya que según nos dijo el Iname se las quitó. Todas estas historias merecen ser investigadas para discriminar el monto de fantasía que hay en ellas de la realidad. Tarea para hacer.

Las cogniciones negativas que tienen del sí mismo también se proyectan hacia aquellos que están del ”otro lado” y los del “otro lado” les reafirman que no valen, que no están a la misma altura. Se mantiene el abismo.

En una relación de omnipotencia por parte de los que permanecemos del “otro lado” -del lado por donde parece que pasa la vida- determinamos lo que ellos necesitan, lo que tienen que tener, lo que tienen que comer….

En este momento me viene a la mente un recuerdo de uno de los últimos días en que se llegaba a la Semana Santa o de Turismo y se hablaba de cerrar el espacio los días viernes y sábado (días laborables) y en la discusión de si era bueno hacerlo o no, me quedó resonando este argumento:

“que les va a hacer total pueden pasar un año sin bañarse…” Me duele en el corazón todavía este comentario, una vez más no los teníamos en cuenta o decíamos que era lo que necesitaban sin preguntarles a ellos.

¿Cuántas veces sin ser responsables de lo que esto implica mandamos estos juicios de valor?

¿Cuántas veces nos vestimos con esta arrogancia de saber que es lo que ellos necesitan?

Otra de las formas de evasión al dolor es la relación con las drogas (en lo manifiesto serían menos pero en lo latente son más), siendo dicha conducta determinante en la pérdida de sus trabajos, y de sus familias. Algunos ni siquiera pudieron constituir una familia ni han tratado de buscar salidas laborales, las edades oscilan entre 20 a 30 años.

La importancia del trabajar los límites desde varios ámbitos favorecería la comprensión primero y la continentación después, para estas personas que no pueden poner límite a lo que los sigue dañando.

Las capacidades de reacción se van debilitando cuanto más pasa el tiempo.

Suelen haber pedidos concretos de ayuda para salir del alcoholismo y de las adicciones en general, aunque solo en momentos extremos donde son conscientes del daño y es en este sentido donde espacios como este se constituirían en facilitadores de alguna salida. Promoviendo en ese mismo lugar, talleres que apunten a recuperar las capacidades que se han ido perdiendo.

También hay usuarios que presentan desequilibrios emocionales que conducen a enfermedades mentales, y otros con enfermedades mentales crónicas que de alguna manera no pueden ser contenidos por la familia (aunque tengan recursos económicos)

Se han dado casos de mujeres que han recurrido al lugar buscando orientación y apoyo por violencia doméstica. En este caso se trataba según su versión de poner distancia al abuso del que era objeto por parte de un familiar, eligiendo a otro hombre, con las mismas características del abusador primario (como puede llegar a suceder en casos donde se ha sufrido abuso sexual) hombre con el que vive hasta que plantea el problema de agresión. Luego de realizar las derivaciones del caso se consigue apresar al compañero.

¿Qué implicaba esto?, ¿Estaría a salvo?, ¿Se habría terminado la violencia?

Ella no estaba tranquila, sabía que cuando saliese iba a ser lo mismo o peor, sigue el miedo.

Su postura corporal, su mirada y distintos comportamientos nos llevaron a manejar la hipótesis de que hace mucho tiempo era víctima de violencia, situación que la colocaba en un punto donde las salidas y la ayuda de personas capacitadas en ese sentido no pudiesen ser valoradas por ella, (dijo haber ido a lugares donde ayudan a la mujer y que no la escucharon- no siendo muy clara es sus explicaciones)

Luego nos enteramos que iba a visitar al agresor (su compaañero) al Hospital Vilardebó, lugar donde estaba detenido. Al mismo tiempo que se recibía en el refugio -donde dormía a la noche- una orden judicial pidiendo protección especial para ella, para así cuidarla de la peligrosidad del compañero , el mismo que va a visitar por “motus” propio al lugar donde está detenido.

La prolongación en el tiempo de estas situaciones fija cada vez más la desvalorización en estas mujeres y por el otro adormece la voluntad de buscar salida a tanta violencia y denigración.

La desconfianza se generaliza.

¿Cómo lograr un ámbito favorable para que se pueda confiar en los espacios destinados a brindar el apoyo y contención que necesitan?

Así es como surge otro gran tema: el de la confianza, ¿Cómo generar confianza? ¿Actuamos

auténticamente? ¿Lo que escribimos con una mano lo reforzamos con la otra?

Se multiplican e instauran los pensamientos fatalistas, las creencias de que ellos no le importan a nadie, que se lucra con su marginalidad. Muchas veces surge el comentario de que mientras algunos trabajan con el objetivo de encontrar las salidas para su situación de calle, se llenan los bolsillos, se aprovechan de su situación y pasan a ser utilizados y no verdaderamente contemplados.

Y puede haber algo de ello, y sobre eso hay que trabajar, es una de los primeros puntos a abordar:

implementar acciones que refuercen la confianza, acciones basadas en la autenticidad, acciones basadas en el amor y en la diversidad de capacidades de los que quieran aportar en este sentido y sobre todo para que no se prolonguen en el tiempo situaciones que se repiten una y otra vez.

Hay otro caso que grafica esto de la repetición de escenas dolorosas sin resolución, que quedan inconclusas en esa multiplicación.

Se trata de una mujer joven de 21 años, que estaba embarazada y con amenaza de aborto,

pidiendo un refugio dada su delicada condición La que dijo que hacía alrededor de 3 años

aproximadamente que se encontraba en situación de calle y que tenía dos hijos (de distintos padres) que fueron dados a dos familias diferentes para el cuidado (intervención del Instituto del Menor mediante), debido a la inestabilidad emocional y psíquica de la madre, también a la falta de recursos materiales.

Luego dice que pierde el embarazo, culpando a las instituciones estatales que le tenían que brindar asistencia. ¿verdad o fabulación?

Cada versión debe ser tomada como “con pinzas”, y ver lo que hay detrás para poder ayudar.

Observo su fragilidad, la falta de cuidado hacia si misma, como compensar estas carencias? En Marzo dijo que había alquilado un apto. con su pareja , para poder traer a sus hijos………, no puede tomar contacto con la realidad, tiene audiencias y las pierde, pide para recuperar la tenencia y no tiene con que sostenerse a si misma……

Su nueva pareja era violenta y cuando tomaba la agredía. Es derivada para que pueda recibir apoyo y continentación, pero no logra hacerlo efectivo, tiene seguimientos en varios lados: INAU (organización estatal), y en tres refugios: Pablo VI (convenios con el Banco de Previsión Social), Ceprodih, Padre Hurtado.

Este caso nos refiere a otros de los puntos a tener en cuenta en el sistema de atención actual de la marginalidad, y es la superposición de recursos. Ninguno de los técnicos –de los diferentes lugares a los que concurre- sabe que es lo que el otro está planteando acerca de la misma persona y de la misma problemática. Pueden ser abordajes similares o diferentes, que se complementen o que sean contradictorios y lo que se entiende como ayuda pasa a ser nocivo, se pierde la operatividad, o lo que es peor lo que se pretende sea beneficioso pasa a ser iatrogénico.

En un principio no encontraba un espacio de continentación (en el momento que acusaba amenaza de aborto) debido a que en la reglamentación del INAU no se contemplaba la obligatoriedad de darle un refugio, las normas dicen que tiene que tener un hijo, no comprende a la vida que se está gestando y al final pasó a tener abordajes en varios lugares a la vez: otra paradoja que nos conduce a pensar en que es lo que está pasando con el entramado de las redes sociales.

Es necesario implementar y coordinar los distintos encuadres a fin de que estos sirvan para

potencializar los recursos ya sea materiales como humanos que se brindan en las distintas

instituciones. Sobre todo teniendo en cuenta que hay escasos refugios diurnos y nocturnos y que es común que la capacidad de los mismos esté excedida.

Lo mismo que sucede en otro ámbito de población marginal que es el de la cárcel del Comcar donde hay 1 médico asistido por una enfermera para 3.400 reclusos (hoy está capacidad de reclusos está duplicada) (Sr. Enrique Nabas).

Y lo mismo se repite en Salud Pública, superpoblación que no permite a las instituciones cumplir con sus verdaderas funciones, convirtiéndose en depósitos de problemas no contemplados y no resueltos.

Entonces la vida dentro de los refugios puede resultarle más pesada que en la calle misma. En ese sentido quienes vivieron algún tiempo en estos refugios plantean que la convivencia no es buena, que hay robos, maltrato, falta de higiene.

Tal vez habría uno solo que brinda un servicio adecuado el “San Vicente de Paul” y que apunta a mejorar la calidad de vida, pero solo se puede estar allí 15 días promedio, además su capacidad es pequeña –23 personas-. Sin embargo creo debe ser tenido de modelo, ya que en él está contemplada también la estética, siendo un lugar cálido y acogedor. En acciones que tuvimos que realizar en conjunto se percibió el cuidado y la ética en este trabajo tan difícil y desgastante que es el de sostener lugares que sirvan de paleativos a la situación de calle.

En estos refugios hay mujeres que se encuentran solas, que su familia por distintas situaciones ha expulsado a la calle y también hay mujeres con hijas/os pequeños que también la familia ha rechazado por no aceptar sus embarazos, o por no compartir la forma de vida las mismas han elegido. En estos casos se podría manejar alguna salida donde puedan sentirse contenidas y protegidas: hogares auto gestionados donde poder cocinarse, lavar ropa, haciéndose cargo de la economía y la organización del espacio, y donde puedan encontrar las capacidades perdidas, desarrollarlas y potencializarlas en pro de mejorar su calidad de vida. Una pequeña comunidad modelo sustituta de la familia que en algunos casos no se tuvo y de los inadecuados modelos adoptados en consecuencia.

Si bien existe un lugar llamado Casa Abierta, con ciertas de estas características contempladas:

posibilidad de cocinar, lavar, realizar algún curso, orientación psicológica, el horario y la capacidad es limitado (5 hs. por la tarde de lunes a viernes)

En el caso de las mujeres solas, que no hace mucho tiempo que están en situación de calle, y que poseen educación y preparación para trabajar se vio la necesidad de trabajar preventivamente antes de que surjan cuadros depresivos, facilitándole recursos para llevar adelante actividades que las ayudasen a salir.

En la población que se acerca se pueden dar distintos niveles de atención dependiendo del análisis de algunos los indicadores:

· cantidad de tiempo que llevan en esas condiciones

· disposición a recomponer vínculos que puedan ser positivos para ellos

· disposición de aceptar la propia capacidad de respuesta

· estado de conservación de conductas sociales adecuadas.

Algunos comentarios que hablan de su ser y de su sentir

“Se piensan que porque somos de la calle nos tienen que tratar a lo milico, nos tienen que tratar mal”, “bastante tenemos que vivir así …..nos tendrían que tener más paciencia”.…….”No porque estemos en la calle somos tontos y no nos damos cuenta cuando nos mienten, o utilizan” “No estamos así porque queremos” “no puede ser que nos roben los mismos de la calle” “algunos nos dicen que vayamos a trabajar, pero no nos dan trabajo, así como estamos desconfían de nosotros”….

Estos comentarios son parte de su queja, y en ello hay mucho de ida y vuelta.

Por un lado pensamos lo mismo: que vayan a trabajar, que busquen sus oportunidades de salida, etc. etc. y al hacernos la pregunta: ¿Le daría trabajo? ¿Lo traería a mi casa, por ejemplo a pintar?

Sinceramente buscaríamos miles de garantías y no sabemos si aún así lo llegasemos a emplear. Muchos de ellos han entrado y salido varias veces de la cárcel también. ¿Estamos preparados para asumir el riesgo?. Son realidades que tienen un peso muy importante, en las que tenemos que pensar para poder resolver y no volver a excluir una y otra vez.

Las heridas son tan profundas, de años de tristeza en los tiempos pasados y de dureza en el

presente Luego de la etapa donde se vivencian las primeras carencias y donde no se encuentra la forma de satisfacerlas deviene el acostumbramiento.

Se quiere mejorar, se demanda bienestar en una actitud pasiva: “que me den” hay un olvido y adormecimiento de la capacidad de hacer (propia de cada ser).

La capacidad de respuesta se aleja y se adormece cada vez más.

Entonces lo que encuentran para hacer es pedir, manguear y mendigar.

El hombre de la calle también miente: defensa y manipulación para obtener sus beneficios, sus recursos.

.

Esta realidad de marras no es nueva, pero si entendemos que somos responsables de ella en tanto marginamos y excluímos a diario sin darnos cuenta, estaremos innovando y siendo más auténticos en el sentido de buscar salidas con otro punto de partida:

Esto es, en un mano a mano ó “mano con mano” como dice el emblema del Plan de Emergencia y no en la actitud omnipotente de ser los salvadores ni la de sentirnos “mejores” o “superiores”.

En el ser excluído estamos nosotros, en sus frustraciones, en sus desconfianzas, en sus miedos, en sus carencias, la diferencia es que nosotros podemos darnos cuenta de que también podemos hacer, que podemos arreglarnos para obtener lo que necesitamos, que podemos confiar en nuestras fuerzas.

El excluido ha perdido su voluntad, en un lento camino de des-sensibilización, y de alienación muy sutil y muy perverso.

Si bien hay programas que apuntan a revalorizar a estas personas, no alcanzan ya que se ha llegado a extremos en el deterioro y en la pérdida de los valores que se necesitan de muchas manos y muchas capacidades para reconstruir y consolidar los logros en este sentido.

También entran a tallar otros intereses, competencias “incompetentes”: no aportan al objetivo llevándose a cabo acciones disociadas en lugar de integradas en una interrelación fluida y clara a la vez.

Es así, que nos podemos encontrar con comentarios del tipo: “a mi no me tenés nada que decir, yo hace más de 10 años que trabajo con gente de la calle”, figurando que por dicho motivo estas personas fueran de su patrimonio y que todo ya estuviera dicho y sabido. Es uniendo y no dividiendo los recursos, es formando equipos de trabajos que estén en un intercambio constante en una búsqueda responsable y humilde de salidas dignas, reales y sostenibles en el tiempo que se necesite, el ámbito para trabajar.

Tal vez ya esté todo inventado, tal vez no haya nada nuevo bajo el sol. Pero no nos olvidemos de lo principal y esto es: no nos olvidemos del deseo: lo que mueve nuestras acciones nuestra pulsión de vida. Por el deseo de una vida digna donde nos integremos todos

Licenciada en Psicología Graciela Iraola Garateguy

:

“Decidme hermanos

en que caminos

en que tiempos

podré llamaros sin angustias

y sin miedos

de pie en la tarde

ya limpio y sin recelos

ya hermanos siempre

sin ligazón de miedos”

de Liber Falco.

Apresentado no XII Encuentro Latinoamericano del Enfoque Centrado em la Persona

17 a 23 de abril de 2005 – Balneário Sólis – Uruguai