LOS ESCUCHANTES- Espacio de Escucha Abierto y Gratuito

Lic. Viviana Rey

La intención del presente trabajo, es relatar la creación y el funcionamiento del Espacio de Escuchantes en Casabierta.

Casabierta es una casa, que compartimos un grupo de profesionales (counselors, psiquiatras, docentes, psicólogos, médicos, musicoterapeutas, terapeutas corporales, pintores y músicos) donde desplegamos nuestra tarea, desde la filosofía de vida que nos ofrece el Acercamiento Centrado en la Persona. Dentro de la casa, teníamos un espacio llamado Leche y Miel, donde nos encontrábamos para estar juntos y compartir nuestras experiencias. En este espacio, a fines del año 1999, tomamos contacto con el libro PLANTAO PSICOLÓGICO, NOVOS HORIZONTES de Miguel Mahfoud y colaboradores, que trata de un modo de atención psicológica que “…que se completa en si mismo, realizado en una o mas entrevistas sin duración predeterminada, cuyo objetivo es recibir a cualquier persona en el momento exacto de su necesidad”…. Algunos de nosotros nos quedamos muy interesados por esta experiencia, que propone ofrecer un espacio donde personas se disponen a escuchar a otras, en un clima de libertad y respeto, atendiendo a la demanda emocional presente.

Nos comenzamos a reunir, para traducir y leer el material y poder empaparnos así de la experiencia llevada a cabo en distintas instituciones de Brasil.(escuelas, hospitales, etc). De esta manera, comenzamos a darle forma a lo que nosotros queríamos y esperábamos. En esta primera etapa, Raquel Wrona fue un referente importante, ya que se dispuso a acompañarnos a través del correo electrónico, intercambiando experiencias, compartiendo bibliografía y apoyándonos con su entusiasmo, a la distancia y también con su presencia activa en el Encuentro Latinoamericano que se realizó en Argentina en Octubre de 2000. El desafío era, basados en la experiencia de Brasil, armar un espacio con nuestro propio estilo, teniendo en cuenta las necesidades de nuestra población y nuestros recursos y posibilidades. Queríamos también hacer un aporte a nuestra comunidad, ya que la situación social era y sigue siendo muy difícil y muchas personas no podían ser asistidas por falta de recursos. Unido a , deseábamos profundamente poder ofrecer un modo de atención, que no tuviera que ver con el modelo dominante que nuestra cultura propone como válido, dejando afuera a los que por diferentes razones, no solo económicas, no pueden entrar en el circuito de “la salud”. Decidimos tomar la oportunidad que estar en Casabierta nos ofrece; ese iba a ser el espacio de atención; pensamos que la gente del barrio podía beneficiarse con este servicio, que ya tímidamente comenzamos a nombrar en español como Los Escuchantes.

En una primera etapa, pensamos el espacio en términos de guardia de escucha psicológica, pero necesitábamos encontrarle un nombre que tuviera que ver con nuestra cultura, ya que la palabra plantao, si bien puede traducirse, no tiene una significación cotidiana en nuestro lenguaje. Entonces decidimos llamarnos LOS ESCUCHANTES, poniendo el énfasis en lo que consideramos es lo que mejor define lo que queríamos ofrecer: el estar ahí, presentes para escuchar. Creímos también importante contar con una instancia de reunión de grupo para compartir la experiencia, explorar la teoría y un espacio de supervisión a cargo de Claudio Rud. También nos parecía fundamental que el espacio de grupo, fuera en el mismo horario en que nos disponíamos a atender, como una especie de apoyo a las personas que estuvieran escuchando. La importancia de este espacio, fue confirmada en la practica; mientras alguno de nosotros estaba escuchando a alguien, el resto del grupo continuaba reunido leyendo material, supervisando o simplemente estando allí. Este territorio, abrió una riqueza importante en el desarrollo de los Escuchantes. Para utilizar una imagen que pueda describir provisoriamente lo que allí sucede, es como mantener el fuego encendido, estamos alrededor del fuego y misteriosamente, algo de lo que sucede en el espacio del encuentro con la persona que está siendo escuchada, se juega en nuestro fogón. Tiene que ver con lo que nombramos como resonancias, y con el estar implicados en un universo total, pero este tema lo desplegaremos más adelante, tal vez en otro trabajo, ya que requiere de una profundidad y extensión que exceden este relato.

Antes de comenzar la convocatoria, trabajamos mucho con nosotros como equipo, ya que a cada uno le pasaban diferentes cosas con respecto a la propuesta. Desde comprender la escucha única y explorarla, hasta cuestionarnos acerca de la gratuidad de los encuentros. Trabajamos los diferentes miedos que nos producía la situación de estar frente a otro, tal vez por única vez, sobre las responsabilidades del escuchante, sobre abrir la casa a gente que pasa, sobre la utilidad de la tarea…. Trabajamos, además de compartiendo y leyendo teoría, con técnicas psicodramaticas que nos fueron permitiendo abrir el espacio internamente. Y también pasamos nosotros por la experiencia de ser escuchados con esa atención que queríamos ofrecer. A medida que íbamos transitando esto, se fue conformando un equipo sólido y comprometido para comenzar la tarea.

La forma primera que tomó, fue la de un espacio gratuito, para aquellas personas que sintieran que por alguna razón, el ser escuchado por otros podía serle de utilidad. Con la posibilidad de acceder al encuentro hasta tres veces en un semestre, sin solicitar turno previamente. Pusimos un horario de atención (viernes de 16 a 18 hs) y armamos carteles para repartir en el barrio. También informamos boca a boca, a colegas y conocidos. Armamos un sistema provisorio de registro que consistía en dos planillas, una con algunos datos que el consultante quisiera dejar, y otra para que nos deje sus impresiones acerca del servicio. Ambas para ser llenadas voluntariamente.

Pensamos que algunas de las personas que vinieran al servicio, tal vez requerirían una atención psicoterapéutica, por lo que nos pareció adecuado tener a mano un listado de instituciones que atendieran en forma gratuita, para poder hacer derivaciones no vinculantes. Esta fue una de las cosas que más rápidamente la experiencia nos transformó. La primera vez que tuvimos que efectivamente derivar, nos resultó imposible enviar a la persona a un servicio donde iba a ser atendida después de una lista de espera enorme y por un desconocido. Nos parecía poco comprometido de nuestra parte, así que decidimos convocar a profesionales que tuvieran disponibilidad para atender dentro de un honorario muy reducido, a personas que necesitaran psicoterapia. Así que cambiamos un listado impersonal, por un grupo de personas disponibles para recibir a personas de bajos recursos. Pronto tuvimos un grupito de profesionales dispuestos a ofrecer sus servicios, y así conformamos nuestra red.

Abrimos las puertas de Los Escuchantes, el 5 de Enero de 2001.Teníamos el temor de no dar abasto con la cantidad de gente, así que fuimos publicitando lentamente, empezando por los negocios del barrio. La primera experiencia, la primera persona que requirió del espacio, vino por otro lado, derivada por un colega de la casa, porque estaba pasando una situación de mucha angustia. Después de ser atendida, dos veces, por distintos profesionales, nos hizo llegar su registro, donde incluía este texto:

Mirad los Gansos!

La próxima temporada, cuando veas los gansos emigrar dirigiéndose hacia un lugar más cálido para pasar el invierno, fíjate que vuelan en forma de V.

Tal vez te interese saber el por qué los hacen en esa forma. Lo hacen porque al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de el. Volando en V, la bandada de gansos, aumenta por lo menos un 71% más su poder de vuelo, en comparación con un pájaro que vuela solo.

Las persona que comparten una dirección común y tiene sentido de la comunidad, pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente, porque apoyándonos mutuamente, los logros son mejores.

Cada vez que un ganso sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente vuelve a la formación, para beneficiarse del compañero que va adelante.

Si nos unimos y nos mantenemos junto a aquellos que van en nuestra misma dirección, el esfuerzo será menor. Será más sencillo y más placentero alcanzar las metas.

Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los lugares de atrás y otro ganso toma su lugar.

Los hombres obtenemos mejores resultados si nos apoyamos en los momentos duros, si nos respetamos mutuamente en todo momento, compartiendo los problemas y los trabajos más difíciles.

Los gansos que van detrás, graznan para alentar a los que van adelante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento a tiempo, ayuda, da fuerza, motiva, produce el mejor de los beneficios.

Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos salen de la formación y lo siguen para apoyarlo y protegerlo. Si nos mantenemos uno al lado del otro, apoyándonos y acompañándonos, si hacemos realidad el espíritu de equipo, si pese a las diferencias podemos conformar un grupo humano para afrontar todo tipo de situaciones, si entendemos el verdadero valor de la amistad, si somos conscientes del sentimiento de compartir, la vida será más simple y el vuelo de los años más placentero.

Para Marcela, Graciela y los Escuchantes: creo que este texto refleja claramente lo que sentí entre ustedes. Gracias! Bea. 2 . 2. 01

Fue un buen comienzo, intenso y estimulante. A medida que fue pasando el tiempo, algo comenzó a pasar, que hizo que nos cuestionáramos la naturaleza del espacio; cada vez más, las personas que llegaban a Los Escuchantes, venían con la idea de acceder a una psicoterapia, y buscaban que sea con honorarios reducidos. Parecía como que nos habíamos transformado en un pequeño centro de derivaciones, y esa no era la idea original. ¿Por qué sucedía esto? Esta es una pregunta muy importante para nosotros que aún hoy estamos tratando de profundizar. Revisamos el modo en que trsmitimos la propuesta y el modo en el que es recibida. Fuimos descubriendo como, para nosotros era difícil y a veces lo sigue siendo, enviar claramente el mensaje de para qué y para quienes es este espacio, ya que estamos inmersos en un medio psicoterapéutico, en la casa se trabaja con psicoterapia, y todos los del equipo somos terapeutas. Entonces, pareciera que se hace difícil realmente, salir de ese modelo, y aunque mentalmente lo veamos claro, todavía no tiene una integridad en nosotros.

¿Cómo disponernos a una escucha, en donde ese encuentro único es el foco, si como terapeutas, tenemos incorporado (más o menos sutilmente) el proceso terapéutico?; vemos a nuestros pacientes una vez por semana; conocemos algo de su historia personal y de la historia del vínculo que construimos juntos, y aunque según el enfoque terapéutico, se priorice el presente, esta situación de fondo está, impregna la tarea. ( cuando el cliente busca un psicólogo, él quiere ser atendido en sus necesidades, poco importa sobre que nombre esa atención se realice. En la practica, lo que acontece con frecuencia es que, por nombrar su práctica, el psicólogo deja de hacer su parte, postergando su intervención y empobreciendo el encuentro rico en posibilidades. Referencia en el Libro del Plantao). La tarea de ir abriéndonos a la experiencia nueva, despejando preconceptos y actitudes aprendidas, para poder afinar la escucha en el presente y replantear el modo en que es trasmitida la convocatoria al espacio, son actualmente los ejes de la tarea del equipo.

Algunos de nosotros, consideramos que esta tarea nos daba la oportunidad de investigar acerca de la escucha única, y de un modalidad de psicoterapia posible a través de un encuentro único. Este no era un interés de todo el equipo, lo que nos llevó a varias charlas acerca de por qué y para qué. Básicamente la inquietud sigue siendo ahondar en las siguientes cuestiones

1) Qué pasa con la persona que requiere la escucha, que busca y de que manera se siente ayudado

2) Qué pasa con el terapeuta ( y sus estructuras aprendidas de abordaje)

3) Qué sucede en ese encuentro

Lo que queríamos explorar, más allá de que sea con forma de investigación, es qué pasa con un encuentro único, donde no se considera la posibilidad de un vínculo terapéutico desplegado en tiempo y ritmo, que cuestiones se movilizan en nosotros y con que palabras podemos comenzar a nombrar esta experiencia. Un poco siguiendo los lineamientos con los que Rogers describe la necesidad de teorizar “…una de mis convicciones más profundas concierne a la razón de ser de la investigación científica y de la explicación teórica. Creo que una y otra tienen por fin la organización coherente de experiencias personales significativas. Desde este punto de vista, la investigación no me parece una actividad esotérica, y mucho menos un medio de adquirir prestigio. Es por el contrario, un esfuerzo constante y disciplinado tendiente a ordenar los fenómenos de la experiencia vivida y conferirles un sentido…”; “…la razón principal de que en el campo de la psicoterapia se desarrolle la investigación con fines teóricos de una manera sistemática, es el sentimiento intolerable de que la experiencia acumulada durante las horas de práctica terapéutica puedan perderse, quedando sólo un conglomerado de hechos más o menos aislados…”. Teniendo siempre como eje que la experiencia guíe la producción teórica, y no al revés. Nos parecía que este modo de disponernos, abre enormemente el campo que se configura en las relaciones llamadas de ayuda.

Para poder realizar esta investigación, era importante poder tener los registros de los encuentros. Como no hubo acuerdo en tanto, decidimos no hacerlo, y aquellos que estábamos interesados, ir registrando la propia experiencia, buscando material teórico acerca del tema y compartiendo con el equipo las inquietudes que fueran surgiendo

El encuentro único, nos lleva a cuestionarnos acerca de las expectativas que como Escuchantes tenemos de nuestra tarea, qué esperamos que pase, qué control necesitamos tener sobre lo que le pasa al otro; las posibilidades de transformación y el poder en el encuentro entre personas. También, a medida que fuimos experimentando el espacio de los escuchantes se fue enriqueciendo nuestra tarea en el consultorio, ya que para nosotros, que abordamos la psicoterapia desde el suceso terapéutico, dentro del proceso, nos hizo ver con más nitidez este aspecto. La realidad siempre es única y nueva, cada vez que nos encontramos con otro, tenemos la posibilidad de abrirnos a la novedad de esa experiencia, que va más allá de los datos y el conocimiento que tengamos acerca del otro. Es como si la experiencia de los Escuchantes nos permitiera afinarnos para los encuentros con nuestros consultantes, afinando la escucha, la percepción y la entrega.

Otro punto que nos cuestionamos fue la gratuidad del encuentro. ¿Cómo ofrecer un espacio gratuito sin olvidar que siempre hay un intercambio posible, sin instalarnos en un juego de poder sobre el otro? ¿Existen momentos de intercambio donde el dar y el recibir son la misma cosa y adquieren una dimensión en donde el ego deja de tener un papel protagónico? Creemos que sí, la experiencia nos lo va confirmando, cuando podemos hacer lugar en nuestro ser, y estar ahí, plenamente, dando y recibiendo al mismo tiempo. Siendo la experiencia del encuentro, habitando las actitudes a las que nos convoca el encuentro genuino.

Como verán, el espacio de los Escuchantes en Casabierta, es un espacio vivo, en permanente transformación, que nos llena de inquietudes y de entusiasmo. Vamos transformándolo desde la experiencia misma del estar allí, de la unidad que forman nuestras expectativas y la necesidad de quienes se acercan para ser escuchados. Tal vez, lo más claro y contundente que hemos aprendido en este tiempo tiene que ver con ESTAR, estar en ese espacio, dejándonos transformar por la experiencia, acompañándonos en los cambios y transitando las diferencias.

Para finalizar nuestro trabajo, queremos compartir con ustedes la descripción que hace Michael Ende, en su novela Momo, acerca de cómo la protagonista se dispones a escuchar, ya que creemos que es en ese tipo de escucha en la que confiamos, en nuestra tarea:

”…lo que la pequeña Momo sabia hacer como nadie era escuchar. Eso no es nada especial, dirá quizás algún lector, cualquiera sabe escuchar. Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única. Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían de repente ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y simpatía. Mientras tanto, miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él (…) y si alguien creía que su vida estaba completamente perdida, y que él mismo no era más que uno entre millones y que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo eso a la pequeña Momo, y le resultaba claro de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres, y que por eso era importante a su manera para el mundo. ¡Asi sabía escuchar Momo!”.

Los Escuchantes

Buenos Aires, Septiembre de 2002

Clor. Graciela Gamallo

Lic. Diego Cossavella

Clor. Fernando Vazquez

Clor. María José Gonzalez Cerezo

Dr. Claudio Rud

Clor. Alicia Cabchian

Clor. Silvina Sánchez Díaz

Clor. Ricardo Grinszpun

Lic. Viviana Rey

Palpa 2493 (1428) Tel. 4783.0598

Buenos Aires

Argentina

http://www.casabierta.com.ar

Bibliografía consultada

Miguel Mahfoud y colaboradores -Plantao Psicológico: Novos Horizontes

Carl Rogers – Terapia, personalidad y relaciones interpersonales

Carl Rogers – Psicoterápia y Consulta Psicológica

Marcia Tassinari – Tesis de Maestrado

Mauro M Amatuzzi – Qué es oir?

Claudio Rud – El poder de la Psicoterapia y el poder en Psicoterapia

Claudio Rud – Empatia

Michael Ende – Momo

Acompañamos este trabajo con los registros que tenemos de algunos de los encuentros, las hojas de registro

y el material con el que fuimos dándolo a conocer.

Primer Encuentro con una persona que se acercó al espacio de Los Escuchantes

Casabierta – 5/01/01

Escuchante: Graciela Gamallo

Yo estaba excitada, con ganas de escuchar, de compartir y ver qué iba pasando en este espacio que inauguraba.

Comencé a sentirme bien, entera, soltando y dejando que B. me llevara por los distintos caminos que recorría para contar y contarme lo que hasta hoy había sido su vida. Me hablaba de su coraje y yo me conecté con el mío, el que necesitaba para tal o cual intervención, dado que no podía desprenderme de la sensación de que no podía reservarme nada.

Cuando nos sumergimos en aguas más profundas como el miedo, frustraciones, desorientación, falta de sentido, comencé a sentirme como en falta, había algo que yo tenía que trasmitir y no lo había hecho. Ella habló del conocimiento de este espacio por intermedio de Matías. Yo al comienzo de la entrevista no hablé claramente de este servicio. Cuando preguntó si podía volver el viernes, mi sensación fue que la iba a decepcionar, como que se iba a preguntar: y todo lo que te hablé, para qué?. En lugar de esto, su respuesta fue de aceptación, me trasmitió su agradecimiento y su deseo de volver.

Yo fui atravesando distintos momentos a lo largo de la entrevista: excitación, serenidad, integridad, coraje, y el darme cuenta que es más fácil vivenciar esto del “suceso” que explicarlo; sé que para que no aparezcan interferencias, esto debe quedar claro, transparente, pero no supe en qué momento hacerlo.

Su respuesta me animó, me dejó la sensación de tarea bien hecha, pero no obstante, algo tengo que ajustar, que rever, tal vez el poder tener más confianza en lo importante que puede ser este espacio.

Entre los dos un río

Escuchante: Diego Cossavella

“Un encuentro, el único, tan único como todos los encuentros (con MAYÚSCULAS)”

Desde el momento en que Leo dijo: “yo quiero tener un encuentro con él”, y me señaló con su largo dedo índice, sentí la magia incandescente de un fósforo que enciende, en un destello, toda la cajita.

Me señaló…no dijo mi nombre, no dijo Diego…y ante la duda de Marce, Leo reforzó: Con él.

Empezamos con ansiedad, con alegría…y con ansiedad.

Sin saber donde sentarnos, la charla empezó de pié hasta que nos sentó, sin dudarlo, en las sillitas de mimbre que Vivi tiene en su consultorio.

El habló, yo lo escuché. Luego hablé y él me escuchó. Pero en un momento, sin saber cuándo ni cómo, nadie habló y nadie escuchó…una presencia se hizo entre nosotros…un río; sobre el que flotaban manos en movimiento (como barquitos de papel); sonrisas amplias (de esas que te invitan con un abrazo y un “café con leche”) ojos grandes y brillosos (de pupilas dilatadas), y hasta una tabla de surf (en la que no se sabe surfear). Un río por el que viajaban ondas, vibraciones, gentes, viajes y lámparas de papel. Un río en el que nadaban las palabras, las miradas, los corazones agitados, y las almas tranquilas…alegres. Un río cuyo cauce y contenido era AMOR.

El encuentro fue eso, fue AMOR…amor y algo más. No sé que más; pero hubo algo más. Algo que no se puede decir con palabras, algo que no se puede mostrar con un gesto, pero sí es algo que se puede transmitir…pero ahí.

Yo sé que saben de que estoy hablando, y se que saben que no existen palabras para nombrarlo.

Porque eso que tuvo lugar ahí, fue esa magia incandescente que sólo cabe en el pecho para después desparramarse por todo el cuerpo.

El encuentro superó al escuchante y al escuchado.

El encuentro fue más que lo que había ahí.

El encuentro fue más y nos superó

El encuentro nos encontró

Diego Cossavella

17-11-00

Segunda experiencia de Graciela Gamallo

Enero 2001

Gustavo fue la segunda persona que se acercó al espacio de los escuchantes.

El encuentro sucedió a pesar de ir tomando distintas formas, digo sucedió a pesar de, porque me sentí muy conectada con él, entendía lo que me iba pidiendo, su demanda era constante, a tal punto que por momentos yo sentía “tengo que librar una batalla”.

Por un lado tratar de ser lo más fiel posible al marco del espacio de escuchantes y por otro, casi como que “la vida de Gustavo estaba en mis manos”.

Me generó confusión, conflicto, muchos interrogantes y también la posibilidad de abrir límites.

El darme cuenta que en nombre de mantener puro el encuadre, me privaba de integridad y al mismo tiempo el poder decidir libremente. Todo esto fue supervisado con el equipo (hoy considero este momento tan importante como el que se mantiene con el consultante, a veces como si se tratara del mismo momento)

A partir de poder verme y sentirme como persona entera, más allá de los límites del encuadre, que hasta podrían en algunos casos, llegar a ser perjudiciales.

Creo que el de los escuchantes es un espacio de transformación, y como tal, sin perder el horizonte, se podrá ir haciendo camino al andar.

Mi primera experiencia en los Escuchantes

Escuchante: Viviana Rey

B.

Luminoso dolor

Atrapado en la belleza

Oscuro dolor

Abismo

Cuerpo que llora

Tocame quereme

Sentime

Si no, no me toco, no me siento, no me quiero

Espejos rotos…

Fue una experiencia particular, porque yo ya sabía más o menos que pasaba. Era su segundo encuentro en los escuchantes y habíamos conversado un poco en la supervisión.

En el encuentro me sentí muy cómoda, es una mujer muy agradable, muy expresiva y sobre todo muy atenta a que la persona que está con ella se sienta bien. Muy pendiente de eso, a tal punto que esa actitud le daba cierta rigidez. A medida que fue pasando el encuentro, fue tomando una postura corporal más relajada, totalmente sentada en su silla y no en el borde, hablando más en contacto. Una de las dificultades de B. es que padece de artritis reumatoidea.

Yo me sentí rara, por momentos no podía dejar de pensar en términos terapéuticos, lo que también a mi me daba cierta rigidez; ese mapa se me hacía presente, y me obturaba el escuchar. Esta dificultad, se encontraba con la demanda de B., su necesidad de comenzar una terapia…A medida que fue transcurriendo el encuentro, mi rigidez también se relajó y pude tomar contacto con su dolor, atrapado en la belleza de agradar y controlar.

Es difícil soltar ese lugar de tratar de arreglar algo…y estar simplemente allí…

Hubo momentos donde podía estar escuchando plenamente, más ingenuamente, sin un ordenador, simplemente mirándola, escuchándola y compartiendo con ella mis impresiones.

Cuando pude compartir desde ese lugar, fue liberador para ella y para mi.

Actualmente, B. está realizando un proceso terapéutico.

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Si necesita hablar con alguien…

…si está sólo o angustiado (o ambos)

…si necesita compartir lo que le pasa…

en CASABIERTA lo escuchamos.

Psicólogos, psiquiatras, counselors, con ganas de ayudar…

Horario de Atención: viernes de 16 a 18 hs.

Dentro de este horario no es necesario solicitar turno.

Informes: 4783.0598

Casabierta: Palpa 2493 Timbre 1

Los Escuchantes en Casabierta

Espacio de Escucha Abierto a la Comunidad

Somos un equipo de personas, disponibles para cuando creas que ser escuchado con atención y respeto puede ayudarte.

Modalidad de Funcionamiento:

Las personas que requieran este espacio, tienen que acercarse a Casabierta, los días viernes, en el horario de 16 a 18 hs., sin solicitar turno previamente. Serán atendidos por un escuchante de nuestro equipo.

El encuentro es gratuito y puede ser solicitado hasta tres veces, en el transcurso de un semestre.

Equipo de Escuchantes:

Dr. Claudio Rud Clor. Graciela Gamallo

Lic. Diego Cossavella Clor. María José González Cerezo

Clor. Silvina Sanchez Díaz Clor. Alicia Cabchian

Clor. Fernando Vazquez

Clor. Ricardo Grinszpun Lic. Viviana Rey

Casabierta: Palpa 2493 – Escuchantes: Timbre n° 1

Apresentado no XI ENCONTRO LATINO-AMERICANO DA ACP – Socorro – Brasil – Out/2002