Metáforas y complejidad

Claudio Rud

 

 

 

 

RECONOCIMIENTO

De las distintas acepciones que tiene el diccionario acerca de esta palabra elegí la siguiente: Gratitud que se siente por algún beneficio o favor concedido.

Quería asegurarme qué estoy diciendo cuando la seleccioné para este apartado. Por supuesto que los diccionarios sólo usan palabras y lo que realmente deseo es poder expresar mi gratitud a través no sólo de palabras, también de música, colores, y el pequeño ruidito que hacen mis vísceras cuando escribo este agradecimiento.

Reconozco en Casabierta y mis compañeros de búsqueda con quienes compartimos este camino desde hace muchos años, el marco institucional y “académico” que necesité para poder entregar este escrito. Luis, Vivi, Maria José, Mati, Matías, Eduardo L., Eduardo C., Diego, Ricardo, y todos mis consultantes.

Reconozco en mi familia el marco afectivo y tolerante que me permitió dedicarme horas y horas a realizar ésta síntesis. La Tana, Sebastián, Julián, Martín, Jazmín, Jeremías, Violeta.

Reconozco en Graciela, mi asistente, casi diría mi cocompiladora, el marco compañero, y aquel impulso, aquel entusiasmo, aquella presencia sin la cual, sin lugar a dudas, esto no hubiera podido ser compilado.

Reconozco en La Tana y los otros traductores el marco lingüístico, que me va a permitir dar a conocer algunas de mis ideas en el idioma ingles.

A todos ellos muchas gracias… me han dado los distintos marcos que por fin me hacen sentir: en casa y sin uniforme.

PROLOGO-EPILOGO

La palabra—el habla—es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensantes y los poetas son los vigilantes de esta morada”[1] .

No sé si ésto corresponde al prólogo o al epílogo, pero me veo en la necesidad de referirme al muro que ha separado en mi, lo científico de lo artístico.

De modo que voy a escribir casi el mismo texto, tanto al principio como al final de este trabajo. Será tal vez un homenaje a Nietzsche y su aproximación al mito del eterno retorno, tal vez sea un homenaje a Prometeo y su entrega al hombre, o tal vez sea, que la psicoterapia tenga algo de esa búsqueda rítmica, en la que los hombres nos empeñamos a diario, queriendo atravesar el mundo en el camino del encuentro con el fuego.

Lo que aquí está escrito es el fruto de mis experiencias como terapeuta del ACP y las ocurrencias que me fueron sucediendo a partir de la práctica. Las diversas caracterizaciones que hago de la psicoterapia a lo largo del artículo, no han pretendido en absoluto transformarse en una sistematización de esta praxis. Simplemente son intentos de definir de un modo diferente algunos atributos del ACP tratando de continuar en la línea del pensamiento de Rogers, buscando eludir cierta manera angelical, moral o ingenua con la que puede entenderse este modo de operar en psicoterapia.

A lo largo de muchos años de mi vida, se superpusieron de una manera conflictiva mi vocación por la medicina y por el arte (pintura, música, teatro, literatura.). Recuerdo el día en que nos reunimos en un bar a tomar un café, mi primo Edgardo, que es escritor, Alberto que era cineasta y yo, que acababa de bajar mi obra de teatro “Los camelos” que tuvo bastante éxito. Se habló de las actividades artísticas de ellos dos, pero cuando se refirieron a mí, la pregunta “maldita” fue: Y que tal ¿cómo va la carrera de médico? . Lo viví casi como un insulto, del mismo modo que en aquella reunión de compañeros del último año de Medicina, no me incluían en los planes acerca de la residencia hospitalaria que haríamos al concluir la carrera – ¿para qué vas a hacerla? , sí vos sos un loco, un poeta…

¿Cómo atravesar este abismo que separa mi cerebro izquierdo de mi cerebro derecho? En este punto, me ayudó la información médica: ¡existe el cuerpo calloso! Biológicamente estamos dotados de este puente, un campo silencioso, que hermana atributos, funciones y potencialidades. Si bien la cultura actual define al hemisferio izquierdo, el analítico, como el dominante, y la contracultura intenta revalorizar al otro hemisferio; mi propuesta es ocuparnos del entre, de ese puente que adquiere sentido cuando no intentamos afirmar algún predominio y en cambio nos sumergimos en la maravilla de lo que acontece. Como la verdadera obra de arte de la tragedia ática, que es dionisíaca en la misma medida que apolínea.

Encontré en el psicodrama la posibilidad de reunir ambas vocaciones, y si bien eso fue así, siempre me dije que si escribiera un libro acerca de la psicoterapia, debiera ser un libro de poemas, para reproducir el carácter multiforme que adquiere la práctica de este oficio. Mi sueño, es llegar a producir, gracias a los avances de la informática, un “texto” que permita leerlo, escucharlo, verlo, y hasta olerlo.

INTRODUCCIÓN PERSONAL Y PROPÓSITO

Un propósito en el presente trabajo es realizar una síntesis de algunos artículos que he escrito en los últimos años. Está dirigido a los participantes al 3er. Congreso Mundial de Psicoterapia a realizarse en Viena en Julio de 2002. En especial a aquellos que son mis colegas, que adhieren al modelo de trabajo propuesto inicialmente por Carl Rogers. Esto último debido a que, si bien, apunto a lo que es la psicoterapia en general, sus fundamentos, sus alcances y sus metas; en particular, intento algunas reconsideraciones teóricas a partir de mi praxis como terapeuta del ACP.

Me resulta muy extraño “leerme”, diría que por momentos me desconozco tanto con lo que me gusta, como con lo que me desagrada. Por cierto no fue poco el material que deseché, ya sea por considerarlo inapropiado o por reiterativo, sin embargo no dejo de asombrarme al encontrar coherencia y cohesión en lo que leo. Hay un hilo conceptual a partir de la noción de metáfora y su uso en la clínica, que se continúa en la poética, el poder en y de la psicoterapia, la revisión de la tendencia actualizante, las tres actitudes básicas y su estética, los nuevos paradigmas de la ciencia y la resonancia.

Repensando mi desarrollo en este oficio de psicoterapeuta rogeriano, y releyendo algunos de mis escritos, advierto que es en el primero de ellos, donde en ciernes, se sintetizan todas las afirmaciones que sostengo hoy día. ¡Vaya uno a saber con que me voy a encontrar mañana! .

Otro propósito, el propósito del alma, me pide encontrarme con mis hermanos lejanos, los de otro idioma, los de otros modos, los de otras formas. Compartir con ellos mis búsquedas, mis anhelos, mis miedos, mis esperanzas y poder hallar en esa hermandad lo que nos asemeja y lo que nos diferencia, y así nutrirnos de la maravilla de encontrarnos y celebrarlo.

Me gustaría ser leído, o mejor, deseo poder escribir este artículo, como producción que deviene música, o color, o imágen; intentaré escribirlo desde el “entre” entendido como un espacio que produce un efecto-dialogo y una inevitable mutua implicación.

“Una buena forma de leer, hoy en día, sería tratar un libro de la misma manera que se escucha un disco, se ve una película o un programa de televisión, o que se acoge una canción: cualquier tratamiento del libro que reclame para él un respeto, una atención especial, corresponde a otra época y condena definitivamente al libro. Los conceptos son exactamente como los sonidos, los colores o las imágenes: intensidades que nos convienen o no, que pasan o no pasan.”[2] Es el genuino encuentro al que se refiere Deleuze cuando cita la relación entre la abeja y la orquídea “nada que esté ni en una ni en otra, aunque puedan llegar a intercambiarse, a mezclarse, sino algo que está entre las dos, fuera de las dos, y que corre en otra dirección.”

LA CAIDA DEL ÚLTIMO MURO

Hecha entonces esta primera aclaración, con la que trato de salvar el carácter por momentos axiomático de lo que expondré en este artículo, intentaré abordar el espinoso, confuso y a veces oscuro tema del poder en y de la psicoterapia.

En los últimos tiempos hemos asistido, en diferentes ámbitos de la civilización, a la caída de muros que separan. Esto ha sucedido tanto en lo político, como en lo económico, en lo científico, en lo cultural, lo ideológico y aun en lo filosófico. Escribía en un artículo anterior “De Descartes en adelante estamos tratando de unir con guiones o congresos aquello que previamente fue separado por él y la cultura de su época. Tal vez sea hora de advertir que junto con la caída del muro de Berlín otros tantos muros han caído, incluyendo el que separa la res cogitans de la res extensa, los que separan realidades, los que separan al tiempo en pasado, presente y futuro, los que separan el pensamiento científico del vulgar o del religioso, los que separan los buenos de los malos, los sanos de los enfermos, los terapeutas de los pacientes. Tal vez sea también que se derrumba el muro de la identidad y de lo subjetivo de la psicología, que separa al yo del no yo”

Aquellos que hace mas de treinta años “militamos” en el ACP, hemos optado por derribar estos muros en nuestra práctica y en nuestras vidas, desde mucho antes que cayeran.

A pesar de la caída de esos muros, subsistía en nuestra civilización de una manera incuestionable el mito de la supremacía. El muro que separa a “los que toman” de “los que dejan” (la forma en que Daniel Quinn en su excelente libro “Ismael y la salvación de la tierra” define a la cultura de la especie humana diferenciándola del resto de las especies). El sujeto humano ha sido elevado a la categoría de elegido, el mito del origen otorga al hombre un lugar de preeminencia y de dominio. Él es el dominador del mundo, la creación concluye y culmina en él. Aquí podemos incluir el insólito reportaje del antropólogo a la medusa que nos relata el propio Daniel Quinn, en el, cual la medusa cuenta con orgullo, cómo en la historia del mundo y hasta ese pretérito momento todos eran pobres seres unicelulares “hasta que al final apareció la medusa”. El autor, en boca de Ismael, que es un gorila, se burla de la fatuidad del hombre diciendo “Finalmente apareció el hombre…”. Significa que ya no llegaría otra cosa, significa que la creación ha llegado a su fin… Todo el mundo en su cultura lo sabe. El pináculo fue alcanzado con el hombre. El hombre es el punto culminante de todo el drama cósmico de la creación. El hombre es la criatura para la que fue hecho todo el resto: este mundo, este sistema solar, esta galaxia, el universo mismo. Todos en su cultura saben que el mundo no fue creado para la medusa o el salmón o las iguanas o los gorilas. Fue creado para el hombre.

Este lugar de supremacía en el cual la modernidad coloca al hombre, nos ha llevado a la crisis del mundo actual y a la exacerbación del valor del progreso y de la posesión.

Pero llegó el 11 de septiembre de 2001. Fuimos testigos azorados y aterrados de un derrumbe que fue mas allá de las torres gemelas o el pentágono y que sumió a Occidente en el abismo de la inseguridad y en el riesgo de la desaparición.

Hace ya muchos años decía Carl Rogers, en uno de sus últimos artículos, “el mundo se encuentra en agonía,… agonía de parto”. Al leerlo algo nos golpea, tal vez lo contradictorio, tal vez la alusión a momentos tan cruciales en la vida de los hombres, o tal vez porque nos toca emocionalmente en la experiencia cotidiana que vivimos en estos tiempos… ¡ Estos tiempos!

En la actualidad en que vivimos momentos tan duros, tan decisivos, el hombre se enfrenta al último de los muros: el que lo separa del mundo. O bien advertimos que somos parte de ese mundo y no sus dueños, que somos parte de ese acontecer y no sus directores, que diferencia no significa superioridad, y en todo caso, que ésto no da derecho a unos sobre otros; o nos estamos condenando inevitablemente a la desaparición, mejor dicho, al suicidio de la especie, ya sea por vía de una conflagración mundial, o de un lento desangre que puede llevar años, pero que nos conduce inexorablemente a la muerte.

Dijo recientemente el presidente del Banco Mundial, James Wolfenshon: el 11 de septiembre tiene que hacer “evidente para todos” que “el tema de la inequidad entre los ricos y los pobres no es un tema que se pueda seguir esquivando”.”Quizás”, dijo, “nuestra generación pueda evitar el tema, pero nuestros hijos no podrán”. Por ser éste el “gran desafío” del futuro, Wolfenshon convocó a la prensa a comenzar a “tratar el asunto con el peso que merece”.

LA CUESTION DEL PODER

Sin duda aquello que se expresa como realidad posee lo que, en principio y provisoriamente, llamaría “gradiente de poder “. Es decir que cada suceso presenta diversos componentes con distintas manifestaciones de su poder. Por ejemplo, en la contemplación de un paisaje, se manifiesta mi poder de contemplación, el poder del paisaje y los distintos poderes de cada uno de sus componentes: el poder de la montaña, el poder del río, el poder del sol, el poder de los diversos vegetales y animales que pudieran poblar ese acontecer. El poder al que aludo, en términos generales, es la capacidad de manifestarse de cada uno de los elementos.

Ahora bien, cada elemento constitutivo de esa realidad ejerce esta capacidad, en lo que esto le sea posible, es decir utilizando las habilidades que le son propias. El hombre como especie, nace sin los recursos que poseen otras especies, pero en él surge el recurso de la racionalidad y la capacidad de simbolización, esto es lo que le permite al hombre afirmar su presencia, realizarse (hacerse real), manifestarse. Es entonces la producción cultural, la construcción de la civilización, el procedimiento por el cual realiza su autoconservación. Pero resulta que, en el ejercicio de ese poder, el hombre a través de la cultura crea mitos que le asignan un lugar dominante respecto de los otros ingredientes que constituyen su realidad. Y es a partir de ello que se instaura el abuso de poder. El abuso de poder lo entiendo como la acción de impedir u obstruir la manifestación de lo diferente.

Occidente está atravesado por ese mito bíblico, que nos ubica a la especie humana, reinando sobre la tierra y sobre las otras especies, “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Dotados del terrible poder de designar, de nombrar, de diagnosticar. “Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo”. Un poder que da lugar al juicio: culpable o inocente, bueno o malo, sano o enfermo. El que da lugar a los protectorados, a las guerras santas, a las luchas fratricidas, a los abusos en el nombre del bien, en el nombre del saber, en el nombre de la verdad, al ejercicio prepotente del poder. Un poder que los rogerianos intentamos abandonar en nuestra práctica profesional y en lo posible en la totalidad de nuestras vidas.

Por supuesto, que esta profunda transformación implica, inevitablemente, un tiempo de confusión, de pérdida transitoria del sentido de la existencia humana, una época en la cual, los valores imperantes también entran en cuestión. Es entonces, cuando aquellos que ven puesto en riesgo ciertos “beneficios” por el usufructo del poder de “saber” o de “tener”, tratan de enarbolar un modelo salvador. ¡ El modelo económico!.

No es mi intención, además porque no sabría cómo hacerlo, opinar acerca de dicho modelo en lo que hace a los aspectos técnicos o estrictamente económicos. Mi deseo es poder acercar y compartir con los lectores, algunas reflexiones acerca de las consecuencias en el plano de las relaciones interpersonales, que a mi entender produce este modelo.

En la Argentina estamos viviendo un sálvese quien pueda, y para salvarse se esgrimen distintos argumentos: La globalización, el pragmatismo, la desaparición del socialismo y del comunismo, la existencia del capitalismo como discurso único. Pero a pesar de todo, hay descontento y rebelión y variadas formas de solidaridad que aparecen todavía en forma incipiente.

En el plano científico, o más precisamente en el campo de la psicología, la demanda por parte de los consultantes, de mayor eficiencia en la terapia, ha acelerado la aparición de procedimientos técnicos psicoterapéuticos, la proliferación de propuestas alternativas, con el inevitable correlato de una búsqueda seria de opciones y también de prácticas tramposas y manipulativas. Además, gracias al descubrimiento de los neurotransmisores, tenemos una enorme proliferación de panaceas psicofarmacológicas que nos aseguran, en breve, una réplica mejorada del ¨mundo feliz¨ de Huxley.

Y entonces se nos habla de integración de recursos, de integración de modelos, como si se tratara de sumar en el mismo sentido que las acciones que se cotizan en La Bolsa, los beneficios de las empresas multinacionales, o los fondos de inversiones. No obstante el ¨progreso¨, subsiste el padecimiento humano: no hay remedios mágicos para el desamor, la soledad, el abuso de poder y la violencia.

El ejemplo que patentiza este ejercicio y su implicación con las falsas dicotomías, es el que cita Deleuze en otro fragmento de su libro, y en el que está contenida una síntesis del lugar desde donde propongo abordar nuestro oficio.

“Los dualismos no se basan en unidades, se basan en elecciones sucesivas: ¿eres blanco o negro, hombre o mujer, rico o pobre, etc.? ¿Coges la mitad derecha o la mitad izquierda? . Siempre hay una máquina binaria que preside la distribución de los papeles, y que hace que todas las respuestas deban pasar por preguntas prefabricadas, puesto que las preguntas ya están calculadas de antemano, en función de las posibles respuestas a tenor de las significaciones dominantes. Así es como se constituye un patrón, tal que todo lo que no pase por él, no puede materialmente ser oído… Uno está forzosamente atrapado, poseído, o más bien desposeído. Igual que el célebre truco de cartas llamado elección forzosa. Si queréis obligar a alguien a coger, por ejemplo, el rey de corazones, no tenéis mas que decirle ¿qué prefieres, los rojos o los negros? Si responde los rojos, retiráis los negros de la mesa; si responde negros también los retiráis. Luego no tenéis mas que continuar: ¿ que prefieres, los corazones o los rombos?, hasta llegar a: ¿Qué prefieres, el rey o la dama de corazones? Así es como procede la maquina binaria, aun cuando el entrevistador tiene buena voluntad. Y es que la máquina nos rebasa y sirve a otros fines.”

Pero hay alternativas, la de encontrar “multiplicidades que desborden las máquinas binarias y no se dejen dicotomizar”, “líneas de fuga, devenires, devenires sin futuro ni pasado, sin memoria, que resisten a la máquina binaria: devenir-mujer que no es ni hombre ni mujer, devenir-animal que no es ni animal ni hombre”.. Por lo que ante la pregunta:

¿Qué hacer frente a esta encrucijada a la que nos conduce el ejercicio omnímodo del poder?. La respuesta más oportuna, es a mi entender:

Nada… nada más que seguir transitando por este camino que hemos comenzado, creando redes, reforzando nuestra militancia, nuestra vocación por el poder que nos une a la tierra, a las otras especies y a nuestros hermanos de todos colores, de todos los credos, de todas las condiciones.

Porque ellos… somos nosotros.

La psicoterapia, desde este acercamiento, nos propone sumergirnos en el ámbito de la resonancia que es encontrar la línea de fuga que nos sitúa en el entre, eludiendo la propuesta de la cultura de occidente, que nos aprisiona en el dispositivo de su máquina binaria y del abuso de poder.

EL PODER EN Y DE LA PSICOTERAPIA

El poder de la psicoterapia se refiere en primer lugar, a la capacidad que tiene esta operación interhumana, en promover al menos en uno de sus miembros un mejoramiento en su funcionamiento mundano, en sus posibilidades y su conciencia de límites, tanto en el ámbito personal como en el interpersonal. El segundo aspecto, se refiere al gobierno de esa operación llamada psicoterapia. Quién lo detenta, cómo lo utiliza, y quién o quienes son sus beneficiarios. Creo que estas cuestiones podrían interesar a quienes practican o estudian la psicoterapia en cualquiera de sus versiones, como a quienes son “usuarios” de esta forma de abordaje a la “patología psíquica”.

La definición de lo que la psicoterapia es; sus aplicaciones, su metodología y alcances, es ya en sí misma el ejercicio del poder de la definición y/o del diagnóstico.

De tal modo podríamos decir que dependerá de los presupuestos con que se define una psicoterapia, aquello que esa psicoterapia pueda.

Habitualmente tiende a ubicarse a la psicoterapia dentro del campo del saber médico, (un procedimiento científico – técnico destinado al tratamiento de las enfermedades) y por tanto regida por la lógica medica, por aquello que Laing definió como: la metáfora médica. “En primer lugar, la conducta de esas personas era considerada como signo de un fenómeno patológico que se estaba efectuando en ella, y sólo secundariamente como signo de alguna otra cosa. En segundo lugar, esta metáfora médica condicionaba la conducta de todos aquellos que dicha metáfora comprendía, tanto a los médicos como a los pacientes. En tercer lugar, a través de esa metáfora, a la persona que era el paciente en este sistema, por estar aislada del sistema, ya no se la estimaba como si fuese persona y, concomitantemente, al médico le era difícil también comportarse como persona.”

Este modelo supone, en términos de poder, que hay un sujeto (paciente) que se ha salido del medio, (enfermedad) y que por lo tanto necesita “remedio”, (algún procedimiento farmacológico, físico, quirúrgico o verbal) , que, suministrado por alguien dotado del poder de administrarlo (terapeuta), puede llevarlo a la ”curación”. La mejor, sino la única, posibilidad del paciente es la de someterse y obedecer las indicaciones del que sabe.

En términos simples, esta forma de entender la psicoterapia significa que el poder de la curación está en manos del terapeuta, y lo que la psicoterapia puede es proporcionar el remedio, en contra de la enfermedad.

Lo que acontece en el mundo

es tan misterioso

que finjamos ser sus organizadores

Jean Cocteau

LOS ORGANIZADORES DEL MISTERIO

Para ser los organizadores del misterio, el hombre ha inventado extrañísimos códigos que pretenden “develarlo” y así dominarlo. En lo que hace al misterio de la vida y de la muerte ha creado ésta “lógica medica” y una consecuente lógica de la salud, y de la enfermedad. Se trata de diagnosticar el mal para luego destruirlo. Esta guerra santa se realiza con diversos procedimientos, desde los más brutales (la ablación quirúrgica) hasta los más sutiles (la intervención psicológica que destruye defensas). Todo procedimiento psicoterapéutico, pertenezca o no al orden médico, tiene implícitamente una cierta imagen del hombre y, en este sentido, una cierta imagen de lo que es la enfermedad en el hombre y, por cierto, lo que es la salud en el hombre. De ahí que se construyan procedimientos para llevar a alguien enfermo, de acuerdo a lo que para nosotros predefinimos como enfermedad, a su condición de sano, de acuerdo a lo que nosotros predefinimos como sanidad.

Muy bien, estos procedimientos entonces contienen inevitablemente una base filosófica y antropológica pero esencialmente una base ideológica, es decir, que detrás de un procedimiento terapéutico siempre hay una creencia de lo que es mejor para el otro; y el procedimiento implica intentar, generalmente de buena fe, hacer lo que uno cree que es mejor para el otro. Aún cuando uno diga: el procedimiento que intento es: no hacer lo que creo que es mejor para él, sino dejar que él elija lo que cree que es mejor para él, es también una creencia que eso es mejor para él, y apoyados en esa creencia es que hacemos lo que hacemos.

A propósito de esta guerra santa, querría aportar una observación proveniente de la clínica, sin con esto pretender ninguna consideración psicopatológica y mucho menos taxonómica de las así llamadas enfermedades mentales. En general observo, que quien asiste a la consulta ha sufrido, o sufre alguna forma de desamor. Ya sea bajo la forma del descuido, del desinterés, de la violencia, de la desvalorización, de la exigencia, del abuso del poder o autoridad. Sea esto en forma brutal y manifiestamente grosera o de modo más sutil o incisivo aunque no por ello menos hiriente.

Por esta razón, creo que hay un requerimiento implícito y frecuentemente explícito en la consulta por parte de nuestros consultantes, es el de ser respetuosa y sinceramente escuchados, que tal vez sea más importante que cuál es el contenido intelectual de nuestras respuestas o la eficiencia de los procedimientos técnicos.

Por lo tanto, no podría entender ninguna práctica asistencial que implicara alguna de esas formas de desamor, simplemente porque esta sería inevitablemente iatrogénica.

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE INTERNET

Tomando como “pretexto” una “historia de amor”, un cuento del cual soy autor y que fue realizado especialmente para este propósito, intento repensar ciertas categorías que articulan nuestra práctica de terapeutas, a punto de partida de mi propia experiencia personal. Arriba me referí a las formas del desamor, este cuento pretende avanzar sobre las formas del amor.

(cuento de amor y lujuria)

Se conocieron una madrugada, y una mañana, y una noche, cuando uno de ellos estaba casi desconectándose del sistema. El azar quiso que esta vez consiguiera, finalmente, comunicarse. Luego de pasear por algunas paginas www a las que recorrió como repitiendo una rutina automática, decidió ingresar a cualquier net-group sin demasiada esperanza de al menos un encuentro interesante.

Se leyeron por primera vez en un channel del Global Chat : “free sex and free freedom ”. Él entró atropellando, era su manera de vencer la timidez y dijo en mayúsculas: “ACABEN CON ESTA ESTUPIDEZ, MARICONAS”. Nadie pareció escucharlo, al menos la discusión acerca de la igualdad de sexos y transexos continuó como si su texto se perdiera irremediablemente en el espacio cibernético. Sin embargo, al cabo de diez líneas, Lola (este era el nick name o alias con que la conoció) le dió señales de haberlo recibido. Aunque la contraofensiva de ella no fue muy directa, él pudo leer entrelíneas su modo sutil pero al mismo tiempo firme “Algunos necesitan afirmar lo que son con seudónimos estridentes, porque sino…no es mucho lo que tienen para exhibir”. Era claro que era una referencia a él y a su alias: Macho.

No pasó mucho tiempo hasta que Macho y Lola, decidieron, por lo “personal” de su comunicación, pasar a un canal privado. Un fuerte aleteo en el pecho, parecido a aquella descarga que recibió de su CPU hacía algunos meses, estremeció a Macho. Estaba muy avanzada su noche para él y muy próxima la hora de entrar a su trabajo para ella, por lo que convinieron encontrarse al día siguiente en ese canal secreto al que bautizaron Venecia. Antes de shut down se realizaron la primera confesión: “mi nombre es Vincent”, escribió emocionado, “y el mío María”.

¿Será posible tanta ansiedad, tanta urgencia por hablar con ella? Este y algunos otros pensamientos del mismo tenor, le hicieron sospechar que le estaba sucediendo algo más que el habitual cosquilleo que le produce navegar por Internet . Y otra vez se encontraron recalando en el canal 543 del Global chat, ese riacho informático, colorido, misterioso, tan íntimo y romántico que hasta podía olerse el perfume de un paisaje en tonos pastel.

Y fueron mil y una formas, formatos, tipografías, en las que la pasión y la ternura se expresaron. Pudieron encontrar diseños nuevos para manifestarse desde los sentimientos más profundos hasta las tentaciones más perversas y anhelantes. Mas allá de las historias personales, encontraron un perfecto alojamiento en la eternidad de la red.

Es probable que algún editor de literatura erótica no habría dudado en publicar esos encendidos diálogos mantenidos por horas, en la certeza que al igual que sus protagonistas, los lectores llegarían al éxtasis del amor. Difícil entender la intensidad de estos orgasmos cibernéticos, lo era aun para sus protagonistas que no podían terminar de dar crédito a la maravillosa experiencia que estaban viviendo.

Repentinamente el silencio… ¿habría habido alguna caída del sistema?, infructuosamente el canal permanecía abierto por horas. Era inimaginable que ese amor hubiera finalizado, tal vez un problema en el satélite, en la fibra óptica, habría cambiado su módem y no sabría inicializarlo, imposible, él era a todas luces un experto.

¿Vincent, estás ahí?

¿ Por favor, mi amor respóndeme?

¡No dejemos caer nuestro amor, amor!

Preguntó a otros usuarios, nadie sabía más que su alias: Macho.

Imploró deambulando por e-mails, por webs, por searchers, pero siempre la misma respuesta. Era como si la nada vestida de red se lo hubiera devorado.

Finalmente Jaime con sus apenas dieciséis años, y un enorme pesar, decidió llevar a cabo el suicidio de María. No ingresaría más al global chat, al menos con el alias de Lola.

Nunca se enteraría de que a Augusta la encontraron muerta frente a su computadora con una sonrisa plácida y serena, apretando entre su pecho y el teclado, cientos de hojas impresas con diálogos entre él y María.

Sus amigas del Instituto Geriátrico Modelo jamás comprenderían que a pesar de sus sesenta y cuatro años, ella se murió de amor y de éxtasis. (Claudio Rud 1996)

En trazos muy gruesos, la modalidad de entender la psicoterapia que propongo es: intentar abordar tanto “la enfermedad” como la vida, como afirmación de un suceso profundamente humano, y los tratamientos: como una manera de estar, acompañando ese acontecer. Tal vez como lo hicieron, beneficiarios del amor, vincent y maría, o lola y macho, o augusta y jaime, más allá de la edad, mas allá del género, más allá del rol o más allá de la identidad.

PSICOTERAPIA INOFENSIVA Y SUBVERSIVA

La lógica que da soporte a esta forma de psicoterapia no se apoya en la visión mecanicista del enfoque científico tradicional, sino que lo hace en su riguroso carácter artesanal; se trata de una práctica inofensiva de las relaciones humanas. Esta psicoterapia se propone no ofender ni al paciente ni al terapeuta que la practique, en su condición de personas. A mi entender, el propósito de la psicoterapia no debiera reconocer ninguna finalidad más que asistir, estar rigurosamente presente en la tarea de ser un asistente al acontecimiento de la terapia, al encuentro interpersonal, facilitando, o al menos no interfiriendo, en el despliegue de ese suceso (lo cual no quita el deseo tanto del consultante como del terapeuta de que ese acontecimiento les resulte efectivo). Sin duda que ésto requiere más de una actitud que de una técnica, más de un compromiso experiencial que de un automatismo intelectual y debiéramos admitir que, para poder situarse en esa plenitud de presencia por parte del terapeuta hay un enorme camino que desandar: el camino de los prejuicios, las etiquetas y el furor curador, al que menos elegantemente llamaría pánico a no saber qué hacer o cómo estar. En este sentido la psicoterapia es inofensiva porque se propone estar como modo de hacer mas que hacer como modo de estar, es decir sin tomar la ofensiva con relación a su consultante.

En esta modalidad el poder en psicoterapia es compartido entre terapeuta y paciente, de tal modo que, entre ambos construyen y son partícipes del acontecer terapéutico que da lugar a la transformación, y esto sería el poder de la psicoterapia. Esto implica el derrumbe de ciertas jerarquías, y una puesta en cuestión del poder médico, por lo cual, sería mas adecuado definirnos como ayudantes,(participantes de la ayuda) o si se prefiere asistentes, y en este sentido nuestro aporte es más de ayudante que de ayudador. No habría entonces ayudador por un lado y ayudado por el otro, sino que, debiéramos aceptar que ambos somos ayudantes, socios en esta aventura, claro que con roles diferentes. En este sentido la psicoterapia que proponemos es subversiva, porque subvierte el orden jerárquico del que sabe: el terapeuta, y el que no sabe: el paciente. Si así fuera, (para nosotros profesionales de la ayuda) podríamos admitir la ayuda como algo que se instala en el suceso de una sesión o de una entrevista, sin pretender ser los autores o los protagonistas, sino más bien, ayudantes o beneficiarios.

DOS ACTITUDES BASICAS

Creo que en el mundo actual hay, sucintamente, dos actitudes humanas básicas:

La actitud colonizadora de la que somos víctimas y verdugos simultáneamente. (Para esto último propongo que repasemos algunas de nuestras actitudes con nuestros hijos, nuestros alumnos o nuestros pacientes). Esta actitud está caracterizada por el concepto de propiedad a partir del cual se diferencia lo mío de lo tuyo, ser poseedor de ser desposeído, el yo del no yo, etc. y fundamentalmente, responde a la necesidad de dominar lo que hay en el nombre del progreso, el crecimiento, el bienestar, y esto genera la idea de ser más grande, más rico, más poderoso; dando lugar, inevitablemente, al juicio permanente entre lo que es mejor y lo que es peor. De modo que, en un mundo donde “cuanto más, mejor” es natural que todo se juegue en el terreno de la posesión y el dominio. (Más adelante me refiero a la cuestión del progreso en lo que llamo “la metáfora del plano inclinado”). Esta actitud es explicativa, y remite a la modalidad de explicar lo existente desde una supuesta matematicidad del mundo y que en psicoterapia, se ocupa de la persona que consulta, para procurarle remedio, es decir respuesta. Estas respuestas son enunciados performativos, cuyo acto ilocutorio pudiera ser parafraseado de acuerdo a la siguiente fórmula performativa: “yo te ordeno que…”, “yo te aconsejo que…”, “yo te receto que…”, “yo te interpreto que”.

Por lo cual debieran ser formuladas por alguien considerado idóneo, y sin duda, sus respuestas prestarán utilidad a las preguntas. Esto supondría alguna forma de develamiento, de decodificación, de hermenéutica o de taxonomía, Así pareciera que, las respuestas son las que le prestan el sentido a la pregunta, por lo mismo que los terapeutas le prestan la cura a los pacientes. Lo que aquí intentamos plantear, es que esta mirada es irrelevante para la tarea de la psicoterapia,

La actitud contemplativa a la que veo más próxima al paradigma rogeriano, es la que alienta fundamentalmente un modo de estar en el mundo, más que conquistarlo, un modo de estar en lo que hay.

Esta actitud está caracterizada por la aceptación de lo que aparece, por el mero hecho de aparecer, y no pretende hacer nada en especial con ello más que habitarlo, y ser un participante más de ese acontecer . Esto implica un compromiso total, personal, y no necesariamente instrumental con lo que aparece.

Es una actitud comprensiva, y remite a la modalidad de describir el mundo desde una supuesta poeticidad del mundo, y en la psicoterapia se ocupa de la persona que consulta para facilitar su despliegue en dirección a la transformación. Sus respuestas se formulan como enunciados constativos, respuestas especulares que posibilitan el desarrollo de la cuestión de manera autónoma en torno a sí misma. A nuestro entender, la psicoterapia debiera ocuparse de aquello que no tiene remedio, porque remediar es volver a tornar idéntico, reencaminar a una identidad perdida. En cambio, describir, en el sentido antedicho, es una tarea especular que permite el desarrollo de la cuestión en el máximo de su posibilidad de ser.

Siguiendo a Martín Buber, existen dos palabras fundamentales que no son vocablos aislados, sino pares de vocablos YO-TU, YO-ELLO. Cada una de estas palabras remite a sendas formas de estar en contacto entre personas.

“ Entre el Yo y el Tú no se interpone ningún sistema de ideas, ningún esquema y ninguna imagen previa. Todo medio es un obstáculo. Sólo cuando todos los medios están abolidos, se produce el encuentro”[3] .

LAS DOS ACTITUDES BASICAS*

COLONIZADORA
CONTEMPLATIVA
TRANSFENOMENICO

(lo que hay está detrás de lo que aparece)

FENOMENICO

(lo que hay es lo que aparece)

BARRIO DEL PRECIO
BARRIO DEL APRECIO
HACER COMO MODO DE ESTAR
ESTAR COMO MODO DE HACER
CURACION COMO CAMBIO
SANACION COMO TRANSFORMACION
INSTRUMENTACION
FACILITACION
TECNICA
ACTITUD
DESCUBRIMIENTO
INVENCION
MATEMATICIDAD DEL MUNDO
POETICIDAD DEL MUNDO
INTEGRACION
INTEGRIDAD
YO-ELLO
YO-TU
PROCESO (el tiempo lineal)
ACONTECIMIENTO (lo eterno)
AYUDADOR (PRESTACION)
AYUDANTE (ASISTENCIA)
CERTEZA
MISTERIO
LA GENERALIDAD
LA SINGULARIDAD
REPRESENTACION
PRESENTACION
SEMILLA COMO FUTURO ARBOL
SEMILLA COMO PLENITUD DE SEMILLA
INTELIGIBILIDAD FUERA DEL FENOMENO
INTELIGIBILIDAD DENTRO DE FENOMENO
COLONIZACION
CONTEMPLACION
LA COMPARACION (MEDIDA)
LO INCOMPARABLE (DESMEDIDA)
*Aquí se incluyen algunos conceptos que son desarrollados mas adelante.

EL LENGUAJE METAFORICO o FIGURADO: LA PSICOTERAPIA METAFORICA

GENERALIDADES

En la convocatoria de un congreso realizado en Copenhague en 1980 aparecía la siguiente figura acompañando la invitación a esa actividad. Transcribo parte del artículo presentado en esa oportunidad, “la función de la metáfora en la psicoterapia”.

“Esta clásica figura de la Gestalt imprime, inevitablemente, su consistencia en nuestra ambigüedad perceptual. Queremos responder a esta invitación, entendiéndola como la representación misma de la convocatoria que nos proponen a diario nuestros pacientes.

“En la fundamentación que intenta dar a la metáfora la categoría de instrumento idóneo para su utilización en psicoterapia, nos ocurrió la necesidad de incursionar en algunos aspectos filosóficos. Ellos nos condujeron a un replanteo de la tarea de la psicoterapia en general, es decir, del ser de la psicoterapia o de lo que la psicoterapia es.

Existe una tradición en cuanto al tema de la metáfora que arranca en la contraposición de opiniones entre Platón y Aristóteles. Este último predicó acerca de la necesidad de una extrema sobriedad frente a la abundancia del lenguaje figurado en Platón; además trazó normas para el uso de la metáfora, pero ello se refería al lenguaje poético, -donde el buen uso de la metáfora es una muestra del genio-. En el lenguaje científico, en cambio, la metáfora debía suprimirse si quería evitarse la ambigüedad y la equivocidad. En dos pasajes muy significativos dice: “Si en la discusión dialéctica hay que evitar las metáforas, es obvio así mismo, que no hay que usar metáforas ni expresiones metafóricas en la definición” y que, “en todos los casos en que un problema resulta difícil de atacar, hay que suponer que necesita una definición o que a sido expresado multívocamente o en sentido metafórico”.

Hay una frase aristotélica que quizás defina en términos extremos, la posición de una vasta región de la historia del saber respecto de este tema (Aristóteles, Corpus 139b 34):”Todo lo que se dice mediante metáforas es oscuro”.

El lenguaje figurado es, entonces, el que no dice bien las cosas, el que es equívoco, el que no da cuenta de la verdad en su proposición.

Es ésta modalidad del lenguaje en su carácter ambiguo, oscuro, críptico y multisignificativo, la que pretendemos reivindicar. No sólo como instrumento idóneo en la función psicoterapéutica, sino como modo de presentación de lo real en nuestra tarea. El lenguaje figurado es el que permitirá dar cuenta de ese suceso, iluminando desde ahí la función del terapeuta y, a nuestro modo de ver, su utilidad en psicoterapia. “Todo discurso está poblado de metáforas, aunque la mayoría de ellas –y precisamente las más potentes- pasen desapercibidas tanto para quien las dice como para quien las oye. Es más, las metáforas no sólo pueblan los discursos sino que los organizan, estructurando su lógica interna a la par que sus contenidos.”[4]

Quisiera continuar con una afirmación de carácter metafórico: la realidad es en sí misma metafórica.

Esta afirmación podría entenderse en varios sentidos, y justamente por eso, afirmo que es metafórica. Dada la riqueza polisémica de la manifestación de lo real, habitualmente es accesible desde esa caracterización.

Por ejemplo, toda caricatura podría ser la representación fiel de un objeto, nada en su gramática lo impide: como es posible la lectura literal de una metáfora verbal. O se percibe su carácter metafórico o no, pero no existen garantías gramaticales para ello. La caricatura haría directamente lo que es propio de toda metáfora: “hacer ver una cosa en términos de otra”. Cuando una metáfora funciona, no sólo causa la extrañeza de lo imposible, o invita a hacer proyecciones entre las categorías implicadas, sino que, además proporciona una experiencia propia, una visión, una actitud afectiva, que se impone al significado literal.

ASPECTOS EPISTEMOLOGICOS

La teoría del conocimiento a la que suscribo es la fenomenológica, que nos dice que todo conocimiento supone un acto de conocer (noesis) y un objeto de ese acto (noema), de modo, que no existen objetos en sí, (profundos o superficiales), sino más bien, objetos de ese acto. Esto nos permite dejar de pensar en el conocimiento como algo instantáneo, imagen especular de una realidad independiente, representación fosilizada de un afuera estable; para pasar a pensar en términos de procesos activos de objetivación. Estos procesos son producto de la actividad de las comunidades humanas. Esta forma de ver las cosas, hace que sea natural, el hecho que distintas comunidades produzcan distintas objetivaciones.

Por ejemplo la luna es un objeto de conocimiento para el astrónomo, distinto que para un artista. De manera que no son la misma luna. Y no es necesario para el astrónomo integrar la visión del artista, porque su objeto está entero y su conocimiento es íntegro. Del mismo modo que, para el artista, poco importa la naturaleza química de los gases que integran la atmósfera de la luna.

No son a mi ver, menos verdaderas tanto una como otra visión, toda vez que la verdad ha dejado de ser en nuestros días, la pura adecuación de una proposición al estado del mundo.

Para la modernidad habría que encontrar formas de integración del conocimiento, en cambio para nosotros, se trata de encontrar la integridad del conocer, algo a lo que no le sobra ni le falta nada. Sin negar con esto, la posibilidad de un ensamble dinámico o transdiciplinario. En el ejercicio de nuestro oficio, buscamos atravesar las definiciones, las teorías, las herramientas, en el camino de habitar la integridad más que la integración.

Esta propuesta implica superar la pretensión de la ciencia tradicional de estudiar desde un sujeto “sin movimiento” a un sujeto “en movimiento”, siendo justamente, este movimiento multisignificacional (ambigüedad) uno de sus datos esenciales. Se trata de permitirle, entonces, a la ambigüedad que se revele como tal. Sujeto / objeto no son compartimentos estancos, sino que, podemos empezar a concebirlos como términos que dan cuenta de un proceso sin fin de objetivación /subjetivación, que producen entidades con una autonomía relativa pero altamente interdependientes.

La lectura epistemológica propuesta supone una estructura dialógica (metafórica) propia de su objeto, y un movimiento dialógico (metafórico o poetizante) en el acto de conocer. Pensamos que sólo cabe el hallazgo de una inteligibilidad del discurrir dentro de él. Ello implica la necesidad de dar con reglas para lo particular, desde lo particular y esto sería estrictamente lo universal. Bueno es aquí recordar aquella frase de Eugenio Trías: “La poesía es la verdadera ciencia exacta: esa ciencia de lo singular soñada desde Aristóteles “.

No voy a incursionar en el campo de la psicología, en tanto ésta se ha constituido en antecedente de la psicoterapia y pretende fundarla como tal. No deseamos abrir juicio en torno a la existencia real de objetos que precedan al fenómeno originario del suceso terapéutico, que pretenden sub-estar, es decir, que lo sustenten. Intentamos no ocuparnos de una realidad transfenoménica o metafísica a la que inevitablemente deberíamos aludir con alguna matriz hermenéutica o teoría develante de carácter sustancialista. Negando al fenómeno del aparecer su vigencia, precipitándonos a la caverna Platónica donde hay apareceres “verdaderos “ y otros que no lo son. Esto debido a la estructura teológica de la cultura occidental, que busca un dios más allá, para constituirlo en la explicación de lo que aparece. (En rigor debiera hablar de la ontoteología tal y como la describe Heidegger a lo largo de la última parte de su obra el Final de la filosofía y la tarea del pensar). Esta estructura encuentra una de sus acepciones más habituales en: El modelo científico mecanicista. Rogers es ese hombre, que salió victorioso de la lucha contra este dragón bicéfalo de la teología (una cabeza es la ciencia tradicional y la otra es lo religioso-moral), tal vez porque siempre utilizó el mismo recurso: un mirar alternativo.

Existe en nuestro medio una enorme profusión de teorías, que pretenden iluminar verdad y realidad, marcando una dualidad entre lo “aparente” y lo “real” o “verdadero”, en el sentido de suponer la existencia de una sustancia psíquica única que subyace o subestá a lo que aparece. Esta procura metafísica pretende desde Platón en adelante, una búsqueda que se podría caracterizar, como la ” cacería de la verdad”, suponiéndola escondida en algún lugar fuera del fenómeno del aparecer. La búsqueda de un “mas allá”, es la de algún alojamiento en el que poder ubicar y capturar la verdad. La modernidad ha sido muy profusa en producciones de sentido, que dividen lo “aparente” de lo “real” y en tal dirección, también en la psicoterapia se plantean jerarquías, y por eso suele caracterizarse como “superficial” a lo aparente y como “profundo” a lo real. Es en toda pretensión de “la verdad” o de “la realidad”, donde se funda el proceder metafísico que busca sin ver su propio mirar. A nuestro entender, esta desconsideración de lo que aparece es irreverente y condena a la experiencia cotidiana, vivida y padecida por nuestros consultantes, al campo de lo irrelevante, de lo meramente aparente y entonces lo real, está destinado al trono del terapeuta quien tiene “en sus manos” el saber y con esto, el poder.

Los paradigmas actuales, aun los de las ciencias duras, cuestionan la noción de verdad como adecuación de una proposición al estado del mundo. La verdad es entonces un constructo, por lo cual ninguna nos da garantía de ser incuestionable, así que si elegimos alguna, es mas bien, sobre una base esencialmente creencial, lo cual en rigor ha sido siempre así, sólo que no es tan fácil admitirlo y requiere justificarlo desde lo “científico”.

Desde la psicología tradicional, se parte del supuesto de la existencia de un soporte que es el sujeto humano, que va a asistir a un tratamiento, sea en su condición de paciente o de psicoterapeuta. Por de pronto, cuestiono la teoría sustancialista a propósito de ciertos entes, en este caso llamados subjetividades. Pero es necesario explicitar que en cambio se configura un ente peculiar que es la SITUACION (discurrir terapéutico.) Lo que llamamos “situación” tendría la característica del no centramiento, vale decir, que no podríamos hablar de un eje convergente respecto del cual gira el acontecimiento. Cuando nosotros hablamos de psicoterapia, estamos pensando en un ente descentrado. Se trata de un cierto tipo de descripción que no es interpretativa al estilo tradicional, ni reductiva, ya que ambas, van en pos de una esencia. En tal caso hablamos de fenomenología, en tanto logos de un fenómeno, y no como ejercicio de una “reducción fenomenológica”.

¿ Es posible hablar de una descripción que no sea mas que el movimiento en procura de ese movimiento?

“Cómo producir y pensar fragmentos que tengan entre sí relaciones de diferencia en tanto que tal, que tengan como relaciones entre sí a su propia diferencia, sin referencias a una totalidad original, incluso perdida, ni a una totalidad resultante, incluso por llegar”. (Antiedipo, Deleuze y Guattari p47 ).

“Este planteo que intentamos, supone la puesta en cuestión de un eje de referencia, no de alguno en particular: (algún quien, sea éste: persona, sujeto, vinculo, etc.) sino del concepto en si de eje, a partir del cual se referencia al mundo, como horizonte de relaciones significativas.

Cuestionamos la existencia de un centro respecto del cual, como una rueda, gira la totalidad de significados, es decir el mundo.

Tratamos de referirnos a un cierto vicio intelectual, que es la necesidad de organizar y recortar, para después definir y categorizar.

En la experiencia humana, por ejemplo, la necesidad de definir y de organizar la “salud” (en tanto que centro), produce la “enfermedad” (en tanto que excentro). Con esto queremos decir, simplemente que la “enfermedad” no existe ni tampoco la “salud”. Esto último, dicho en el sentido de conceptos organizadores de la realidad humana.

En psicología, también existe una galería de conceptos a partir de los cuales se pretende encontrar centros de organización de lo real, que intentan restituir el lugar del sujeto en alguna parte.”[5]

Del mismo modo, la noción de centrado,(implícita en el ACP), marca una especie de lugar o de blanco, a cuyo centro apunta el terapeuta, en cambio en nuestra experiencia lo que ocurre en el curso de una sesión es que no hay centramiento, (“el centro está en todas partes” dice el mono de Zaratustra), lo que hay es dispersión y coincidencia, descentramiento, es más bien la posibilidad del terapeuta de habitar la complejidad y multiplicidad del acontecer terapéutico sin pretender constituirse en un “intérprete adecuado” de la experiencia de otro, en todo caso puede intentar ser un intérprete de la propia experiencia en relación con el otro.

DEFINICION

En psicología,la escuela lacaniana utiliza las figuras de la metáfora y la metonimia como modo de intelección en torno a la construcción del discurso inconsciente.

En la lingüística, sigue siendo objeto de controversias y confusiones. Todavía persiste la teoría que considera al lenguaje figurado como un” desvío “. En su excelente trabajo Todorov y Ducrot critican esa posición de los lingüistas en los siguientes términos: “la figura sólo puede ser entendida como un desvío en relación con una regla imaginaria, según la cual el lenguaje debería carecer de las figuras.”

Habitualmente, “lenguaje metafórico”, “lenguaje figurado” y “metáfora” se utilizan como sinónimos. Si bien esta última, es más estrictamente una de la veintena de figuras que constituyen el lenguaje figurado, aquí serán utilizados indistintamente cualquiera de los tres. En lo que hace a la definición de metáfora, casi todas coinciden en que se trata de un traslado, acordando así con su etimología. Las discusiones giran en torno a “qué” es lo trasladado y de donde a donde se efectúa.

Adoptamos la siguiente definición respetando la etimología de la palabra y con un criterio operativo para su comprensión en el proceso terapéutico: es el traslado de una cuestión del lenguaje textual al lenguaje figurado.

CARACTERISTICAS

Las características del uso de la metáfora en psicoterapia encuentran su especificidad fundada en:

– Su carácter polisemico o multisignificativo;

– Su estructura figurada;

– Su raigambre perceptiva y emocional (experiencial);

– Que resulta ser, necesariamente, el producto de un vínculo, de una interacción entre un texto y su traductor, en tanto que se constituye en el discurso y el consultante se reconoce en la figura;

-Que como hecho del discurso, transcurre entre lo universal del mito y lo estrictamente unívoco de lo textual.

FUNCIONES

Dadas las características, es que decimos que la metáfora posibilita:

= Abrir el campo experiencial con el máximo de libertad y autonomía, colocando a la cuestión en disponibilidad para ser abordada.

– Comprometer al consultante a apropiarse del significado que él elige, cuando la metáfora nombra al fenómeno experiencial. Esto evita tanto al terapeuta como al consultante, la vivencia de donación de salud mental, ante la respuesta del terapeuta.

– Respetar la complejidad, la ambigüedad y la multiformidad del discurrir de la situación vincular.

– El uso del terapeuta del discurso descriptivo, no influyente, no académico, no adjetivo.

– Nombrar objetos particulares de la experiencia, englobándolos en el marco más amplio de su naturaleza organísmica.

– Crear un código común al vínculo, propio e intransferible, que le permite a lo largo del tratamiento, enriquecerlo, cultivarlo y abandonarlo una vez que cumplió su cometido.

– Desalojar a la consulta del plano de lo racional, donde habitualmente se encuentra alojada o tiende a alojarse.

– Colocarse en estado de invención frente a la consulta, no de descubrimiento, debido a que no hay nada encubierto.

– Otro abordaje, cuando la descripción literal se agota y no hay como ampliar el campo en cuestión.

– No jugar a las escondidas con aquello que, a priori, se sabe que se va a encontrar.

– Operar en tránsito, comenzar su tarea en el momento en que se la formula y concluirla en el momento en que el interlocutor la percibe.

– A Chance Gardiner (protagonista de “Desde el jardín” de J.Koshinsky) le posibilita ser candidato a presidente de U.S.A

LA FUNCION DE LA PSICOTERAPIA: LA PSICOTERAPIA POETICA

Pensamos que la tarea del terapeuta debe ser, en cierto sentido, poetizar, es decir describir la naturaleza del encuentro en su naturalidad, en su inefabilidad, y posibilitar de esta manera que el encuentro continúe en el camino hacia la transformación.

La convocatoria de nuestros pacientes, como decimos al comienzo, puede ser abordada desde lo textual (literal) o desde lo figurado (metafórico). Procuramos el despliegue de la cuestión abordada por su costado natural, organísmico y experiencial. Este costado, el metafórico, aparece peligrosamente críptico, rigurosamente ambiguo y se constituye en un flanco temido. Pero, creemos, que capaz de iluminar ese campo al que llamamos resonancia, del cual nacen las metáforas con las que paciente y terapeuta logran un encuentro genuino.

La tarea es, entonces, la descripción del fenómeno del aparecer, lo que se muestra en sí mismo, lo patente. Y la descripción es sólo “el habla que permite ver “, partiendo de aquello mismo de que se habla.

El carácter descriptivo de la tarea, posibilita a Rogers, la conformación de una teoría con características de provisoriedad en sus afirmaciones, a punto, tal que sus definiciones son llamadas constructos, aludiendo al carácter operativo de las mismas, pasible de ser modificado de acuerdo a las nuevas evidencias que la clínica aporte, con lo cual, no se constituye en un marco de referencia teórico rígido. Y con esto facilita una práctica bastante difícil en estos tiempos, y que es decisiva para nuestro oficio: escuchar al otro como otro, aceptar y valorar su versión de la realidad como posible, y en este sentido, considerar la intervención del terapeuta como una hipótesis tentativa acerca de la realidad experiencial de su paciente. Compartir el poder de la curación y al mismo tiempo facilitar al consultante reformularse el carácter móvil de la propia percepción de sí mismo y de su entorno.

Es por lo antedicho, que entiendo que la psicoterapia pertenece a un orden distinto del orden médico. No sabría bien a qué orden adjudicarlo sin escandalizar, pero mi creencia y convicción es que pertenece al orden de lo artesanal, lo artístico, mas específicamente al orden de lo poético. “Solo como fenómeno estético se puede justificar la existencia del mundo” escribe Nietzsche en el Origen de la Tragedia.

La psicoterapia se trata de un acto de presencia, en un acontecimiento que se revela en ese mismo acto y que discurre estallando al infinito.

Visto desde esta perspectiva, podemos considerar a la, persona como la caja de resonancia de ese estallido, la incitación al acontecer.

Estoy sugiriendo la posibilidad de mirar el acontecer humano como hecho estético, es decir capaz de acceder y facilitar la plenitud de las formas de la vida, que lo que aparezca, adquiera y despliegue su excelencia hasta su transforma, que no es más que la consumación de esa forma en sí misma.

Praxis que implicaría no sólo el carácter estético, sino el carácter ético de una práctica que, es una práctica contemplativa o de la contemplación y, en este sentido, manifestando fidelidad a aquello que contempla. Y por fidelidad entiendo compromiso y rigor de presencia.

Heidegger en “ Holderlin y la esencia de la poesía” nos dice: “la poesía, el nombrar que instaura el ser y la esencia de las cosas, no es un decir caprichoso, sino aquél por el que se hace público todo cuanto después hablamos y tratamos en el lenguaje cotidiano”.

Entendemos que en el poetizar, la consulta que demanda tratamiento, es la de todo lo existente por lo que el poeta pone la palabra; es tan sólo un testigo, un testimoniante de las cosas, profesa “la más inofensiva e ineficaz de todas las ocupaciones” (Hordelin).

Tanto el poeta como el terapeuta están cumpliendo con un llamado, obedecen a una vocación. En tanto este llamado lo demanda, hay un tiempo y un espacio compartido y lo que se trata esta totalmente abierto a la contemplación. Así como el poeta está preparado para escuchar el murmullo de las cosas, y en su palabra se instaura la resonancia de lo existente, así en psicoterapia, ponerle nombre al murmullo de la coexistencia es instaurar su resonancia en el encuentro. Es resonar con la poeticidad del mundo.

Me refiero a la poeticidad de la que nos habla Kostas Axelos; entendida como el ámbito de la resonancia, el espacio vibrante de todo lo que hay, el cosmos en su palpitar.” La poeticidad del mundo es la apertura del lenguaje (y no únicamente del lenguaje sino también de la experiencia), al ritmo del mundo, ya que el mundo no es caótico o carente de ritmo, el mundo que abarca todos los mundos es el que inspira el pensamiento y es el que nos permite inscribirnos poéticamente (podríamos decir creativamente, si esta palabra no estuviese demasiado coloreada) en su ritmo.” “La poeticidad no se refiere únicamente a aquello que está en relación con la poesía, en una relación amistosa o erótica, por ejemplo, puede haber más poeticidad que en la obra de un poeta coronado. Pero el hogar de esta poeticidad no es el hombre personal, individual. Comprender al hombre de un modo personal e individual es cerrarse al mundo, es quedarse en el psicologismo. Es únicamente cuando el hombre se comprende como fragmento del mundo, como un fragmento que juega con los otros fragmentos, que el juego del mundo puede abrirse”[6]

La necesidad de nombrar o definir ese territorio de una manera que contemple este carácter propio y ajeno del acontecimiento terapéutico, estimuló en mí el uso creciente del lenguaje figurado como forma de reflejo.

Es por esto que me permito hablar, aunque provisoriamente, de psicoterapia poética, ¿Por qué digo poética?: Porque la poesía producida por un poeta, en rigor, no le pertenece a nadie. La poesía surge por una extraña y misteriosa combinación.

¿Cuánto de lo que aquél describe pertenece a lo descrito? ¿ Cuánto de lo descrito pertenece a aquel que escribe? Es imposible establecerlo sin cerrar lo que la poesía abre…

Ese fluir poético, es la resonancia que encuentra a lo humano como un atractor, tal cual lo define la moderna teoría de la complejidad, y que adquiere una peculiar presencia de intensidad en ese continuo de intensidades variables que es el mundo.

En este sentido, tal vez la poesía sea la zona de confluencia entre la palabra y su sonoridad, donde la palabra pierde su peso especifico, su consistencia conceptual y categórica, y abre el ámbito que articula la palabra y la música: el “entre” que caracteriza entonces a la Psicoterapia Poética.

Ocaso de concepto

simple o complejo

trigonométrico

y

manual

y

automático.

Adiós a lo abstracto,

y a lo concreto,

al predicado

y al sujeto

No comprendo

como todavía es posible

que te nombre.

Suicidio del

proverbio.

Pedacitos

enteros

Consistencia

de estar.

Apenas

color

Y

sonido

Y

forma.

Apenas

Todo

Por poetizar no entendemos sólo el manejo del lenguaje figurado con cierta riqueza estética, se trata de asistir rigurosamente a la descripción comprometida de las cuestiones que nos ocupan que, en el caso del terapeuta, se refiere a las cuestiones presentes en el discurso del paciente y en el suceso del encuentro.

Desde esta perspectiva el “sujeto” (sea terapeuta o paciente) es una unidad abierta, compleja, heterogénea, en intercambio permanente con el medio y por lo tanto su identidad no es una esencia, ni una estructura pre-determinada sino que es un continuo de transformación permanente. Muy sucintamente, este modo de operar elude, por definición, todo juicio de valor en torno a los temas o a la cuestión, puesto que se propone validar la experiencia en tanto naturaleza discursiva como tal, sin riesgo de invalidación o convalidación de la misma. La consumación de esa praxis poetizante requiere un clima que haga posible su realización. Nos referimos a una cierta forma de comunión, que vincula al poeta con el mundo que lo preocupa, en el cual es digno de ser tratado, tanto el más sublime de los sentimientos, como la más baja de las pasiones; tanto el vuelo de una mosca, como la quietud de un sapo frente al estanque. Allí importa menos la magnitud de la cuestión, que el tratamiento poético que de ella puede hacerse.

También en psicoterapia, deberíamos hablar de un clima provisto por el terapeuta, que permita al acontecimiento experiencial, objeto de su tratamiento, desplegarse al máximo de su potencia. Se trata de proveer un marco apto para el desarrollo del acontecimiento hasta sus instancias primordiales. Respecto de las condiciones previas del terapeuta, es Rogers quien ofrece la caracterización más rica y apropiada. Consistiría en acceder a un estado de disposición, lograr un” estar dispuesto ” a acompañar la experiencia del consultante y la propia. Alcanzar la posibilidad de habitar ese discurrir común y resonar con él; captarlo mas que entenderlo y dejarlo que sea. Como tal, no vale más el amor que el odio, lo sexual más que lo religioso. Tampoco vale más una asociación libre que un comentario, ni un sueño más que un gesto tibio. Aquí nos estamos refiriendo, además, a una cierta facultad de captación totalizante del fenómeno como multívoco, complejo, irreductible y misterioso. Si bien ésta facultad se centra, por su puesto, en el bagaje conceptual, teórico y técnico del terapeuta, no es su razón suficiente. No basta conocer gramática, retórica, métrica, versificación para ser poeta. Es necesario saber cómo y qué decir.

Así como es valioso un poema cuando la naturaleza puede sentirse reconocida en él, así el paciente debería reconocerse en el discurso del terapeuta.

La poesía no pretende ser lineal, no pretende “ajustarse a la realidad” entre comillas, pretende recrear la realidad supuesta, una realidad única. Y si la poesía tiene la eficiencia de recrear una realidad, un consultante, y otra vez entre comillas, “contaminado” por la poesía es probable que acceda a la posibilidad de recrear su realidad. Nos apresuramos a decir, que estamos ocupándonos de un acontecimiento, no de una enfermedad, ni siquiera de un enfermo; no se trata de consultar por la condición de ser enfermo de una u otra manera, sino de la consulta por su condición de ser. En otros términos, nos ocupa una existencia, un ser ahí en el mundo, entendido éste, como el horizonte de relaciones de significado, del cual el tratamiento, es sólo uno de ellos.

EL PLANO INCLINADO Y LA MEDIDA

( EL JUEGO DE LAS METÁFORAS COTIDIANAS)

“Es mejor prevenir que curar” es el titulo de un artículo que presenté en el Encuentro Latinoamericano de México en 1996 Con motivo de tener que realizarme una ergometría, (una prueba de esfuerzo para evaluar la función cardiaca), viví una experiencia que motivó dicho artículo. Se trataba de caminar por una cinta que se desplazaba en la dirección contraria; el propósito de ese caminar está fuera del caminar, se busca otra cosa que no hace sentido en el caminar mismo. El asunto se complicó cuando el técnico, que para eso estaba, como todo técnico, comenzó a elevar la cinta y fue creándome una pendiente cada vez más difícil de subir, en dirección a nada. ¡Qué parecido a los tiempos que vivimos!

En la ergometría, ese plano inclinado no conduce a ninguna parte. Creo que ésta pudiera ser una excelente metáfora de la cultura actual, la cual a mi ver, está dominada por metáforas que condicionan hasta el punto de intoxicar nuestra manera de ver el mundo. Como ya he dicho, muchas de las corrientes contemporáneas post-positivistas hacen hincapié en el término metáforas. Éstas ya no son concebidas como un recurso exclusivo de la poesía, sino como “un procedimiento fundante de nuestro sistema cognitivo y por lo tanto también de las teorías científicas.”[7] Te vas para arriba, está por el suelo, es una persona elevada, tiene bajos instintos, el pináculo de la fama, es una arrastrado, si seguís trabajando así vas a estar por encima de tus superiores, los de arriba, los de abajo, etc., etc. Seguramente los lectores podrán incluir en esta lista innumerables metáforas regionales que aludan a este posicionamiento. De lo que no cabe duda alguna, es que “arriba es mejor que abajo”.

Comentaba en una comunicación anterior: “En Occidente tendemos a experimentar la vida como un plano inclinado, de modo que hay una marca que nos orienta hacia donde, entonces están los que se van para arriba, los que se vienen abajo, los trepadores, los que tienen el vuelo bajo, los que han llegado muy alto, y es así como la cultura construye la metáfora de la pretensión, tender previamente hacia, o lo que es lo mismo tensionarse respecto de lo que vendrá. ¿Es efectivamente así? ¿Algo se escapa?, Y si no lo fuera, no habría para qué correr, ni un qué detrás del cual correr (el sujeto, la persona, el inconsciente, el deseo, el vínculo, etc., etc.,).

Aun, a pesar de que la vida pudiera, siguiendo la metáfora anterior, concebirse ya no como un plano inclinado, sino como una planicie, es decir un terreno que no nos fuerza en ninguna dirección, aparece una nueva metáfora social que nos coloca nuevamente frente a la pre-tensión. Se trata de la noción de medida, que es otro imperativo de nuestra época, y la medición es el modo en que se manifiestan las certezas, “tanto tienes tanto vales” o lo que es lo mismo “tanto vales, tanto tienes”.

Toda noción de exceso supone la noción de defecto, y ambas suponen la noción de medida. Cuando en algún lugar mencionamos que el proyecto de la modernidad, y con esto el proyecto de la psicología, es matematizar el mundo, (reducirlo a su “mínima expresión” para aprehenderlo), nos referimos justamente a cómo la noción de medida participa de cualquier intento “serio” de develar el mundo. Esto también deja una impronta muy marcada en la vida cotidiana. Nos sucede que estamos preñados de medida, y ésto no sólo rige nuestras conductas, sino también lo hace con nuestra experiencia y nuestra percepción, de tal modo, que es casi imposible sustraerse a este modelo de pensamiento y la ética que de él se desprende. No sólo medimos pensando, también lo hacemos mirando, oyendo, oliendo, tocando, percibiendo. De tal modo que medir se constituye, aunque sutilmente, en un juicio de valor respecto de lo medido, y si bien esto, resulta válido para muchos aspectos de la vida cotidiana, hacerlo en el campo de la experiencia humana se vuelve amenazante y descalificador, en el peor de los casos, o calificador en el mejor de los casos. Sin duda, esta característica se opone a lo que sostenemos como terapeutas: contemplar, aceptar sin juzgar o calificar la experiencia de quien nos consulta.

LA SOPORTABLE LEVEDAD DEL YO: LA PSICOTERAPIA TRANSYOICA

Entre los muchos altares que ha erigido la modernidad hay dos a los cuales querría referirme, y que son aquellos que a mi criterio, están íntimamente vinculados con nuestra práctica de “psicoterapeutas rogerianos”. Uno de ellos es el altar del yo o del si mismo y el otro es el altar del progreso (del cual me ocupo en el apartado siguiente). Como me referiré brevemente al concepto de deconstrucción, quiero anticiparme a la idea de que pudiéramos inadecuadamente, constituir uno nuevo con el nombre de altar de la deconstrucción, para lo cual mencionaré las palabras de Jaques Derrida, ya que es él quien ha creado el concepto y ha hecho uso del mismo de una manera más sistemática y rigurosa: “Pero es necesario distinguir entre el destino de la palabra “deconstrucción”, o de una escuela así llamada -que de hecho nunca existió-, y otras cosas que sin tal nombre o alguna referencia a la teoría, se pueden desarrollar como deconstrucción. Para mí la deconstrucción no se limita a un discurso sobre el tema de la deconstrucción, para mí la deconstrucción hay que encontrarla en marcha, está en obra. Opera en Platón, en los mandos militares americanos y soviéticos, o en la crisis económica. Así pues, la verdadera deconstrucción no necesita de la deconstrucción, no necesita de una teoría o una palabra.”

Tanto el concepto de construcción como el de destrucción contienen implícito un sentido y justamente este tiempo de la humanidad se cuestiona la noción de sentido; desde Nietzsche en adelante se trata de animarse a romper las barreras disciplinarias, de grupo o institución para arriesgarse al vértigo temporario del sinsentido, ese abismo que difícilmente nos arriesgamos a transitar y desde el cual pueden emerger nuevos sentidos.

Sabemos quienes hace muchos años estamos en el oficio de la psicoterapia rogeriana, que el propósito que nos orienta es precisamente el de facilitar a quien nos consulta, la tarea de su deconstrucción personal en torno a la rígida estructuración de un sí mismo igualmente rígido para, atravesar en nuestra compañía, el abismo del sinsentido en la dirección de una mayor libertad experiencial.

“La conciencia limitada, serial, la corriente de impresiones almacenada en la memoria, son los medios con que obtenemos el sentido del ego. Este nos capacita para sentir que tras el pensamiento existe un pensador y tras el conocimiento, un conocedor, un individuo que permanece fuera del panorama cambiante de la experiencia para controlarlo lo mejor que pueda. Si el ego desapareciese, o mejor, fuese visto como una útil ficción, dejaría de existir la dualidad sujeto objeto, experimentador y experiencia. Habría simplemente una continua, automoviente corriente de experimentación, sin el sentido de un sujeto activo que la controla o de un sujeto paciente que la sufre. El pensador no sería visto de distinto modo que la serie de pensamientos, y el que siente, no más que los sentimientos.

Y esto es lo que justamente tenemos, la pérdida de la identidad e integridad humana en una pasajera corriente de átomos. Hume, arguyendo contra la noción de ser “uno mismo” como metafísica o mental, no tenía naturalmente otra concepción que oponerle que la de “un montón o colección” de percepciones intrínsecamente separadas, pues estaba traduciendo su experiencia a los dislocados términos del pensamiento lineal. Sostenía que todas nuestras impresiones son “diferentes y distinguibles, separables una de otras, pueden ser consideradas por separado, pueden existir por separado, y no tienen necesidad de nada que sostenga su existencia”. Habiendo visto la ficción del ego, como modo de atención y la sustancia separados, no consiguió ver la ficción de las cosas o percepciones separadas que el ego, como modo de atención, abstrae de la naturaleza. Como hemos visto, cosas inherentemente separadas sólo pueden ser ordenadas mecánica o políticamente, de modo que, sin un ego real en que las impresiones se integren y ordenen, la experiencia humana se integra al mecanicismo o al caos.”[8]

Avanzando en el plano de lo conceptual, me veo en la inminencia de llegar hasta a repensar los principios lógicos que rigen nuestro mundo: el de identidad y el de no contradicción, aquellos que nos fuerzan a decir que “una cosa es una cosa y no otra cosa” y a partir de lo cual establecemos las claves para determinar las diferencias y la constitución de entidades separadas entre sí.

La noción de acontecimiento o evento, intenta avanzar sobre el modelo tradicional, que pretende organizar lo dado, subjetivándolo, es decir traduciendo a sujeto y predicado, y tratando de volver sintáctico lo que pudiera entenderse paratácticamente.

Para los griegos prearistotélicos, el hombre era sólo una significación más, atravesada por el mundo entendido como horizonte de relaciones significativas. Tal vez, el poema homérico, así como los pensadores presocráticos, nos presentan una semblanza adecuada del mismo. Tanto en la Ilíada como en la Odisea, los caracteres físicos definen al hombre como apariencias, pero no como una unidad recortada del entorno. Carece de unidad “física”, su “cuerpo” consta de una multitud de partes, miembros, superficies, articulaciones, y carece de unidad mental, su “mente” se compone de una gran variedad de eventos, algunos de los cuales ni siquiera son “mentales” en el sentido que nosotros damos a este término, y, o bien habitan en el cuerpo – títere como componentes adicionales, o bien se introducen en el desde fuera. Los eventos no están conformados por el individuo, sino que constituyen ordenamientos complejos de partes dentro de los que el cuerpo-títere se inserta en el lugar adecuado. Un mundo abierto cuya articulación de elementos de realidad es descentrada. Como superposición de aconteceres.

El predicado en sí mismo implica alguna forma de caracterización y judicación acerca del sujeto, con lo cual la ilusión de una comprensión empática no judicativa se diluye en los vapores del predicado. Pretendemos hallar una identidad de lo que es cada cosa, sin admitir que sólo podemos identificarla desde el lenguaje, atraparla es querer capturar el horizonte.

En este sentido se trataría de comprender nuestra condición de peregrinos, que pasan sin pretender quedarse o apropiarse de algún puerto o algún destino, incluyendo, por supuesto, éste que hoy intento delinear.

¿Estará definitivamente clausurada la identidad en tanto que yo?, ¿Será una cuestión de múltiple identidad?. O será que más allá de esta pequeña isla que reconozco como mi yo y que me ocupo prolijamente de recorrer a diario observando sus accidentes geográficos, prolijando los puentes que me “unen” y me diferencian de las otras “islas” (otros yoes), Como terapeuta debo esforzarme en “aplicar” las tres condiciones básicas descriptas por Rogers y aceptar la diferencias (Fig.1). Pero si consiguiéramos “desalojar” el mar de la cultura que nos baña, encontraríamos no sin sorpresa que “todos somos uno” o lo que es más “serio” que uno soy todos. Y que desde ese terreno común al que llamamos resonancia, es mas natural acceder a la experiencia del otro, (Fig2). En este sentido el “sí mismo rogeriano” aparecería fundiéndose con la experiencia organísmica, ya no en la dirección de reorganizarlo, sino más bien de perderlo o al menos volverlo leve.

FIGURA 1

FIGURA 2

DEBEMOS “ESFORZARNOS” DE ISLA ASÍ

ES POSIBLE TOMAR CONTACTO

A ISLA PARA TOMAR CONTACTO

DESDE LA RESONANCIA

Si bien Rogers en sus comienzos afirma implícitamente el valor de la autonomía, acentuando una forma de individualismo propia de la cultura de su época y de su país, el transcurrir de su obra y fundamentalmente de su praxis lo va llevando, progresivamente, en la dirección de la superación del ego, a favor de una mirada que lo trasciende. Algunos caracterizan ese periodo como una etapa transpersonal. En nuestra práctica cotidiana hay un valor que se nos aparece como evidente, como resonancia inevitable con el cosmos y nuestros congéneres: la solidaridad, que es a mi modo de ver la percatación personal del destino común o de la unicidad que habita en la multiplicidad de los seres y que nos permite trascender el marco de lo individual, para volvernos “transpersonales”.

“Jesús está en la Rama sagrada, el árbol, y él mismo es el fruto del árbol. Jesús es el fruto de la vida eterna que estaba en el segundo árbol prohibido del jardín del edén. Cuando el hombre comió del fruto del primer árbol, el árbol del conocimiento del bien y del mal, fue expulsado del jardín. El jardín es el lugar de la unidad, de no-dualidad de macho y hembra, bueno y malo, dios y humanos. Comes la dualidad y debes irte. El árbol del regreso al jardín es el árbol de la vida inmortal, donde sabes que Yo y el Padre somos uno.

Regresar al jardín es el objetivo de muchas religiones. Cuando Yahve expulsó al hombre del jardín puso dos querubines en la puerta con una espada en llamas entre ambos. Ahora bien, cuando te acercas a un santuario budista con Buda sentado bajo el árbol de la vida inmortal, encuentras en la puerta dos guardianes: son los querubines y tú pasas entre ellos rumbo al árbol de la vida inmortal. En la tradición cristiana Jesús en la cruz está en un árbol, el árbol de la vida inmortal, y es el fruto del árbol. Jesús en la cruz, Buda bajo el árbol: son las mismas figuras. Y los querubines en la puerta, ¿quiénes son? . En los santuarios budistas verás que uno tiene la boca abierta y el otro cerrada: Miedo y deseo, un par de opuestos. Si vas hacia un jardín de esos y esas dos figuras son reales para ti y te amenazan, si temes por tu vida, es que todavía estás fuera del jardín.

Pero si ya no tienes ligadura con la existencia de tu yo, sino que lo ves como una función de una totalidad más amplia, eterna, y te inclinas por lo más grande antes que por lo más pequeño, entonces no temerás a esas dos figuras y pasarás.

Lo que nos mantiene fuera del jardín es nuestro propio temor y nuestro deseo en relación con lo que pensamos que son los bienes de nuestra vida.”

Como lo dice hermosamente Borges en un cuento llamado “La rosa de Paracelso” en el cual el maestro le dice al que pretende ser su discípulo que “el verdadero haber sido arrojado del paraíso consiste en no darnos cuenta que estamos en el paraíso”. Y darnos cuenta de ello, nos implica despojarnos del ego como inevitable fundador de espacio y tiempo, como “propietario” de la identidad. Es probable que eso sea asistir a la plenitud experiencial.

PROCESO, PROGRESO Y SUCESO- LA PSICOTEREPIA EVENENCIAL

La noción de proceso (acción de ir hacia adelante)[9] se encuentra íntimamente ligada a la de progreso (acción de ir hacia adelante!!), y ambas constituyen, en parte, el sustento de las así llamadas “ciencias humanas”. Podríamos decir, variando un poco la definición del diccionario, que proceso es un encadenamiento de acontecimientos que sucede a lo largo del tiempo cronológico, y que progreso es la dirección peculiar que toma el proceso. (A esta altura de la exposición debemos alguna disculpa a los griegos, a quiénes en parte responsabilizamos de este modo “cuadriculado” de mirar al mundo que tenemos en Occidente. Es cierto que ellos honraban a Cronos, pero no menos cierto es que también lo hacían con Kairos, es decir aquel dios de un tiempo en el que confluían todos los aconteceres en un momento que era “eterno”.)

Decía más arriba a propósito del principio de identidad, que éste es una clave para la constitución de las diferencias y por lo tanto de entidades separadas. Cabría decirse que un proceso es el cambio de una entidad a otra. En el caso, por ejemplo del proceso terapéutico, éste sería el tránsito de una “entidad enferma” a una “entidad sana”, de una “poco desarrollada” a una “más desarrollada”, de una “inmadura” a otra “madura”, etc.

De tal manera que estamos en presencia de una cadena, o mejor de un collar de cuentas, donde cada una es fragmento de una serialidad anudada por el hilo del tiempo y que está permanentemente pre-tendiendo, es decir tendiendo hacia. Al escribir esto último me parece estar aludiendo al modo en que vive el hombre contemporáneo su vida: “como fragmentos que pretenden”, como si nunca pudiera “estar ahí” sin pretender. Sin forzar demasiado el idioma, podríamos decir que los hombres contemporáneos vivimos en una permanente representación, más que en una presentación. Donde el presente es tan sólo una actualización del pasado o del futuro.

A mi entender, o más bien a partir de lo que experimento, ese collar de cuentas anudadas termina por estrangular la vida, entonces no cuidamos la semilla como lo que es, sino como el árbol que será.

Frente a las actuales reconsideraciones del tiempo lineal, podríamos afirmar que: se ha roto el hilo que unía las cuentas, y que “milagrosamente” no impera el caos, sino que más bien se mantienen, “en flotación”, algo las ha vuelto leves, algo que nos permite entender la transformación de un modo alternativo, donde el afirmar algún ente no implica negar a otro; ya no como un proceso de cambio de una entidad en otra. La transformación como el cambio de la forma dentro de sí, es la forma consumándose en sí misma.

La psicoterapia así entendida no es una cuestión de tiempo, cada encuentro es en si un suceso y tiene la nota de la eternidad, y no le falta ni le sobra nada, porque ese encuentro es todo dentro de ese encuentro, y lo demás es otra cosa, es otro acontecimiento, es otro universo, es otra eternidad, (“La eternidad no es un tiempo que vendrá después, la eternidad no es ni siquiera un tiempo muy largo, la eternidad no tiene nada que ver con el tiempo, la eternidad es esa dimensión del aquí y ahora que interrumpe todo pensamiento en términos temporales, si no la consigues aquí no la tendrás en ninguna parte”)[10]

El acontecer (el vivir) podría entonces entenderse como una afirmación permanente, cada momento como eterno; como una práctica transfigurante de su propia figura, donde la descripción de las diferencias no implicaría separación de realidades, ni una única realidad o identidad.

Es por eso que prefiero hablar de una tendencia transformativa más que de una tendencia formativa, (esta es la última denominación que hace Rogers de la que inicialmente llamó tendencia actualizante) y si bien podemos decir que dicha tendencia marcha en la dirección de una mayor complejización, nos dice uno de los actuales y más brillantes científicos de la teoría del caos, Dan McShea: “ Enseguida aprendo dos cosas, primero, que hay un consenso general, aunque vago, de que la complejidad ha aumentado a lo largo de la historia evolutiva. Segundo, que complejidad es una palabra muy resbaladiza. Puede significar muchas cosas. Una de las cosas con la que suele ir asociada es el progreso, la noción de que la evolución procede por una vía que conduce hacia la mejora inevitable. En la actualidad los biólogos se sienten muy incómodos con la idea de progreso debido a las connotaciones de una fuerza rectora externa. Es aceptable hablar de complejidad pero no de progreso.”[11]

Preferimos evitar la noción de progreso porque implica una escala en la cual lo previo es menos valioso que lo posterior y conlleva un inevitable juicio de valor en torno a lo que acontece.

LA MIRADA ANTERIOR: LA PSICOTERAPIA INOCENTE

En el prólogo al libro Las enseñanzas de Don Juan, el brillante escritor y poeta Octavio Paz, nos dice magistralmente: “En el último capítulo de Viaje a Ixtlán, Castaneda ve a don Genaro nadando en el piso del cuarto de don Juan como si nadase en una piscina olímpica. Castaneda no da crédito a sus ojos, no sabe si es víctima de una farsa o si está a punto de ver. Por supuesto, no hay nada que ver. Eso es lo que llama don Juan: parar el mundo, suspender nuestros juicios y opiniones sobre la realidad: acabar con el “esto” y el “aquello”, el sí y el no, alcanzar ese estado dichoso de imparcialidad contemplativa a que han aspirado todos los sabios. La otra realidad no es prodigiosa: es. El mundo de todos los días es el mundo de todos los días: ;¡que prodigio! La iniciación de Castaneda puede verse como un regreso, guiado por don Juan y don Genaro, -ese Quijote y ese Sancho Panza de la brujería andante, dos figuras que poseen la plasticidad de los héroes de los cuentos y leyendas- el antropólogo desanda el camino. Vuelta a sí mismo, no al que fue ni al pasado: al ahora. Recuperación de la visión directa del mundo, ese instante de inmovilidad en que todo parece detenerse, suspendido en una pausa del tiempo.

Inmovilidad que sin embargo transcurre -imposibilidad lógica pero realidad irrefutable para los sentidos. Maduración invisible del instante que germina, florece, se desvanece, brota de nuevo. El ahora: antes de la separación, antes de falso-o-verdadero, real-o-ilusorio, bonito-o-feo, bueno-o-malo. Todos vimos alguna vez el mundo con esa mirada anterior pero hemos perdido el secreto. Perdimos el poder que une al que mira con aquello que mira”.

Es a esta mirada anterior a la que nos referimos cuando nos planteamos la necesidad de desaprender, de deconstruir inclusive lo aprendido con nuestro maestro.

Recuperar esa capacidad, es advertir el indisoluble poder que reside en el juego de resonancias que une al que mira con lo mirado, al que escucha con lo escuchado, al que experimenta con lo experimentado.

“ Esto coincide con la idea que Nietzsche tenia del superhombre, por eso la asociaba al niño o al artista, vale decir a aquellos que saben ver como por primera vez. A partir de esta idea del mundo, los seres humanos pueden entrar en un nuevo horizonte, el de la libertad y el de la responsabilidad, dado que sólo aquellos que comprendan la singularidad de todo acontecimiento tendrán que hacerse cargo de lo original, de lo que no repite, vale decir, que no ven en los sucesos encadenamientos necesarios y fatales.”[12]

LA OTRA SINTAXIS

Deseo que este artículo pueda ser leído, captando que la poeticidad de la que hablo implica un cambio de posición fundamental respecto al suceso terapéutico y del ejercicio del poder. No se trata de una donación de uno a otro, sino mutua implicación; es una forma de disolución del concepto del si mismo, borramiento del si mismo, intentando colocar todos los “datos del si mismo” en la bolsa que tiene en su mano “El terapeuta” de Magritte. Sin duda estamos formados con esa estructura de pensamiento de la modernidad, donde el individuo esta conceptualmente divorciado de su entorno, el sujeto divorciado del objeto. Esta cultura produce a partir de esta división, una sutil forma de ejercer el poder, un poder que desune toda vez que el sujeto abusa del objeto por definición, y por el sutil modo en que el otro (paciente) se desvanece como persona, y se ofrece como objeto de la terapia.

Estoy tratando de pensar este cambio de posición respecto al suceso terapéutico desde otra “sintaxis”, desde una manera de acercarnos a ese acontecimiento sin considerar la lógica lineal de los procesos, considerarlo un evento eterno, (no porque dure toda la vida, sino porque ocupa todo el tiempo), un acto sagrado, donde lo que sucede está regido por la lógica de la intensidad.

“Un hombre mirando fijamente sus ecuaciones dijo que el universo tuvo un comienzo. Hubo una explosión, dijo. Un estallido de estallidos, y el universo nació. Y se expande, dijo. Había incluso calculado la duración de su vida: diez mil millones de revoluciones de la Tierra alrededor del Sol. El mundo entero aclamó; hallaron que sus cálculos eran ciencia. Ninguno pensó que al proponer que el universo comenzó, el hombre había meramente reflejado la sintaxis de su lengua madre; una sintaxis que exige comienzos, como el nacimiento, y desarrollos, como la maduración, y finales, como la muerte, en tanto declaraciones de hechos. El universo comenzó, y está envejeciendo, el hombre nos aseguró, y morirá, como mueren todas las cosas, como él mismo murió luego de confirmar matemáticamente la sintaxis de su lengua madre.

¿El universo, realmente comenzó?

¿Es verdadera la teoría del Gran Estallido?

Éstas no son preguntas, aunque suenen como si lo

fueran.

¿Es la sintaxis que requiere comienzos, desarrollos

y finales en tanto declaraciones de hechos, la única sintaxis que existe?

Ésa es la verdadera pregunta.

Hay otras sintaxis.

Hay una, por ejemplo, que exige que variedades de intensidad sean tomadas como hechos. En esa sintaxis, nada comienza y nada termina; por lo tanto, el nacimiento no es un suceso claro y definido, sino un tipo específico de intensidad, y asimismo la maduración, y asimismo la muerte. Un hombre de esa sintaxis, mirando sus ecuaciones, halla que ha calculado suficientes variedades de intensidad para decir con autoridad que el universo nunca comenzó y nunca terminará, pero que ha atravesado, atraviesa, y atravesará infinitas fluctuaciones de intensidad. Ese hombre bien podría concluir que el universo mismo es la carroza de la intensidad y que uno puede abordarla para viajar a través de cambios sin fin. Concluirá todo ello y mucho más, acaso sin nunca darse cuenta de que está meramente confirmando la sintaxis de su lengua madre”.[13]

Creemos que uno de los puntos salientes para abordar esta cuestión, fue revisar la noción de poder y con esto dar cuenta de las dos actitudes básicas que constituyen al mundo, de las cuales he hablado más arriba. Para darnos la posibilidad de mirar al mundo cotidiano desde esa otra sintaxis, admitir las incertidumbres sobre el origen, el sentido y fundamentación del hombre, de la vida y del conocimiento, planteándonos la naturaleza incierta y aporética del nuevo Cosmos, y ser capaces de establecer un diálogo continuo con lo empírico, lo irracional, la incertidumbre y el misterio.

Hace algunos años escribía en “El camino de la indiferencia”, mi sensación derivada de mi práctica como terapeuta del carácter continuo del discurrir terapéutico, “Contemporáneamente con el uso creciente del lenguaje poético fue creciendo en mi, la impresión de perder objetividad. El discurso del paciente al que se le agregaba mi propio discurso comenzó a transformarse en un discurrir, un acontecer que no me permitía diferenciar con claridad donde estaba el sujeto ni el objeto, que fragmento del discurso le pertenecía a él y cual me pertenecía a mí. Creí poder restituir algún centro a partir de un nuevo “sujeto” llamado vínculo. Fue inútil, la realidad se descentraba, no había alojamiento posible para el fenómeno fuera de sí. Los olores, los sonidos, los sentimientos, la mesa, Juan, el recuerdo, Claudio, las palabras, las formas; constituyen un discurrir totalizante e indiferenciado que se aparece y se constituye en ese aparecerse. Sólo es posible estar presente, asistiendo, resonando. Es a este fenómeno al que hoy podría definir como PERSONA. Tal vez sólo se trate de una mayor densidad en un continuo”[14] . Esto derivó más tarde, en una conciencia creciente de que lo que hay, lo que sucede, lo que acontece pertenece a un continuo en el que se enlazan indisolublemente objetos, a los que nuestra estructura actual de pensamiento tiende a ver como discretos, aislados. (Por un lado yo, por otro lado el otro, por otro lado el sillón, la frenada que se escuchó en la esquina) . Este continuo esta compuesto de infinitas mutuas implicaciones, con efectos en principio impredecibles. Las formulaciones teóricas mas aproximadas a este fluir ininterrumpido que percibía, y experimentaba en mi trabajo y en mi vida, las encontré en la teoría del caos y la teoría de la complejidad, en particular en el acento del llamado efecto mariposa, y su invitación a la imprevisibilidad. Me estoy refiriendo a concebir al ser humano como un sistema abierto, no lineal, complejo y autogenerador. Todo parece confluir, el azar comienza a ocupar un lugar efectivo de ley, se vuelve riguroso, inexorable como el juego de dados nietzscheano. Advierto que mis intervenciones, cada vez más, son generadas desde un registro que es a la vez propio y ajeno.(eco del eco del eco del eco).

La oportunidad que me dió el robo del cual fui objeto en el verano, fue permitirme reflexionar bastante sobre la noción de robo entendida como la apropiación de lo ajeno, y en este sentido me cuestioné si es que hay algo rigurosamente propio, y si es que hay algo que sea rigurosamente ajeno. En relación con la posesión de objetos es probable establecer esta caracterización, pero llevado al plano de las relaciones humanas, y en particular llevado al plano de lo experimentado en la psicoterapia, cuando alguien por ejemplo, nos habla de un dolor, en algún sentido, ese dolor que me es ajeno, también lo reconozco como propio. Cuando alguien trae dolor, aquí entre nosotros se instala y afirma su presencia: el dolor. El concepto que busca definir este fenómeno, fue tomando forma rudimentaria: bajo la noción de resonancia.

Resonancia, campo morfogenético, poeticidad del mundo son sinónimos que para mi, ilustran esa fuente en la cual abrevamos y donde se produce el hallazgo de la metáfora, única posibilidad de dar cuenta desde el lenguaje, de la maravilla de la experiencia del encuentro con el otro, con el mundo y con el acontecer metafórico de lo que hay.

“Ver la ciencia con la óptica del artista, y el arte con la de la vida”.[15]

LAS CARTOGRAFIAS – LA PSICOTERAPIA AVENTURADA

Me preguntaba, no sin ansiedad, ¿Será que me estoy apartando de la ortodoxia Rogeriana? , ¿Será que mi práctica se aleja cada vez más de la filosofía Rogeriana de las relaciones humanas, de la que creo haber sido un seguidor? ¿Estaré volando demasiado alto, sin atender a mis raíces?

Afortunadamente, la relectura de las condiciones necesarias y suficientes para la concreción de una relación que crece, me permitió tomar contacto nuevamente con la primera de ellas (¡El maestro ya lo había sugerido en forma preliminar!) :

CONTACTO: “Cuando dos personas están una en presencia de otra , y , cada una de ellas, afecta el campo experiencial de la otra de un modo percibido o subliminal.”[16]

Creemos haber llegado como humanidad, a un punto, donde hasta el marco que ofrece la realidad sensorial está viciado de “información cultural”. La percepción ya no distingue, sólo recorta según una intencionalidad que los especialistas (quienes detentan el poder, los dueños de la tierra) han decidido. Tanto es así, que cuando alguien asiste a una consulta médica o psicológica no sólo lo hace buscando un especialista, sino que él mismo se presenta como especialista en algún dolor, algún padecimiento o algún “desacuerdo interno”, sustrayendo su complejidad, su multiplicidad insondable, su riqueza experiencial, y ofreciéndose como un “objeto de estudio”. Entiendo que esta posición de especialistas, está sostenida en una especie de cartografía, es decir, en un procedimiento que tiende a predefinir el terreno al cual vamos a acceder y aplicar nuestro conocimiento como especialistas. Tengo un absoluto respeto por las diversas cartografías, tanto las así llamadas científicas médicas como las otras; me estoy refiriendo, por ejemplo, a la astrología o a la homeopatía, la grafología, etc. que son mapas, otros accesos a la descripción del territorio que representa el encuentro con otro.

Nuestra mirada, como terapeutas rogerianos, pretende acercarse a este territorio exento de mapas, lo cual implica algunos riesgos; por ejemplo: perderse en ese territorio, confundirse, “no llegar a ninguna parte”.

El acceder a un territorio desde un mapa, también implica ciertos riesgos, por ejemplo: el llegar sólo a los lugares que se supone que el mapa describe que uno va a llegar, con lo cual, no hay nada nuevo que conocer, sino simplemente constatar que el territorio repite el mapa. Este es un riesgo. Hay quiénes están dispuestos a correr ese riesgo, que es renunciar a descubrirse en el aquí y ahora, inédito de cada encuentro. (Dice Borges en uno de sus cuentos “hay mapas mas exactos que el territorio mismo”)

Nuestra propuesta es estar dispuestos a correr el riesgo de perdernos, y hasta diría “confundirnos”, y advertir que, en rigor, somos parte de ese territorio que se supone vamos a investigar.

El advertir esto es algo que nos aterroriza, nos sobrecoge, la apertura es tan grande que se hace inabarcable. Precisamente lo planteado remite a la renuncia a abarcar, porque no hay nada que abarcar, ni algún alguien que deba hacerlo.

Simultáneamente, nos descubrimos sintiendo una extraña alegría, que parece surgir, gestándose en la “indiferencia”; en el mismo temor a perderse anida la libertad de lo que no condiciona, casi pareciera que no estar “aparte” es poder todo. Y en este inexorable pánico de borrar diferencias, (no va a quedar nada), sucede que va aconteciendo un aparecer imborrable.[17]

Recuerdo la seguridad de mis amigos psicoanalistas, tanto freudianos o lacanianos, o la de mis colegas sistémicos, cognitivistas, o constructivistas, y la precisión con la que articulan sus prescripciones, todo pareciera estar en orden, hay un orden para la enfermedad y otro para la salud, hay procedimientos adecuados a los síntomas, hay respuestas a las preguntas implícitas o explícitas de sus consultantes, hay un saber del cual me parece no disponer, o al menos una convicción acerca de la verdad de sus procedimientos, tan en consonancia con las demandas del mercado científico y/ o social.

En cambio, lo que experimento en mi trabajo es: caos, incertidumbre, aventura, invención, confianza e incredulidad. Este acontecimiento no se me presenta ni simple ni lineal, me apasiona, pero no puedo dar cuenta de él de un modo articulado en palabras de carácter conceptual. Por momentos, tengo la impresión que aun no existe un lenguaje para definirlo, o que tal vez no lo conozco, o que tal vez, el único posible para nombrarlo, sea vivirlo, o el silencio o la poesía.

Este artículo propone situarnos en el “entre”, o mas bien advertir que en realidad, a nuestro entender, no hay otra manifestación posible que no sea una manifestación del entre. En la ciencia actual, se advierte la inevitable mutua implicación de lo observado y el observador y que toda descripción, es descripción de la coimplicancia y la propia descripción. Esto trata del carácter fatal del entre.

“Cuando escuchamos la palabra fatal o fatalidad sobreentendemos que lo que sucede no podía dejar de suceder, dado que responde a un orden que condiciona los acontecimientos. Así, detrás de la tradicional idea de fatalidad esta la de causa. Si hay un efecto- decimos- debe haber una causa. Pero Jean Baudrillard ha propuesto otro concepto de la fatalidad. Si en la tradición metafísica, lo fatal y el destino estaban gobernados por causas, en su libro”Las estrategias fatales”, sostiene que lo que sucede es fatal, pero no porque obedezca a una causa, sino simplemente porque sucede. Y dado que acontece no podría dejar de suceder. Cualquier otra consideración, (podría no haber sucedido, si hubiera…), es meramente retórica ante la contundencia del ser, del acontecer. Por eso Baudrillard sostiene, que lo que sucede es mas que necesario, es fatal, pero no se trata de una fatalidad encadenada a razones, sino que fatalidad y acontecer son sinónimos.”[18]

De modo que frente a las inevitables preguntas que se nos formulan como terapeutas del acercamiento centrado en la persona: ¿Estaré centrado si atiendo a mi experiencia, o sólo debiera hacerlo con la del consultante?, ¿ Estaré experimentando la consideración positiva incondicional hacia el otro?, ¿Seré empático o no seré empático? ¿Estaré siendo congruente o no?. ¿Este reflejo será o no será adecuado y correcto?.

Habitualmente se tiende a ver y a describir a las actitudes facilitadoras que tan extensa y brillantemente describe Rogers, como atributos morales que deben caracterizar al terapeuta rogeriano, y que su aprendizaje consistiría en un fuerte entrenamiento y en un importante ejercicio de constricción, hasta conseguir ser medianamente “propietario” de ellas, o al menos ser un “aspirante” a poseerlas. Creo que ésto no es así; porque si así fuera y de hecho frecuentemente sucede, los terapeutas de nuestro enfoque, vivirían con el temor de “caer fuera del marco de lo comprensivo”, o bien viven, sujetos a la exigencia de no salirse fuera de las actitudes facilitadoras. Y esto es profundamente incongruente con nuestro modo de ver lo humano, donde justamente observamos gran parte del padecer fundado en el temor y en la autoexigencia. No podría un terapeuta rogeriano inspirar a su paciente justamente éstos dos sentimientos con relación al encuentro de ambos. ¿Cómo ayudar en la dirección de la no exigencia desde la exigencia, o en la dirección del coraje de ser desde el temor de ser?.

De tal modo, las actitudes facilitadoras ya no debieran entenderse como algún esfuerzo agregado al acontecer terapéutico o a la persona del terapeuta, sino más bien al modo en que la transformación se despliega y se cristaliza. Entonces sí podríamos caracterizarlas así:

• La empatía como forma del ejercicio de la alteridad.

• La aceptación incondicional como forma del ejercicio del respeto.

• La congruencia como forma del ejercicio de la libertad y la responsabilidad.

Es decir que estas actitudes se dan con sólo estar atento a no interrumpir el acontecimiento experiencial y permitir que la transformación sea.

“Preguntó el discípulo: Si en el pensamiento hindú todo en el universo es una manifestación de la divinidad ¿Cómo podríamos decirle que no, a cualquier cosa en el mundo? ¿ Cómo podríamos decirle no a la brutalidad, a la estupidez, a la vulgaridad, a la maldad? Y el maestro respondió: para ti y para mí el camino es decir sí ”[19] .

Por supuesto que, el poder acceder a esto, no significa “cualquiercosismo” y mucho menos un “vale todo”, pero sí es digno de considerar que “todo vale”, y como tal, hay que hacerle el lugar para que se despliegue. Creo que la práctica de la psicoterapia es muy rigurosa. No se trata de estar “ahí y amar”. Sin duda, estar presente requiere el rigor de desaprender todos los preconceptos y prejuicios de la modernidad, (nuestro bienamado humanismo judeocristiano) y sus productos más refinados: la ley y su inevitable consecuencia: la trasgresión. Permanecer en el aquí y ahora de mi encuentro pleno con el otro, y ser capaces de aceptar que la realidad de la sesión psicoterapéutica se constituye como juego, es decir regido por reglas. Como dice Jean Baudrillard:” Se requiere algún instrumento de precisión en lo posible, que de cuenta de “lo general” a partir de “lo particular” y éste es, sin lugar a dudas: La Ley.” La ley describe un sistema de sentido y de valor virtualmente universal. Busca un reconocimiento objetivo. Sobre la base de esta trascendencia que la funda, se constituye en instancia de totalización de lo real: todas las transgresiones y las revoluciones abren el camino a la universalización de la ley… La regla es inmanente a un sistema restringido, limitado, lo describe sin trascenderlo y en el interior de este sistema es inmutable, no busca lo universal, y no tiene exterioridad propiamente dicha, ya que tampoco instaura un corte interno. La trascendencia de la ley es lo que funda la irreversibilidad del sentido y del valor. La inmanencia de la regla, su arbitrariedad y su circunspección es lo que implica, en su propia esfera la reversibilidad del sentido y la reversión de la ley. Esta inscripción de la regla en una esfera sin más allá (ya no es un universo pues ya no busca lo universal),es tan difícil de entender como el concepto de un universo finito.

No hay límite imaginable para nosotros sin un más allá, nuestro finito siempre se perfila en un infinito. Pero la esfera del juego no es ni finita ni infinita – transfinita, quizás.”[20]

En síntesis, no aceptar las reglas de juego del acontecer como transformación, y pretender interrumpirlo con alguna ley, aunque sea la del deber de las actitudes básicas, significaría romper el juego, salirse de él y no permitirle a la ayuda que se instale en la relación y opere el quehacer poético, de la tendencia transformativa, manifestándose a través de la estética de las actitudes facilitantes.

Nuestra propuesta es, haciéndole un lugar a la otra sintaxis, que nos animemos a la aventura de internarnos en la realidad sin mapas. Esto es:

Atender al carácter lúdico del acontecer.

Devenir-terapeuta que no es ni terapeuta ni cliente.

Devenir-ayudante que no es ni ayudador ni ayudado.

Hacerle un lugar a la multiplicidad que somos.

Ser capaces de asistir “fatalmente” al “entre”, que hace estallar las diferencias sin que estas dejen de serlo.

Asistir a la “poeticidad del mundo” desde las variaciones de intensidades.

Estar en relación estrecha con la resonancia, ni consigo mismo ni con el otro.

Conmoverse.

Abrir las puertitas de la percepción, y hacerle lugar al sexto, al séptimo, a todos los sentidos, más allá de los que nos ha sido permitido conocer.

Poder con-fundirse sin fundirse.

Advertir este fenómeno y confiar en él: La fuerza de la tendencia transformativa.

Dejarse ser.

Dejar de ser,

ir siendo y

constatar ese universo que se da en la estética de la transformación; que las “actitudes básicas” vienen por añadidura.

LA ESTETICA DE LA TRANSFORMACIÓN

¿Sabes que me hace visible a tus ojos?

La luz con que me miras.

Suelo referirme frecuentemente, en diversos tramos de mis escritos, a la noción de estética. Tratando de acercarme a la definición de este concepto consulté al diccionario de la Real Academia española y éstas son las definiciones:

Estética: Ciencia que trata de la belleza

Belleza: Propiedad de las cosas que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros un deleite espiritual.

Estas dos definiciones me han permitido aproximarme a aquello que intuía, de modo que cuando me refiero a la estética estoy hablando de: aquella ”ciencia” que trata de la propiedad de las “cosas” que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros un deleite espiritual.

El concepto alude entonces, a todas las formas “bellas” en que se nos presenta lo que hay. Es decir: más allá de los contenidos, mas allá de la temática . Por esto, cuando me refiero a la función del terapeuta, digo que se ocupa de lo que pasa, (la forma en que lo vive) con lo que pasa (contenidos).

Si algo me atrajo en la teoría de Rogers, es fundamentalmente esta posibilidad de acceder al otro libre de juicio, porque la misma no es temática, no se ocupa de contenidos, (ni sexuales, ni pretéritos, ni síntomas, etc.), sino de la resonancia que tales contenidos operan en las personas. Rogers señala que el procedimiento terapéutico se centra mas en las actitudes, como formas de acercamiento, que en las técnicas. (Procedimientos dirigidos a una cuestión temática en particular.)

Habitualmente, cuando señalo verbalmente algo a un paciente, suelo decirle un poco en broma que preste atención a la música, más que a la letra de lo que le digo.

¿Qué es la musicalidad?: Forma o contenido. Es un idioma sin texto literal, es pura sensación, se trata de un puro transcurrir, porque lo producido es metáfora, es translación, es múltiples significados, es polisemia. Nuevamente aludo a la forma cuando me refiero a la noción de transformación, en la cual la forma deviene su transforma.

La tendencia transformativa, que es sin duda, el atributo esencial de lo vivo en alguna de sus manifestaciones, pudiera ser caracterizada como morfogénesis. Una definición de ésta última es como sigue:

“Los sistemas complejos (humanos, sociales y culturales), se caracterizan por sus capacidades para elaborar o modificar sus formas con el objeto de conservarse viables (retroalimentación positiva). Se trata de procesos que apuntan al desarrollo, crecimiento, o cambio en la forma, estructura y estado del sistema. Ejemplo de ello son los procesos de diferenciación, la especialización, el aprendizaje y otros. En términos cibernéticos, los procesos causales mutuos (circularidad) que aumentan la desviación son denominados morfogenéticos. Estos procesos activan y potencian la posibilidad de adaptación de los sistemas a ambientes en cambio.”

Desde la perspectiva de lo interpersonal, para que una relación crezca y se enriquezca, es decir, para que se posibilite la realización de la tendencia actualizante o transformativa, hemos aprendido, sin lugar a dudas, que es el ejercicio de las actitudes básicas descriptas por Rogers (Empatía, validación y congruencia) las que “apuntan al desarrollo, crecimiento o cambio en la forma, estructura y estado del sistema.” (En este caso la relación interpersonal.) Por esto me refiero a la estética de las actitudes, porque hacen a la forma en que la tendencia transformativa (morfogénesis) se despliega en el encuentro.

Por eso la música, es la metáfora que más se aproxima a nuestra intención de proceder con relación a los otros, libres de la presión de los idiomas, de los contenidos, de las literalidades, y desplegarnos en el campo de la resonancia, donde es siempre posible captar la belleza (Propiedad de las cosas que nos hacen amarlas, infundiendo en nosotros un deleite espiritual.). La “satisfacción estética” se relaciona, pues, con la parte más noble de nuestra felicidad, que no es ajena a la nobleza ética.

RESONANCIA Y COMPLEJIDAD

El universo debe expandirse para escapar de los telescopios a través de los cuales nosotros – que somos el universo – tratamos de capturar a ese universo – que es nosotros – SPENCER- BROWN (1973) Pág. 106

Hace ya varios años que intento desarrollar una alternativa teórica dentro del E.C.P. (al que preferimos llamar Acercamiento Centrado en la Persona), que contemple la transformación paradigmática, que como humanidad venimos experimentando. Por un lado, la concepción newtoniana-laplaciana de un universo mecanicista regido por el orden absoluto, ha sido sustituida por la de un cosmos autoorganizador, resultado de la dialógica compleja entre orden y desorden. Por otra parte, las nociones de ecosistema y de biosfera y la teoría de la complejidad dibujan una nueva imagen de la Naturaleza.

Hemos visto, que si bien el hombre pertenece íntegramente al cosmos y al reino de lo viviente, al desarrollar el reino de la cultura, lo sobrepasa, y se desarraiga de ellos, dando lugar a lo describimos como el poder que desune.

El propósito del actual capítulo, es intentar: poner nombre a algunos sucesos que experimento en el curso de la relación terapéutica; reflexionar acerca de la práctica concreta, y aportar desde esta experiencia, una manera plena y eficaz de estar presentes en nuestro oficio, y en cualquier encuentro que implique el crecimiento personal. Algunos de los fenómenos que aparecen en este campo, podrían coincidir con los así llamados paranormales o extrasensoriales. Son fenómenos, que si bien cotidianos, quedan corridos del territorio de la ciencia psicológica convencional. Este campo al que provisoriamente llamamos el campo de la resonancia, es el que afirma la unidad de lo vivo, donde lo único se hace múltiple y lo múltiple único. Trasciende los limites del territorio establecido, las siluetas, los individuos, los objetos, los yoes, la vigencia única de los cinco sentidos y la noción de espacio- tiempo.

Deseo poder abrir alguno de los interrogantes que todo esto me suscita, las inquietudes más que las respuestas.

Tal vez una metáfora que describe de un modo aproximado esa vivencia, es la de una vibración, tal vez, otro modo de definirlo sea la captación o el registro de las variaciones de intensidades. Tal vez no haya todavía palabras que nombren esa inefabilidad del acontecer y que sólo pueden ser vividas.

Se trata de un transcurrir que me afecta y me transforma de un modo incontrolable, ajeno a una construcción puramente intelectual, donde la certeza como evidencia perceptual y experiencial es una de sus características salientes. Esto no significa una opinión, un juicio o una verdad objetiva, tampoco que sea posible cuantificarla matemáticamente. Es tal vez la forma más exquisita del acto de subjetivación o mejor de transubjetivación[21] , es la evidencia de la empatía en su manifestación más natural.

La mejor manera que encuentro, al menos por ahora, para definir la presencia sensible, vivencial, ineludible y fatal del “entre” es: la resonancia.

Es difícil para mi encontrar un campo claro de la experiencia en el cual ubicarla. Decididamente no es puramente racional, pero también lo es; tampoco es puramente emocional, pero también lo es; tampoco es meramente perceptual, pero también lo es.

Puedo describir con un ejemplo de mi trabajo en clínica, (desde aquella vez en que dije a un consultante, que me visitaba por primera vez, el nombre de un familiar al que no había mencionado hasta el momento, hasta el intuir que hoy va venir enojado, o de novio, o triste o habiéndole ocurrido una desgracia), y descuento que casi todos mis colegas deben haber vivido experiencias similares dentro de su práctica.

Creemos que la escucha profunda, aquella que conmueve y conforta a quien la recibe y a quien la da, es sólo posible bajo la forma de la resonancia. Esta es la estética de la escucha: La forma de practicar esta constatación, esta contemplación del acontecer del encuentro con otro.

SER CAVIDAD

La Caja Armónica o caja de resonancia como también se la denomina, es la parte vital de un instrumento musical (El cuerpo de la guitarra y su tapa se encargan de amplificar y proporcionar la mayor parte de las características sonoras y tímbricas del instrumento.) ; todas las demás partes son elementos de colaboración y, como su mismo nombre indica, es donde se reproducen los sonidos.

Es entonces, que el fenómeno de la resonancia requiere cavidad para acontecer; el desafío en las relaciones de ayuda, es cómo volverse cavidad para resonar con la vibración o energía que emite el otro, y cómo eso nos posibilita emitir a su vez vibraciones que sin duda resuenan en el otro. Este acontecimiento ocurre en ese espacio – tiempo al cual definimos mas arriba como el “entre”, y transcurre en el campo de la simultaneidad (no sucesivo). Desde el punto de vista de lo organísmico somos cavidad, sólo que la cultura va llenándonos hasta hacernos “densos”, tan cubiertos de macizos de información, de juicios y prejuicios, que perdemos la “levedad”, esa dosis de “vacío” que caracteriza naturalmente a nuestra experiencia.

David Bhom, afirma en una conferencia dictada en el congreso de Místicos y Científicos en 1983: “El quantum infinito de energía que opera en el vacío al que se conoce como energía de punto cero, cuyo caudal en un centímetro cúbico de vacío equivale a toda la energía de la materialidad que hay en el universo”[22] .

Por casualidad, o tal vez por el misterio de la resonancia, recordaba un cuadro de Magritte, que es el que ilustra la portada de este escrito, y que llamó mi atención debido a que el torso del hombre allí representado está casi vacío, y ocupado por una jaula que tiene su puerta abierta; pero debo confesar mi asombro cuando me enteré que fue pintado en la década del cuarenta y su nombre es “El Terapeuta”.

LA PERSONA COMO TUBO

De entrecasa, he formulado la Teoría de la persona como tubo, y más allá de las consideraciones biológicas que efectivamente refuerzan la idea que el individuo humano esta básicamente constituido por órganos huecos, y que nuestro intercambio con el medio ambiente tiene ese carácter y se realiza a través de conductos. Más allá de las consideraciones místicas del hombre, como un canal de la sabiduría divina, me refiero a la persona desde la perspectiva de su experiencia. Somos permanentemente sujetos de informaciones que llegan del entorno, (por algún “orificio de entrada”) y son parte de nuestra experiencia, y nos despiertan emociones, sentimientos y sensaciones, en una especie de intercambio entre ese estímulo y la “pared del tubo que somos” y que luego tienden a salir por algún “orificio de salida”, como un flujo constante al que me animaría a llamar vida. Algún hábito cultural o característica de la especie, nos induce a hacer acopio, retener, poseer, apropiarnos de tal modo, que por un “artificio de técnica” conseguimos obstruir el orificio de salida y de este modo acumulamos: riquezas, tristezas, desgracias, automóviles, recuerdos, alegrías, información. Una especie de álbum de fotos que va entorpeciendo el libre fluir de nuestra experiencia, al punto de confundir nuestra identidad con ese álbum, una ilusión de sustancia que va enrareciendo el ámbito de resonancia al punto de volverlo denso, opaco y seco. Al par, nos crea la ilusión de ser en sí mismo, como aislados del cosmos, uno al lado del otro pero separados por un abismo graciosamente titulado: individualidad.

“Un cuerpo sin entrenar es como un instrumento musical desafinado, donde la caja de resonancias está llena de una algarabía confusa y desagradable, de sonidos inútiles que impiden escuchar la auténtica melodía. Cuando el instrumento del actor, su cuerpo, se afina mediante ejercicios, las tensiones y costumbres desaparecen, entonces está preparado para abrirse a las posibilidades ilimitadas del vacío. Pero ha de pagar un precio: frente a ese vacío desconocido hay, naturalmente, miedo. Aunque tenga una larga experiencia como actor, cada vez que uno empieza de nuevo, cuando se encuentra al borde de la alfombra, reaparece ese miedo al vacío en el espacio. Enseguida trata de llenarlo para disipar el miedo, para tener algo que decir o hacer. Se necesita una auténtica confianza para quedarse sentado inmóvil o guardar silencio. Una gran parte de nuestras manifestaciones excesivas e innecesarias, son el resultado del terror a no seguir estando ahí, si no demostramos de alguna manera que existimos todo el tiempo. “[23]

Creemos que el cosmos es un continuo de energía que fluye como un río turbulento, sin una organización previsible, y que adquiere cierto nivel de organización estable como los remolinos de ese río, al que la física denomina atractores y que adoptan la apariencia de diferenciarse del continuo, pero que sólo marca una estabilidad transitoria. Es a esta apariencia a la que le damos el nombre de persona.

Siguiendo con este recorrido: ¿cómo entender la relación entre personas?

Si fuéramos álbumes, es decir, una serie sucesiva de fotos inamovibles que marquen una serialidad temporal única, es probable que no hubiera espacio para la resonancia, para la mutua implicación, para un genuino intercambio, para una mutua transformación ni para el reconocimiento de este común denominador, este Todo, al que pertenecemos, que nos permite resonar con el otro desde un campo distinto al de la individualidad, del raciocinio o del “esfuerzo comprensivo”. Se trata de ponernos a disposición de devenir vacío, de volvernos cavidad resonante, tubo, y permitir ese libre fluir de lo que nos toca y nos transforma.

LOS APORTES DE LA CIENCIA CONTEMPORÁNEA

En sus últimos años, Rogers se interesó en expresar su punto de vista sobre la transformación a la que se enfrenta nuestra cultura y sobre el progreso del pensamiento científico, y especuló sobre el modo en que cambiará la forma de nuestro mundo, y la naturaleza de la persona capaz de vivir en ese mundo transformado. Suelo decir, que a quienes continuamos con el pensamiento de Rogers, que el nuevo paradigma científico nos queda cómodo.

Podríamos decir que una constante en la vida y en la obra de Rogers, es llegar a ser nuestra experiencia, es decir percibirnos, no como un producto o una entidad estática, sino como un proceso de transformación, como un flujo de llegar a ser, y no como algo acabado. Describiendo la relación terapéutica y a la persona, como peregrinos de la incerteza, como parte de la totalidad del universo.

Notablemente, son la física, las matemáticas y la biología contemporáneas, las que vienen a dar un soporte “científico” a algunas de las afirmaciones que intentamos desarrollar a lo largo de este capítulo.

En el mismo orden, escuchamos las voces de científicos notables de este último siglo que, trascendiendo el limite de lo antropocéntrico, dan cuenta del fenómeno de la interrelación, de la interconexión al que nos referimos al hablar del ámbito de la resonancia.

Un argentino de treinta años, profesor en física cuántica de Harvard , Juan Maldacena, fue aclamado por sus colegas hacia fines de 1998 por lo que se conoce como La Conjetura Maldacena que consigue articular la mecánica cuántica, y la teoría de la relatividad , a través del concepto de malla o red de supercuerdas, que de acuerdo a la variación de vibraciones darían lugar a todo lo que concebimos como universo.

Es demasiado pronto aún para decir si la teoría de las supercuerdas, el tejido espacio-temporal o el campo morfogenético serán confirmados en el laboratorio: Los experimentos no son fáciles de realizar, pero es intrigante que las tres teorías tengan características conceptuales similares: fuerte no-linealidad, espacio-tiempo subjetivo, flujo inexorable, y que acentúan la topología de la interconectividad. Me pregunto si esto no pudiera ser un atributo de la musicalidad.

Según el Principio de Incertidumbre de Heissenberg[24] , en el nivel subatómico no existen partículas con certidumbre, sino que sólo muestran tendencias a existir -los acontecimientos tampoco ocurren con certidumbre, sino que sólo muestran tendencias a existir. Como resultado, argumenta Capra, las partículas subatómicas no tienen sentido como entidades aisladas, sino que sólo se pueden comprender como interconexiones, o correlaciones entre varios procesos de observación y medida. … En la teoría de los cuantos uno nunca termina con cosas, sino que siempre se trata con interrelaciones.

Prigogine formuló las matemáticas para probar un extraño auto-organizado y trascendente fenómeno de la naturaleza. En su teoría de las estructuras disipadas, nos ofrece un modelo de transformación, basado en las interacciones unificantes de todo lo que es. Por otra parte, el teorema de Bell, propuesto en 1964 por el físico J.S. Bell en Suiza, y confirmado por primera vez en forma experimental en 1982, comprobó el misterio de la invisible unidad de las cosas, sus experimentos muestran que si partículas apareadas, las cuales son gemelas idénticas en su polaridad, se separan y la polaridad de una de ellas es cambiada por el experimentador, la otra cambia simultáneamente. Misteriosamente permanecen conectadas. (Se lo conoce como el efecto Einstein-Podolsky-Rosen./ EPR)

En 1973, Bohm (que era discípulo de Krishnamurti) sugirió que el efecto EPR podría entenderse mejor en base al modelo de un holograma[25] . Un holograma es una imagen tridimensional creada por la interacción de rayos láser. Lo que lo hace significativo es que toda imagen, queda almacenada en cada parte del holograma. Si se corta la imagen en dos, no se consigue dos medias imágenes, sino dos imágenes enteras. Cada parte contiene y puede reconstruir toda la imagen. Otra característica de los hologramas es, que al principio el rayo láser parece ser sólo una masa de remolinos carentes de sentido. La imagen organizada no aparece hasta que un segundo rayo láser interactúa con él. Tal vez, el mundo es un holograma, y el segundo láser es la mente humana. Es la mente la que transforma las frecuencias caóticas del mundo subatómico en imágenes tridimensionales. Por ello, lo que pensamos que es el mundo ahí fuera, es en realidad una proyección de nuestras mentes. . Para los pensadores de la Nueva Era, es semejante a la idea oriental de que el mundo es una proyección de nuestra conciencia. Ferguson establece este paralelo: Si la naturaleza de la realidad es en sí misma holográfica, y el cerebro opera holográficamente, entonces el mundo es ciertamente cómo lo han dicho las religiones orientales: un espectáculo mágico llamado maya , su concreción es una ilusión.

De esta forma, la teoría cuántica ha derrumbado la clásica distinción entre sujeto y objeto. El papel del científico ha cambiado de observador pasivo al de participante activo.

“Creo que es un papel pequeño, pero sumamente importante. La habilidad de enfocar concientemente la atención, parece ser uno de los progresos evolutivos más recientes de nuestra especie. Esta habilidad puede describirse como un destello minúsculo de concienciamiento, de capacidad simbólica, en la cúspide de una gigantesca pirámide de funciones inconscientes del organismo.

Quizá seria una analogía mejor, más indicativa del cambio continuo que tiene lugar, imaginarnos la pirámide como una enorme fuente de la siguiente forma: la cima de dicha fuente se ilumina intermitentemente con destellos de concienciamiento, pero el constante manantial de la vida sigue fluyendo en la oscuridad, por caminos inconscientes y concientes. Es a este nivel que se inventan nuevas formas e incluso puede que nuevas direcciones para la especie humana”[26]

El mismo Bohm menciona: “Ahora encontramos que las relaciones entre cualquiera de dos partículas, dependen de algo que está más allá de lo que pueda ser descrito en términos de dichas partículas únicamente. En verdad, y en forma más general, la relación puede depender de los estados quánticos de sistemas mayores, dentro de los cuales, el sistema en cuestión está contenido, y yendo hacia el universo como un entero. En otras palabras, en un nivel más profundo de la realidad, todas las cosas en el Universo están infinitamente interconectadas, es decir una cosmovisión denominada orden implicado. Bajo el reino aparentemente caótico de las apariencias físicas –el orden explicado– siempre subyace y se oculta un orden implicado más profundo”. Hasta conceptos al parecer tan fundamentales como el espacio y el tiempo, pueden ser meras manifestaciones explicadas de algún orden implicado más profundo. Bohm, espera que la ciencia y el arte lleguen a fundirse algún día; que esta separación es sólo temporal, ya que no existía en el pasado y no hay motivos para que exista en el futuro. “En el futuro de la ciencia –dicen algunos– va a haber algo que se parecerá bastante a la poesía. La ciencia va a seguir con toda seguridad la senda ya recorrida por la filosofía, la literatura, el arte y la música. ”

El mundo de objetos sólidos y separados es una creación de la mente en base de otro material más primario. Y Pribram sugiere que en estados trascendentales o místicos, (abiertos a la resonancia diríamos nosotros) conseguimos acceso directo a aquel reino primordial subyacente a la realidad normal, vemos a través de la ilusión que nuestras mentes normalmente crean, el carácter unitario de todo lo que existe.

El universo es visto como un tejido dinámico de eventos interrelacionados. Ninguna de las propiedades de ninguna de las partes de este tejido es fundamental; ellas suministran todas las propiedades de las demás partes y la consistencia general de sus interrelaciones mutuas determina la estructura del tejido en su conjunto.

El comportamiento familiar y ordenado de los cuerpos macroscópicos deja paso a la rebelión y el caos. Lo que acostumbramos a considerar objetos sólidos, no es más que un fantasmal mosaico de vibrante energía. La incertidumbre cuántica nos dice que no podemos saberlo todo de una partícula todo el tiempo….. Y las partículas forman el armazón del Mundo.

El fenómeno de estados modificados de conciencia, (diferentes al estado exterior) como son las prácticas de profundización a niveles interiores, podemos suponer que se debe a una sintonía literal a esa matriz invisible de vibrante energía, que pone en evidencia esa realidad completa. Puede ser que este fenómeno posibilite la interacción con alguna realidad, pudiendo dar cuenta así, de las experiencias de precognición, psicokinesis, distorsión del tiempo, sanación y vivencias de unificación con el universo. Tal vez nos vemos distintos unos a otros, porque nuestra vibración energética es diferente, a pesar de ser todos parte de la misma energía. Tal vez cada individuo es una pequeña parte del gran holograma, que contiene en sí mismo al universo entero. Para algunos de nosotros puede ser al principio un concepto poco fácil de asimilar, aunque sus implicaciones son obvias, ya que hace que demos un gigantesco salto a una nueva percepción, a un nuevo descubrimiento del mundo.

Es erróneo considerar que las partículas elementales de la materia, son cosas que se unen colectivamente para formar cosas más grandes. Es más exacto decir que el mundo es un entretejido de relaciones.

Para un realista ingenuo el Universo es una colección de objetos. Para el físico cuántico es una inseparable red de vibrantes esquemas de energía, en la cual ningún componente posee realidad independientemente de la totalidad; y en la totalidad se incluye al observador.

“Pudiera haber diverso número de realidades. Nos estamos refiriendo a una realidad en que se ha desvanecido el tiempo y el espacio, un mundo en el que no podemos vivir, pero cuyas leyes podemos aprender y percibir, una realidad que se base no en nuestros sentidos, sino en nuestras percepciones internas”[27] .

En relación con nuestra práctica como terapeutas, tal vez sea esta concepción la que de soporte “teórico” al fenómeno de la resonancia, que percibimos a diario en la consulta. Captar este lugar, ese vacío, hace lugar, nos abre a un territorio en el que hay muy pocas certezas, un territorio de potencia y de energía, de arte y de incertidumbre…

Atreverse a investigar la posibilidad de que existe una realidad legítima que no está abierta a nuestros cinco sentidos, realidad en que presente, pasado y futuro se entremezclan, en donde el espacio no es una barrera, y el tiempo ha desaparecido. Realidad que pueda percibirse y conocerse cuando estamos activamente contemplativos, en lugar de estar pasivamente activos.

Tal vez hemos perdido la capacidad de tomar contacto con toda la información que poseemos, por habernos dividido y alienado unos de otros. Tal vez será en la fraternidad que encontremos la verdad de nuestra herencia universal. No hay ningún allá. “Para la mente todo es aquí y ahora”.

La ciencia actualmente concibe la posibilidad de que una acción a distancia influya simultáneamente en todos los puntos del espacio, sin que exista ninguna fuerza visible o manifestación medible que viaje a través del espacio mismo. Tal vez si yo, como individuo, cambio de alguna forma, si altero la pequeña porción del holograma que a mí me corresponde, se alteren todas las demás. Lorenz estudiando los fenómenos meteorológicos en un simulador, advirtió que pequeños cambios en el cálculo inicial de un pronostico, podrían producir grandes efectos. Lo llamó “efecto mariposa” debido a que por ejemplo, ”el aleteo de una mariposa en Beijin, cuyas ondas se multiplican en el tiempo y el espacio llegan a desencadenar un maremoto en Tumaco. Y tal vez el siguiente aleteo, “no produce nada”. La ciencia del siglo XX apoya lo que en tantas ocasiones se ha dicho a través de los siglos: el prójimo es tu hermano; tu hermano eres tú; lo que pase a tu hermano te pasa a ti; todo lo que tú haces en el mundo afecta a los demás.

“Esta experiencia se expresa en la magia, en la religión y en la poesía, pero no sólo en ellas: desde el paleolítico hasta nuestros días es parte central de la vida de hombres y mujeres. Es una experiencia constitutiva del hombre, como el trabajo y el lenguaje. Abarca desde el juego infantil al encuentro erótico, y del saberse sólo en el mundo a sentirse parte del mundo. Es un desprendimiento del yo que somos (o creemos ser), hacia el otro que también somos y que siempre es distinto que nosotros. Desprendimiento, aparición: experiencia de la extrañeza que es ser hombres “[28] .

De este modo, la resonancia se constituye en el ámbito natural donde se despliegan al unísono, lo que Rogers llamó las actitudes básicas, que serían desde éste punto de vista, las distintas maneras de presentarse de la resonancia. Colocarse en disposición para resonar, es colocarse al servicio de la tendencia transformativa, es ser parte de ese acontecer resonante que es el cosmos, para lo cual sólo hay que estar presente sin pretender, sin intoxicarse de abuso, simple y rigurosamente sentirse parte de lo que hay.

“Si el mundo de la naturaleza no es ni cosas vistas por un ego, ni cosas (algunas de las cuales son sensaciones amontonadas juntas mecánicamente), sino un campo de relaciones “orgánicas”, entonces no hay que temer que el desorden sea la única alternativa al orden político o al mecanicismo. La corriente de la experiencia humana no sería en tal caso ordenada ni por un ego trascendental ni por un Dios trascendental, sino por sí misma.

Dado que el orden del pensamiento es lineal, una serie unidad a unidad, puede aproximarse pero nunca comprender un sistema de relaciones en el que todo esta sucediendo simultáneamente…la naturaleza es, en último término, un volumen y a lo sumo, un campo de infinitas dimensiones. Necesitamos pues, otra concepción del orden natural aparte del de la lógica, del orden del logos o de la palabra, basado en una atención unidad por unidad.”[29]

Una vez mas es Carl Rogers quien intuye estas nociones y nos dice:

“La realidad, como la hemos conocido –el mundo de la materia, el tiempo y el espacio-

ha dejado de existir, al menos en un sentido fundamental. Nos confrontamos con una misteriosa realidad de energías oscilantes que se manifiestan de manera extravagante. Es ésta una realidad de interconexiones casi místicas, de relaciones que emparentan a todas las entidades, ya sean animadas o inanimadas. Como señalara un gran científico: -el universo no se asemeja ya a una gran máquina; se parece más a una gran idea-. Y al intentar comprender a un universo que es una idea, nos da un temor no exento de respeto”[30]

Un biólogo “espiritual” inglés Rupert Sheldrake propugna un cambio radical en nuestra forma de observar la realidad. De acuerdo con su tesis, la materia deja de ser concreta para volverse información objetivada. En la vida de las células o en la conducta de los animales podemos descubrir la acción de un campo inmaterial.

Sheldrake ha creado y desarrollado vastas experiencias en torno a un concepto revolucionario en Biología la Resonancia mórfica: Cualquier habilidad conseguida arduamente por una rata de laboratorio en Inglaterra, repercutía misteriosamente en animales de la misma especie en Australia: el tiempo de aprendizaje de las segundas se reducía considerablemente comparada con las primeras, como si el conocimiento pudiera transmitirse espontánea y naturalmente de unas a otras sin mediar contacto físico. El mismo fenómeno era observable entre los humanos. Resultaba asombroso que un mismo descubrimiento, científico o tecnológico, pudiera ser realizado simultáneamente por dos o tres personas en diferentes lugares del mundo.¿Cómo se transmitía esa información y de dónde surgía? En su primer y polémico libro ,“Una nueva ciencia de la vida”, Sheldrake rompió lanzas con la concepción causal y mecanicista de la biología. La mayor parte de los constituyentes atómicos de un organismo humano (el 98% ) se renuevan en un año. La capa que recubre el interior del estómago se renueva cada semana, el hígado se regenera cada seis semanas. Una célula que muere no tiene capacidad de transferir el conocimiento de sus funciones a una nueva. La célula reciente actúa como ejecutora y traductora de un programa no material que organiza sus funciones de acuerdo con el patrón de la anterior. No es novedad la existencia de campos de fuerzas inmateriales, como los magnéticos, gravitatorios o de cohesión atómica. Para Sheldrake estos campos ordenan coherentemente la energía en patrones de forma. Los campos mórficos organizan átomos, moléculas y organismos biológicos. La información no es almacenada físicamente en las células, sino que actúa a través de ellas, y se expresa desde una dimensión no material. Los neurofisiólogos que intentan encontrar una explicación al milagro de la percepción visual, han manifestado que la red neuronal actúa como un decodificador de señales, como un televisor. Pero no pueden responder a la pregunta: ¿Quién mira la pantalla interna?

Cuando Sheldrake se refiere a la resonancia mórfica o campos morfogenéticos en el campo de la Biología, habla de una trasmisión de información que ocurre “misteriosamente” entre distintos organismos vivos sin un contenido “material”. Del mismo modo, cuando nos referimos a la metáfora como modo de manifestación de la resonancia interhumana, planteamos que al igual que con los campos morfogenéticos, tal captación de información y su consiguiente transmisión, ocurre en un espacio que elude el carácter puramente intelectual (literal) de tal información, esa captación pertenece a un campo aun misterioso al que podríamos llamar, aunque sea provisoriamente, campo morfogenético de la relación humana o ámbito de la resonancia transformativa: Creemos que el ACP es una forma de acercamiento psicoterapéutico que confía en ese campo inmaterial de información, donde se produce el fenómeno de la resonancia.

Las leyes pensadas como leyes eternas, dejan de tener sentido en un mundo en desarrollo (estamos en un universo en constante expansión). Sheldrake prefiere la idea de que la naturaleza está gobernada por hábitos, que se mantienen por la antedicha RESONANCIA MORFICA, que muy resumidamente, es la influencia de lo semejante en lo semejante.

Sheldrake nos habla del científico que para conocer se descorporiza, se incluye en lo observado, el observador se compromete con lo que observa, y el modo en que mira afecta su descubrimiento. La creatividad es una característica continua del universo evolutivo, donde las interrelaciones modifican y forman.

Estos cambios hacen que el modo de ver el mundo se modifique en forma formidable, la naturaleza está viva, en vías de desarrollo y en plena actividad y somos parte de ello. Esta idea también modifica la actitud frente a la psicoterapia, promoviendo contactos con la naturaleza, que tienen más que ver con una relación yo- tu, que con yo y eso, propia de una actitud mecanicista.

Con los aportes de Freud y Jung, podemos comenzar a preguntarnos, si mi alma o psique inconsciente se reduce a mi propia mente o también me conecta con todas las otras personas en el Inconsciente Colectivo, y si esto es así, ¿cómo se produce esa relación, entre las personas y con las almas o campos de otros animales y plantas, con Gaia y con el cosmos?. La respuesta de Sheldrake es: no lo sabemos.

Lo que sí podemos afirmar que: la naturaleza consiste en energía que puede adoptar cualquier forma, y los campos morfogenéticos son los principios formativos de todos los reinos de la naturaleza incluyendo a la especie humana.

El modo en que vemos el universo a partir de la ciencia moderna, es el de una acción entre el principio del hábito, representado por los campos y un principio creador, representado por el flujo continuo de las cosas, que se manifiesta como transformación. En verdad nuestras propias vidas son una interacción entre hábito y creatividad. Dice el I Ching: “lo único inmutable es la mutación permanente.”

Por último querríamos compartir ecos de nuestra búsqueda en el pensamiento de Merleau-Ponty, quien, desde la fenomenología, aporta una mirada filosófica que viene a refrendar alguna de las afirmaciones de la ciencia contemporánea. Nos dice: “La realidad es un tejido sólido, que no aguarda nuestros juicios para anexarse a los fenómenos más sorprendentes, ni para rechazar nuestras imaginaciones más verosímiles. La percepción no es una ciencia del mundo, ni siquiera un acto, una toma de posición deliberada, es el trasfondo sobre el que se destacan todos los actos y que todos los actos presuponen. El mundo no es un objeto cuya ley de constitución yo tendría en mi poder; es el medio natural y el campo de todos mis pensamientos y de todas mis percepciones explícitas. La verdad no habita únicamente al hombre interior, mejor aún, no hay hombre interior, el hombre está en el mundo, es en el mundo que se conoce. Cuando vuelvo hacia mí, a partir del dogmatismo del sentido común o del dogmatismo de la ciencia, lo que encuentro no es un foco de verdad intrínseca, sino un sujeto brindado al mundo”. Y también nos dice”:..la filosofía no es el reflejo de una verdad previa, sino, como el arte, la realización de una verdad…asistimos a cada instante a este prodigio de la conexión de las experiencias, y nadie sabe mejor que nosotros cómo se efectúa, por ser nosotros este nudo de relaciones”.[31]

ESTAR EN CONTACTO

Según Rogers la primera condición necesaria y suficiente para que una relación interpersonal se desarrolle, es: estar en contacto. Si bien, este es un concepto muy desarrollado por distintos autores, filósofos, teólogos, físicos quánticos, no nos percatamos de la contundencia que tiene encarnar esta mirada en la práctica clínica; praxis que abre lugar, que funda lugar que solo hace lugar para el lugar. “No lo piense, no lo razone, entonces lo verá”[32]

“Los seres humanos potencialmente tienen a su disposición una extraordinaria gama de poderes intuitivos. En realidad tenemos mayor sabiduría que la de nuestro intelecto. Hay muchas pruebas de ello. Estamos descubriendo lo tristemente que hemos descuidado nuestra capacidad no racional, nuestra creativa mente metafórica.”[33]

Después de las actitudes vienen las estrategias, aunque creemos que situados en esa plenitud de presencia, casi no son necesarias. El acontecimiento de la resonancia, queda opacado, cuando no logramos quitarle al ego la supremacía, cuando nos relacionamos desde la importancia personal. Lo que intento en este artículo, es referirme a lo sagrado de nuestro oficio. Y por sagrado entiendo: ser capaz de asomarme al misterio y de respetarlo sin pretender develarlo, de celebrar la maravilla de lo insondable que a veces ligeramente llamamos: estar en contacto.

Estar en contacto no es sólo escuchar, es percibir el sonido que entra por todo el cuerpo, es percatarse de las vibraciones del discurrir, (del discurso propio, del otro y el del mundo) , más allá de los significantes y de los significados, es intentar tomar contacto con la intención. Resonancia no es ni recurso ni discurso, es transcurso. Es seguir el curso.

Nuestra teoría es: no dudar de la experiencia del estar, de ser ahí con otro. Es la percepción de lo leve de nuestro yo, es darnos permiso para ser leves, y al mismo tiempo sentir nuestra presencia viva y latiente… y entonces, aparece, sucede otra realidad…

Comprender que no hay una única realidad supera lo interpersonal, y va más allá de la aceptación de la realidad o de la experiencia del otro tal como el otro la ve, porque si nos detenemos ahí, sigue siendo el mismo discurso del poder solapado .

Se trata de animarse a vivir y pensar cada encuentro humano como una nueva realidad, que se abre ante y con nosotros, y percatarnos que la transformación nos atraviesa, nos conduce y nos constituye.

PROLOGO-EPILOGO

La palabra—el habla—es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensantes y los poetas son los vigilantes de esta morada”[34] .

No sé si ésto corresponde al prólogo o al epílogo, pero me veo en la necesidad de referirme al muro que ha separado en mi, lo científico de lo artístico.

De modo que voy a escribir casi el mismo texto, tanto al principio como al final de este trabajo. Será tal vez un homenaje a Nietzsche y su aproximación al mito del eterno retorno, tal vez sea un homenaje a Prometeo y su entrega al hombre, o tal vez sea, que la psicoterapia tenga algo de esa búsqueda rítmica, en la que los hombres nos empeñamos a diario, queriendo atravesar el mundo en el camino del encuentro con el fuego.

Lo que aquí está escrito es el fruto de mis experiencias como terapeuta del ACP, y las ocurrencias que me fueron sucediendo a partir de la práctica. Las diversas caracterizaciones que hago de la psicoterapia a lo largo del artículo, no han pretendido en absoluto transformarse en una sistematización de esta praxis. Simplemente son intentos de definir de un modo diferente algunos atributos del ACP tratando de continuar en la línea del pensamiento de Rogers, buscando eludir cierta manera angelical, moral o ingenua, con la que puede entenderse este modo de operar en psicoterapia.

A lo largo de muchos años de mi vida, se superpusieron de una manera conflictiva mi vocación por la medicina y por el arte (pintura, música, teatro, literatura.). Recuerdo el día en que nos reunimos en un bar a tomar un café, mi primo Edgardo, que es escritor, Alberto que era cineasta, y yo, que acababa de bajar mi obra de teatro “Los camelos” que tuvo bastante éxito. Se habló de las actividades artísticas de ellos dos, pero cuando se refirieron a mí, la pregunta “maldita” fue: Y que tal ¿cómo va la carrera de médico? . Lo viví casi como un insulto, del mismo modo, que en aquella reunión de compañeros del último año de Medicina, no me incluían en los planes acerca de la residencia hospitalaria que haríamos al concluir la carrera – ¿para qué vas a hacerla? , sí vos sos un loco, un poeta-.

¿Cómo atravesar este abismo que separa mi cerebro izquierdo de mi cerebro derecho? En este punto, me ayudó la información médica: ¡existe el cuerpo calloso! Biológicamente estamos dotados de este puente, un campo silencioso que hermana atributos, funciones y potencialidades. Si bien la cultura actual define al hemisferio izquierdo, el analítico, como el dominante, y la contracultura intenta revalorizar al otro hemisferio; mi propuesta es ocuparnos del entre, de ese puente que adquiere sentido cuando no intentamos afirmar algún predominio, y en cambio nos sumergimos en la maravilla de lo que acontece. Como la verdadera obra de arte de la tragedia ática, que es dionisíaca en la misma medida que apolínea.

Encontré en el psicodrama la posibilidad de reunir ambas vocaciones, y si bien eso fue así, siempre me dije que si escribiera un libro acerca de la psicoterapia, debiera ser un libro de poemas, para reproducir el carácter multiforme que adquiere la práctica de este oficio. Mi sueño, es llegar a producir, gracias a los avances de la informática, un “texto” que permita leerlo, escucharlo, verlo, y hasta olerlo. Mientras tanto, al menos, quiero acercarles algo que escribí hace treinta años y que, para mí, conserva actualidad:

MI OFICIO (1972)

“En el principio fue la luz”

Y a pesar nuestro, o

casi inadvertida,

tiñó los gestos,

los anhelos convergentes,

se metió por viejas grutas

de miedos solitarios.

Inundó al cuerpo que habita en las palabras.

Trepó hasta las más austeras reliquias de familia

y desnudó a la abuela.

Sitió la fortaleza de costras desparejas,

que pican y se rascan.

Se sumó al sueño,

(soprano enardecida)

lo agarró por la garganta,

y cantó su aria.

Reconoció las pinturitas,

la verde, la azul, la blanca,

ésa que nunca supimos para qué cuernos estaba,

la que siempre tiene punta, la que no se acaba.

Nos hizo un inventario de tiempos,

de caminos,

de campos de esperanza aguamarina.

Nos recorrió las ganas,

el grito,

la mirada,

y esa humedad pequeña

que cubre las entrañas.

Y se asomó a la muerte,

la trajo de rodillas,

y le pidió que se quedara.

Recién entonces,

después,

muy lentamente,

autorizó a las sombras.

Y fuimos cosechando siembra

en siluetas encarnadas:

reconocimos al miedo

por la mueca que dejaba.

La abuela, por las arrugas.

Ese pico, la esperanza.

Y este pozo borravino,

los recuerdos de la infancia.

Y fuimos sembrando cosecha,

formas de encuentro,

aladas.

Tejimos, de escalofríos,

aquella inmensa bufanda,

de un ocio gris, neblinoso,

de medialuna en la cama,

de bronca del mediodía,

de dolor de madrugada.

“Y en el final fue la luz”

Nítida como una lágrima,

creamos la despedida,

que dibujó en el espacio:

Un abrazo,

un brindis

y un gracias.

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Notas de rodapé, convertidas em notas de fim de texto

1. Carta sobre el humanismo” M. Heidegger

2. G. DELEUZE Y OTROS Diálogos. Pág. 8. Ed. Pretextos

3. Martín Buber . El yo – tu

4. Emmanuel Lizcano. La metáfora como analizador social.

5. “Dale que”. Rud. De Nicola.

6. KOSTAS AXELOS . La poeticidad del mundo. Conferencia dictada en La Capilla, el 29 de Abril del 86

7. “Metáforas de la vida cotidiana”, G. Lakoff y M. Johnson, Ed Cátedra.

8. Alan Wats

9. Esta definición como la de progreso están extraídas textualmente del Diccionario de la Real Academia

10. Joseph Campbell “El poder del mito” EMECE 1991

11. Complejidad. El caos como generador del orden. Roger Lewin. Pag. 158-159.

12. Jorge Luis Jalfen .Diario La Prensa 18/3/2001

13. CARLOS CASTANEDA El lado activo del infinito.

14. CLAUDIO RUD. El camino de la indiferencia .1989

15. Nietzsche . El nacimiento de la Tragedia

16. KIRSCHENBAUM &HENDERSON. The Carl Rogers reader. Pág. 221

17. Del artículo “Dale que” Claudio Rud – Luis De Nicola Bs. As 1988

18. Jorge Luis Jalfen .Diario La Prensa 18/3/2001

19. JOSEPH CAMPBELL (El poder del mito. Editorial Emecé 1991)

20. JEAN BAUDRILLARD De la seducción..pag 128.Ed Rei.)

21. Se trata de un concepto que hemos acuñado para intentar definir el acto configurante de esa realidad que no se constituye ni como subjetiva ni como objetiva, sino que trasciende una vez mas este dualismo.

22. DAVID BHOM..El espíritu de la ciencia. Pag.70

23. Peter Brook. La puerta abierta, pag. 31

24. Físico alemán Werner Heissenberg, cofundador de la mecánica cuántica en la década de 1920.

25. Un proceso fotográfico sin lentes por el cual Denis Gabor recibió el Premio Nóbel

26. Rogers, Carl; El camino del ser; pag.71/72.

27. Rogers: Nuevos desafios

28. Octavio Paz Prologo a “las enseñanzas de Don Juan”

29. Alan Watts. Naturaleza, Hombre y Mujer. Cap. 3 El arte de sentir

30. Carl Rogers. Un nuevo mundo una nueva persona.

31. Merleau- Ponty. Fenomenología de la Percepción

32. Krishnamurti

33. Rogers, Carl; El camino del ser; pag.44.

34. Carta sobre el humanismo” M. Heidegger

Apresentado no XI ENCONTRO LATINO-AMERICANO DA ACP – Socorro – Brasil – Out/2002