GRUPOS DE REFLEXION Y DE INTERCAMBIO DE EXPERIENCIAS SOBRE INTERVENCIÓN-INVESTIGACION EN EL XI ENCUENTRO LATINOAMERICANO DEL ECP

Laura Rentería Anzaldúa

Octubre de 2002

laurarenteria02@yahoo.com.mx

Académica de la Maestría en Desarrollo Humano

Departamento de Salud, Psicología y Comunidad

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, México

INTERVENCIÓN DESDE EL ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA

Como equipo de profesores de la Academia de Fundamentación Teórica e Investigación de la Maestría en Desarrollo Humano del ITESO, México; Xochitl Cortés, Antonio Aguilera y Laura Rentería, nos interesamos en compartir nuestras concepciones y experiencias en el área de intervención-investigación, y enriquecerlas mediante un diálogo con colegas del enfoque centrado en al persona, de los diferentes países que participan en este encuentro.

Con este fin, proponemos iniciar con las siguientes preguntas generadoras:

1. ¿Cómo entiendo y distingo yo la intervención desde el enfoque centrado en la persona? ¿Qué tiene que estar presente indispensablemente, qué puede variar?

2. ¿Cómo entrenar y acompañar a otros para llevar a cabo un proyecto de intervención de esta naturaleza? ¿Qué procesos tienen que estar presentes para llevar a cabo un acompañamiento centrado en: el alumno, en la tarea y en la población simultáneamente?

3. Compartamos nuestras experiencias. ¿Qué hemos aprendido de ellas?

En el lenguaje común, el término intervención tiene distintos significados y fines: manipulación, control, represión, invasión, adaptación, transformación (Rentería, 1999).

La psicología ha surgido históricamente como proyecto de intervención, como una disciplina que intenta generar cambios: individuales y grupales. Así, la acepción más amplia del término tiende a denominar intervención a todo acto psicológico productor de cambios individuales y/ó grupales.

El uso del término se ha generalizado en las ciencias sociales. La intervención de los científicos sociales suele operar en ámbitos microsociales y se ha propuesto alcanzar diversos objetivos, por ejemplo: que grupos poblacionales, organizaciones, instituciones ó comunidades participen, se conscienticen y se organicen de forma autogestiva.

También existe un mayor consenso en concebir este proceso como una estrategia teórica, metodológica e instrumental, de carácter colectivo e interdisciplinario, para incidir en un campo social específico, ya sean grupos, organizaciones, instituciones, procesos y movimientos sociales con miras a su conocimiento y transformación.

No obstante las obvias limitaciones que presenta la investigación de la intervención (en el uso de la teoría, la concepción del método y en los controles epistemológicos), puede ser una alternativa que permita a los científicos no solamente conocer los problemas y procesos de la población, sino involucrarse en ellos para promoverlos e intervenir desde la perspectiva de una necesaria transformación humana: social, económica y política. Esto es, que la investigación de la intervención se concibe como medio ó instrumento que posibilita el acceso, la inserción y actuación en los procesos sociales de la población con la que se pretende investigar y operar, de tal modo que el conocimiento de estos procesos se plantea como objetivo fundamental (Ibid).

En Desarrollo Humano, la intervención comunitaria incluye no sólo la promoción de la salud psicológica (Cueli, José y col., 1975), sino todos aquellos programas que contribuyan al desarrollo integral de la persona y de las comunidades en que participan (Gómez del Campo, 1992).

DESDE EL ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA, consideramos que la intervención es una relación significativa, un encuentro interpersonal, adonde al menos una persona se vive afectivamente involucrada, totalmente presente y dispuesta a llevar a cabo intencionadamente una secuencia de acciones facilitadoras de crecimiento. Nos sustentamos en la hipótesis de que cierto tipo de relación basada en la confianza básica en el potencial humano, ofrece un espacio de crecimiento caracterizado por la presencia de actitudes de genuinidad, aceptación incondicional y comprensión empática percibidos por ambos participantes, al permitir la reorganización del concepto del sí mismo y la asimilación de las experiencias contradictorias, sin amenaza alguna.

Consideramos que en una intervención de esta naturaleza, el centro de atención es necesariamente la persona y no el problema, y conlleva un poder compartido y la coparticipación en la toma de decisiones. Se busca, sobretodo, promover una mayor integración e independencia de las personas, adonde no se trata de darles, hacerles algo, ó lograr que hagan algo, sino de liberarlas mediante la promoción activa de su autonomía. La meta consiste en que la persona llegue al suficiente conocimiento de sí mismo y del mundo, que le haga capaz de descubrir la plenitud de su propia vida.

Para esto, se considera indispensable que surja de las necesidades reales de la población y no desde el paradigma, los valores y los conocimientos del interventor; que se lleve a cabo un conocimiento democrático y un aprendizaje significativo mediante la facilitación de la experiencia y que se ajuste flexible y creativamente al proceso de encuentro inmediato.

El entrenamiento y acompañamiento de alumnos para llevar a cabo un proyecto de intervención, es en sí mismo una intervención. Tendrá, por lo tanto, que mantener las características antedichas hacia el alumno, de tal forma que las modele y facilite. Al mismo tiempo, se centrará en el alumno como persona (nivel existencial), en su tarea como producto (nivel cognoscitivo y de habilitación), y en la población (nivel actitudinal).

En la MDH, un proceso que hemos impulsado fuertemente es el acompañamiento del alumno interventor en su ser y estar con el otro. Desde antes de acercarse a una población, se le acompaña a hacer introspección sobre sus propios recursos, valores, intereses y estilos de ser profesional, hasta encontrar su sueño personal hacia un compromiso social, y localizar sus potencialidades por desarrollar para alcanzarlo.

Una vez que el alumno se encuentra con las personas de una población de su elección, se le acompaña muy de cerca en la elaboración, significación y asimilación que va haciendo de lo que le pasa internamente. De tal forma que éste pueda ampliar su autoconciencia y desde ahí, pueda reorientar su actividad hacia formas y sentidos más adecuados a las necesidades y encuentros inmediatos con la gente y más satisfactorios para él. Esto es que mediante un proceso de supervisión y acompañamiento comprensivo y aceptante, el alumno se retroalimenta, autoevalúa de manera autoformativa-contínua y se hace responsable y autónomo de su propio mejoramiento como profesional.

La evaluación externa por parte del maestro se basa exclusivamente en los trabajos e informes elaborados por el alumno como productos académicos que evidencían el aprendizaje cognoscitivo y de habilidades de éste. Estos productos consisten, a grandes rasgos, en: diseño del proyecto de intervención, diario y registros de campo, transcripciones de audiograbación de cada sesión de campo, informe final de la intervención, protocolo de tesis de investigación sobre la intervención, revisión bibliográfica sobre el tema, informe final de investigación, exposición de cada informe ante el grupo, etc.

Una vez que el alumno termina su trabajo de intervención, lo acompañamos a llevar a cabo un análisis evaluativo de su intervención, desde dos focos de interés (ver gráfica 1):

• La evolución de la población a lo largo de la intervención y en relación al objetivo propuesto

• El desarrollo del facilitador, como tal, en función al objetivo de intervención.

Encontrando como elemento de intersección en cada enfoque a: las acciones facilitadoras del crecimiento, desempeñadas durante la intervención correspondiente, las cuales corresponden al objeto de estudio de la Maestría de Desarrollo Humano del ITESO; lo que viene a retroalimentar y cerrar el círculo de dicho plan de estudios.

Desde estos focos de análisis, surgen preguntas de investigación personalizadas en relación al objetivo de intervención de cada alumno, de tal forma que en todos los casos se evalúa la eficacia del proyecto aplicado, esto es, se revisa el logro ó no de los objetivos propuestos.

ANALISIS EVALUATIVO DE LA INTERVENCIÓN CON DOS FOCOS INTERRELACIONADOS POR LAS

ACCIONES FACILITADORAS DEL CRECIMIENTO

Desarrollo del facilitador

Acciones facilitadoras de crecimiento Evolución de la población
Consideramos que nuestra experiencia está en proceso de desarrollo, trabajamos en constante revisión de los programas y los métodos, y buscamos, a través de la introspección, el estudio y el diálogo con colegas y con los alumnos, ir encontrando caminos más eficaces y satisfactorios para todos.

INVESTIGACIÓN EN EL ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA

En un segundo espacio de reflexión, nos proponemos analizar nuestras concepciones y experiencias en relación a la investigación en el enfoque centrado en la persona, mediante las preguntas e ideas generadoras, que a continuación se mencionan:

¿Cómo enriquecer nuestro conocimiento humano para ajustarlo a la realidad siempre actual e inmediata?

¿Cuál es nuestro objeto de estudio? Si es la persona ¿qué es ser persona?

¿Cómo retroalimentar nuestras prácticas y encuentros desde el ECP?

¿Cómo reconocer nuevas actitudes y acciones facilitadoras del crecimiento?

La investigación científica es una indagación, una búsqueda de nuevo conocimiento y de mayor comprensión (Rentería 1999). Esto constituye un proceso probablemente inacabable. Se inicia por la identificación de un problema ó tema a estudiar, algo que tiene que ser investigable. Se acaba una etapa, un proyecto concreto, con la respuesta ó solución a dicho problema de inicio. Con esto se alcanza un nuevo nivel de comprensión, el cual integra presupuestos, conocimientos y resultados encontrados. Más la investigación sobre el tema no se habrá agotado. La curiosidad científica tenderá a seguir indagando hasta alcanzar un nuevo peldaño de conocimiento.

En la investigación tradicional, la medida de variables aisladas, la correlación de las dimensiones y su diferencia significativa es su criterio básico para señalar relaciones, hablar de dependencia, formular generalizaciones empíricas e interpretaciones causales derivadas de los promedios de grupos anónimos, creer en causas y efectos, (en un enfoque simplista que busca una secuencia lineal y mecanicista). Asimismo, la investigación empírica, positivista, sustenta su estudio en conductas ó elementos observables, medibles y cuantificables predefinidos. Y parte, finalmente de hipótesis ó supuestos preestablecidos. Este tipo de estudio ha sido muy valioso, para asuntos controlables, predefinibles y causales, ó para preguntas que requieren de respuestas cuantificables. En el estudio psicológico, se le considera insuficiente, artificial y, en ocasiones, errado (Martínez, 1989). Esto debido a que el paradigma hipotético-deductivo, pregunta y atiende sobre el insumo (estímulo) y el producto (acción); mientras que la respuesta humana interna (significación, respuesta emocional y voluntad), quedan ignoradas. Esta filosofía presupone una realidad estática y estandarizada.

Por mucho tiempo, confiamos en el método científico positivista, como único criterio de verdad, adoptando un compromiso previo con la ciencia y el método. Mientras que ahora buscamos ser fieles al fenómeno humano mediante métodos que nos permitan estudiarlo sin destruirlo.

La elección del método más adecuado para estudiar las realidades humanas, plantea un cuestionamiento y una necesidad de precisar, antes que nada, el objeto a analizar.

Ya sea que el objeto de estudio del enfoque centrado en la persona sea la persona misma, el crecimiento humano, las acciones facilitadoras, el encuentro interpersonal, la autoconciencia, ó demás procesos internos, es indispensable tomar en cuenta que toda realidad humana es un flujo, un proceso, que está en continuo cambio; por lo tanto, no se le puede comprender como algo estático. Cualquier conclusión científica al respecto, tendrá que estar en continuo movimiento y tendrá sentido solamente en relación a un momento y un contexto concretos.

Otro factor a tomar en cuenta, es la forma particular que tiene el fenómeno de manifestarse a sí mismo. Su particularidad nos exige caminos más creativos, flexibles y especiales para conocerlo. Adonde no es pertinente importar un método que puede ser muy válido y confiable para conocer realidades distintas a la nuestra.

Nuestro estudio, por naturaleza, deberá centrarse en lo que la vida humana nos presenta como más auténtico, real, empírico y concreto, es decir, en la vida misma tal como es sentida, experimentada, vivida y percibida, en lo que Husserl llama “el mundo vivido”, con su propio significado. Toda elaboración conceptual tendrá que partir de este mundo interno de la persona y volver a él, si queremos conservar una ciencia auténticamente humana.

La investigación cualitativa se considera pertinente puesto que se concibe como un proceso de recolección de datos, cuya finalidad es llevar a cabo un análisis cualitativo de procesos, relaciones y significados. En este caso, el significado relacional y funcional es la medida. Y el resultado es la comprensión de la conducta humana, sus motivos y mediaciones, mediante una descripción del proceso de la misma. En este paradigma interpretativo-inductivo, se pregunta y enfoca la atención en el proceso y el contexto (en la psiqué). Esta filosofía presupone una realidad dinámica y personal.

Este corte investigativo engloba una serie de métodos de análisis surgidos desde diferentes áreas de estudio, que en última instancia sólo marcan diferencias leves, pues en el fondo, están sustentados por una postura lógico filosófica y actitudinal común. Así, los métodos: etnográfico, cualitativo, observacional participativo, estudio de casos, interaccionista simbólico, fenomenológico, constructivista e interpretativo; todos implican una perspectiva y características similares. Puesto que los métodos y pasos del proceso de investigación cualitativa permiten un alto grado de flexibilidad y han de adaptarse a las necesidades particulares de cada investigación (Paradise, 1985), se considera deseable llevar a cabo una mezcla de ellos, conforme se vaya requiriendo, en virtud de la creatividad y de la intuición. Inclusive, es válido introducir elementos cuantificables con el fin de completar ó confirmar alguna suposición en el ínter.

En el enfoque centrado en la persona, estudiamos realidades ya antedichas, cuya naturaleza y estructura sólo pueden ser captadas desde el marco de referencia interno de la persona que las vive y experiencía; y cuya esencia, de hecho, depende del modo en que son percibidas por ella. Nos enfocamos a conocer la verdad interna y personal, única, irrepetible y propia de cada ser humano; aquello que se presenta y revela a la propia conciencia, con su concreción y lógica particulares: un fluir permanente de sensopercepciones, impulsos, sentimientos, interpretaciones, significados, creencias, ideas, conocimientos, recuerdos, motivos, intenciones, sueños, decisiones, acciones, interacciones, necesidades sentidas, conflictos,….

La empatía de la que habla Rogers , es un modo de conocimiento exquisito para comprender experiencias que no se han vivido, aproximándose a esa realidad mediante una vivencia vicaria. Esta comprensión empática implica una participación activa del facilitador, una atención sensible a los sentimientos de la persona y un ver el universo de la persona a través de sus propios lentes. Con el fin de captar aún los más sutiles significados de lo que el otro experimenta y expresa, es necesario atender no sólo a su expresión verbal, sino a todo el lenguaje no verbal de sus gestos, ademanes, posturas, tonos de voz, silencios, etc. (Rentería 1999).

Esto nos lleva a confiar en la fenomenología, que busca comprender las fuerzas que mueven a los seres humanos como tales y a desconfiar del positivismo que busca causas generalizables, rígidas y predecibles.

En la fenomenología, la comprensión de la acción humana y sus motivos es algo similar a la comprensión de una historia que se narra. Una historia no llega a tener pleno sentido si no se responde a un mínimo de preguntas dimensionales: quién, qué, cuándo, dónde, cómo, con qué medios, a qué nivel psicológico actuó, a quién fue dirigido el acto y por qué. Este estudio ofrece una comprensión muy superior a una simple y lineal explicación causal.

En la Maestría de Desarrollo Humano del ITESO, México, con el fin de revisar las experiencias de intervención de los alumnos, promovemos especialmente métodos cualitativos y fenomenológicos, como la Observación Participante, la cual consiste en una investigación que involucra la interacción social entre el investigador y los informantes en su propio medio. Y es considerada por Woods (1987), como el método más importante de la etnografía. En este caso, se pretende adentrarse de lleno a la experiencia de los otros, esto es, adoptar un papel real dentro del grupo y contribuir a sus intereses ó función, al mismo tiempo que se experimenta personalmente, lo que se observa.

Pacheco (1986) enuncia, a grandes rasgos, las características generales del método en la investigación participativa (u observación participante) como sigue:

• La realidad se asume como una totalidad.

• Los procesos y estructuras se captan en su dimensión histórica.

• Se integran teoría y práctica.

• La investigación y la acción constituyen un sólo proceso.

• La relación se da entre persona-persona.

• Se integra lo cuantitativo y lo cualitativo.

• Los conocimientos generados colectivamente, se orientan hacia la transformación (ó crecimiento).

• Se utiliza la observación sensible-racional como una unidad.

Agrega que la investigación participativa está compuesta por dos fases básicas de trabajo:

1. La fase de aproximación, la cual, mediante la observación, permite tener un primer encuentro ó conocimiento previo de la situación;

2. La fase de inserción, la cual implica ya una relación más cercana, personal y de una mayor interacción y compromiso con la comunidad;

Es importante estar abierto y dispuesto a adoptar la misma actitud empática interna y externa del grupo, para que incluso las propias reacciones, intenciones y motivaciones, sean información a ser analizada. Al mismo tiempo, se ha de combinar esta profunda implicación personal, con un cierto distanciamiento de observador e investigador.

Por otro lado, consideramos que la relación entre la investigación cualitativa y los procesos grupales, confirma su compatibilidad fundamental. Los conceptos básicos de estas metodologías se complementan (Rentería, 1999). Los grupos son un foco de estudio importante cuando se pretende analizar la intervención en una población. Diversas características reflejan la naturaleza de estos: una consciencia colectiva, relación del espacio, adopción de normas, valores, tradiciones; involucramiento intenso del más violento al más íntimo y un conglomerado de experiencias y cualidades individuales.

Los métodos cualitativos son particularmente atinados para estudiar un grupo social específico. Weber (1947, en Gilgun, 1992), propuso el método cualitativo para comprender los significados, interpretaciones y experiencias subjetivas de miembros de un grupo social como es la familia. Eichler (1988, en ibid), comentó sobre la versatilidad de estos métodos como para examinar la diversidad de las formas y experiencias familiares. Hay una concordancia entre grupos sociales primarios en su construcción de significados y los fundamentos de la investigación cualitativa, los cuales se enfocan en capturar los significados. En este método, no se intenta contar un número de grupos que muestren determinadas características, sino comprender cómo algunos de éstos hacen conciencia dentro de los significados de su experiencia.

Los métodos cualitativos facilitan estudios holísticos e integradores. Esto significa que observan interacciones, dinámicas, contextos, en lugar de variables que aíslan fragmentos particulares de una experiencia como una actitud ó una conducta concreta. Los métodos cualitativos nos dan ventanas de los procesos a través de los cuales se pueden observar patrones de interacción y negociaciones de continuación de roles y relaciones en los grupos.

Un reto para los investigadores cualitativos es enfrentar a la frontera relativamente cerrada y altamente protegida de las experiencias de un grupo de crecimiento (Rentería, 1999). La investigación cualitativa, en comparación con métodos más remotos de colección de datos, permite la construcción de las relaciones de los participantes, la cual, gradualmente, puede desarrollar confianza y rapport, y a cambio, resultar en una accesibilidad creciente de los significados “detrás de bambalinas” del grupo. Ofreciendo entrar al mundo vital de los participantes, en lugar de imponer la formalidad de un experimento, los investigadores cualitativos están en una buena posición para accesar a los significados privados del grupo.

No está por demás observar que van a haber esferas y confidencialidades que permanecerán inaccesibles (Gilgun, 1992). Es importante reconocer las limitaciones de acceso, pues este reconocimiento provee de la conciencia de cómo las fronteras en los grupos son definidas y mantenidas. Estas limitaciones se hacen aparentes cuando los participantes evitan ciertos tópicos sensitivos ó piden que las grabadoras se apaguen para revelar algún aspecto inaccesible. En lugar de ver estas instancias como barreras, los investigadores pueden usarlas como datos interesantes por sí mismos. A pesar de que los investigadores tienen obligaciones éticas de respetar la petición de los participantes de no incluir ciertas aseveraciones como datos, estos acontecimientos pueden proveerle información de estos límites cerrados y de las normas de aceptación social. Aún más, la intimidad cara a cara de la entrevista ó sesión de campo, permite al investigador observar estos procesos de primera mano, ganando la oportunidad de comprender los límites privado-público tan bien como los procesos por los cuales estos límites son mantenidos.

Además de que algunos aspectos son escondidos deliberadamente, otros lo son por su aparente obviedad. La rutina, aspectos repetitivos de los roles y relaciones, pueden ser una parte tan obvia de la realidad, que no se consideren importantes. La investigación cualitativa sobre grupos, es una forma de tomar lo habitual (escondido), y a través del análisis comparativo, ponerlo en una nueva luz y hacerlo más comprensible. Esto toma un nuevo significado cuando es comparado y contrastado con los hábitos de otros.

Los grupos presentan un reto a la unidad del análisis. La mayoría de la investigación, toma al individuo como una unidad y enfoca las características, actitudes y conductas individuales. En contraste, la investigación cualitativa puede acomodar perspectivas múltiples y puede trabajar mejor con relaciones grupales como unidades y permitir aproximaciones más cercanas y enriquecidas de dichas experiencias. Independientemente del foco de interés, el enfoque del cuadro compuesto del grupo, con todas sus corroboraciones y contradicciones inherentes, es una fortaleza de la investigación cualitativa (Rentería, 1999).

Es importante identificar y separar los asuntos personales del investigador, de los asuntos de investigación. Su experiencia propia en grupos, también juega un rol en la recolección y análisis de los datos. El reto al elaborar las inducciones de constructos, es perseverar en los significados de los participantes del grupo, mientras monitorean los propios.

Otros aspectos éticos de la investigación cualitativa a tomar en cuenta se refiere a que las sesiones de campo de una investigación sobre la dinámica en grupo de crecimiento, a menudo incluyen comentarios sobre la vida de otras personas externas al grupo (el esposo, hijos, vecinos, suegra,..); ó asuntos personales que impliquen límites de intimidad; lo cual compromete al investigador a insistir que en cualquier momento del estudio se puede quitar material que resulte incómodo ó comprometedor para el participante (Rentería, 1999).

Estas aperturas imprevistas pueden resultar también del inherente poder desbalanceado entre investigador y participante, lo cual puede resultar en que algún participante se sienta obligado a responder a preguntas que en otras condiciones no contestarían. Para otros, una atmósfera de grupo puede conducirlos a abrir más de lo deseable. Esto puede estar fuera del control del investigador. Sin embargo, una actitud respetuosa sobre la privacidad de los miembros del grupo, es una guía ética muy útil. Esto involucra estar revisando los niveles de comodidad de los participantes del grupo.

Proyectos Universitarios de Intervención-investigación

Estos programas son desarrollados con la participación fundamental de estudiantes, el carácter técnico científico del compromiso y la temporalidad a la que está sujeto éste.

La función de servicio que pueden cumplir los estudiantes, con todo el perfil social que representan, tiene sus límites muy precisos, tanto como sus posibilidades (Hernández, 1990). Primero, universitario significa privilegiado urbano, segundo, estudiante tiene el carácter, por un lado, de un proceso formativo inacabado, y por otro, de un proceso temporal muy próximo a terminar. En su favor, es importante. destacar que el estudiante es un individuo en general, con una natural disposición al servicio, alejada de cualquier carácter comercial y con vivos deseos de corroborar en la práctica el dominio de los conocimientos teóricos e instrumentales de su profesión. De cualquier manera, queda clara la exigencia de preparación y acompañamiento que requieren los estudiantes en su proceso de acercamiento a la comunidad para asegurar que el servicio sea pertinente a la demanda.

Los períodos con los que trabaja la universidad son distintos de los ciclos que siguen los procesos sociales, por lo que resulta obligada una cierta adecuación mutua. De parte de la universidad es importante superar el período según el cual es posible que responda el estudiante. En general no basta el tiempo de un curso. Más bien habría que pensar en ciclos más largos que puedan sostener los profesores, de acuerdo a proyectos de mediano plazo, en que se integren la docencia ó la investigación con el servicio (ibid).

La acción social y de servicio de la universidad resulta en una vocación específica y diferenciable de otras acciones sociales, culturales y políticas. Sin embargo, esta circunstancia no exime de cumplir con rigor las estrategias mínimas de cualquier intervención social intencionada, por lo que está obligada a producir una cierta metodología de su papel como coactora en los procesos de transformación.

Esta construcción metodológica tendrá que desarrollar el reconocimiento sistemático de su propia práctica -en sus múltiples dimensiones- integradas en un conjunto homogéneo: el servicio a la comunidad de parte de profesores y alumnos; la producción de conocimiento científico y tecnológico adecuado al carácter de los procesos de cambio, y el proceso educativo que forme a los futuros profesionistas con intención y capacidad de transformación social, además de formar promotores sociales profesionales (Rentería, 1999).

Nos interesa, en este encuentro latino, compartir e iniciar una revisión y reflexión de nuestros conocimientos y experiencias, con el fin de profundizar y crecer juntos como tales promotores sociales.

Apresentado no XI ENCONTRO LATINO-AMERICANO DA ACP – Socorro – Brasil – Out/2002