TALLER DE SUEÑOS, METÁFORAS Y FANTASÍAS

María de Lourdes Quiroz Miranda

Entrar en el mundo de los sueños me parece verdaderamente fascinante, es lograr tener acceso al lenguaje universal, ese que no tiene fronteras geográficas ni ideológicas, es poder hablar una lengua que nos es común, como diría Jung es poder comprender el lenguaje simbólico.

De alguna manera acompañar a otro(s) en este proceso onírico requiere de un profundo respeto, ya que quienes me comparten sus sueños, metáforas o fantasías, me están permitiendo entrar en un espacio interior misterioso y vulnerable ya que en el mundo onírico no es posible interponer las habituales defensas psicológicas que nos acompañan en el estado de vigilia.

Es permitir que otro/a me acompañe en una parte de mí que no es controlada por la razón, , en un sueño puedo estar al mismo tiempo en diferentes lugares, ser diferentes personajes, las escenas de los sueños no se rigen por las normas morales, podemos decir que los sueños no se sujetan a las leyes del tiempo ni del espacio.

Se ha demostrado que fisiológicamente los sueños se producen en el hemisferio derecho del cerebro, que es donde se localiza el potencial creativo, la intuición y las emociones. Al acompañar el trabajo de sueños es importante tener en cuenta que lo hacemos desde esta parte dentro de la especialización hemisférica de nuestro cerebro. Robert Ornstein en su libro Psicología de la Conciencia presenta ampliamente lo referente a la especialización hemisférica, para efectos de este escrito solo me concretaré a presentar esas dos grandes funciones de nuestro cerebro: el hemisferio izquierdo y sus funciones racionales y el derecho con sus funciones intuitivas, son como dos maneras de entender la vida. Haciendo una analogía con el tema de los sueños es como entender la vida desde las dos perspectivas, la de la vigilia y la vida cuando dormimos.

Según entiendo, la propuesta de Rogers no incluyó el trabajo específico con sueños, sin embargo el Enfoque Centrado en La Persona plantea dentro de sus condiciones suficientes y necesarias una manera de estar-con-el-otro que desde mi punto de vista facilita ese clima de profundo respeto, de calidez y de aceptación incondicional cuando la o las otras personas me permiten entrar al espacio de sus sueños.

Han habido diferentes autores que tratan el tema de los sueños, a continuación me permito presentar una breve reseña que trata de fundamentar lo que vivimos en el taller de sueños dentro del XI Encuentro Latinoamericano del Enfoque Centrado en la Persona.

Por supuesto que hace falta eso que no podemos traducir en palabras y a veces ni en imágenes…me refiero a lo que cada persona experimenta cuando comparte en un grupo partes de sus sueños, como sucedió en nuestro encuentro en Socorro, Brasil.

A medida que vamos creciendo, vamos perdiendo gradualmente la capacidad de sorprendernos, al parecer lo único que importa es saber contestar de manera lógica, de forma racional, en ese sentido es que tendemos a tratar los sueños como producto de situaciones sin importancia ya que no los podemos explicar y a veces ni siquiera los recordamos con claridad.

Para los hombres del pasado, los mitos y los sueños figuraban entre las más significativas expresiones mentales, y no entenderlos equivalía a la ignorancia. Solo en los últimos centenares de años de la cultura occidental, es cuando esa actividad varió. Y a los sueños les fue peor. Fueron considerados como simples tonterías. Esto tiene su fundamento principalmente en el hecho de que no entendemos lo que soñamos, mientras que estando seguros de que podemos entender cualquier cosa solo con prestarle la debida atención. Para no tener que afrontar la prueba abrumadora de que poseemos un entendimiento limitado, preferimos acusar a los sueños de ser simples tonterías.

El inconsciente no es ni el mítico reino de Jung de la experiencia racial heredada, ni la sede de Freud de las fuerzas irracionales libidinosas. Debe ser entendido en función de este principio: “Lo que pensamos y sentimos recibe la influencia de lo que hacemos”.

La conciencia es la actividad mental realizada en nuestro estado de preocupación por la realidad externa, por la acción. El inconsciente es la actividad mental realizada en un estado de existencia en el que interrumpimos la comunicación con el mundo externo, ya no nos preocupamos por la acción sino por nuestra autoactividad. El inconsciente es una ejecución relacionada con una forma especial de vida, la de la no actividad; y las características del inconsciente derivan de la naturaleza de esa forma de existencia. Las propiedades de la conciencia, en cambio, son determinadas por la naturaleza de la acción y por la función de supervivencia del estado despierto de la existencia.

Historia de la Interpretación de los sueños

La historia de la interpretación de los sueños comienza con las tentativas de entender el significado de los sueños, no como un fenómeno psicológico sino como verdaderas experiencias del alma desprendida del cuerpo o como voces de espíritus o fantasmas.

Otra forma de la creencia de que los acontecimientos de los sueños son verdaderos es la idea de que los espíritus de los difuntos aparecen en los sueños para exhortarnos, advertirnos o darnos otras clases de mensajes.

En las grandes culturas del este los sueños son interpretados de acuerdo con un sistema de referencias fijo, religioso y moral.

La interpretación de los sueños del oriente primitivo tampoco se basaba en teorías psicológicas; se fundaba en la presunción de que los sueños eran mensajes enviados a los hombres por los poderes divinos. El ejemplo más conocido de este tipo de interpretación no psicológica es el de los sueños del faraón contenido en la Biblia.

En el antiguo oriente, se muestra que los sueños no eran considerados como del hombre sino como mensajes divinos.

Una de las manifestaciones más antiguas del concepto de que los sueños pueden expresar tanto nuestras fuerzas más irracionales como las más racionales.

Platón como Freud, considera a los sueños como expresión de nuestra parte de animal irracional, pero hace una salvedad que restringe esta interpretación a un límite determinado.

El concepto de Aristóteles sobre los sueños destaca su naturaleza racional. Aristóteles supone que durante el sueño somos capaces de advertir con más agudeza las sutiles modificaciones corporales y que nos ocupamos de planes y principios de acción que vemos con más claridad que a la luz del día. No sostiene, sin embargo, que todos los sueños tengan significado; afirma en cambio que muchos de ellos son meros accidentes y no merecen que se les adjudiquen funciones pronosticadoras.

Las teorías romanas de los sueños siguen muy de cerca los principios desarrollados en Grecia, pero no siempre alcanzan la claridad y la profundidad de visión que hallamos en Platón y Aristóteles. Lucrecio declara que los sueños se ocupan de aquellas cosas que despiertan nuestro interés durante el día, o de necesidades corporales que son satisfechas en el sueño:

La primera es el sueño; la segunda la visión; la tercera el oráculo; la cuarta la fantasía, o la vana imaginación; la quinta la aparición.

Dice el rabí Jisdá: El sueño, por otra parte, que no es interpretado, es como una carta que no ha sido leída”. Freud anunció en términos similares casi dos mil años más tarde: todos los sueños, son importantes comunicaciones dirigidas a nosotros mismos, cuya interpretación no nos conviene descuidar.

Los autores talmúdicos suponen que ciertos tipos de sueños son pronosticadores. Dice el rabí Iojanán: “Hay tres clases de sueños que se cumplen: los soñados por la mañana, que se refieren a otra persona y los que son interpretados por otro sueño. Según otros, también están entre los que se cumplen los sueños que se repiten.

Estos experimentos tienden a demostrar que todos poseemos el don de entender el lenguaje simbólico, pero que esa facultad sólo actúa en el estado de disociación provocado por la hipnosis.

La interpretación talmúdica se basa aparentemente en la idea de que los símbolos representan siempre otra cosa distinta de lo que son; por consiguiente el símbolo que es por sí mismo sexual debe significar algo diferente de su significado manifiesto. Sin embargo formulan una interesante reserva.

La interpretación medieval de los sueños sigue muy de cerca la línea que hemos visto en la antigüedad clásica. Un autor del siglo IV, Sinesios de Cirene, formula uno de los enunciados más precisos y hermosos de la teoría de que los sueños provienen de la capacidad de visión penetrativa, agudizada en el estado de reposo.

A nadie se le aconseja abandonar su trabajo e irse a dormir, especialmente para soñar. Pero como el cuerpo no puede resistir prolongadas vigilias, el tiempo que la naturaleza ha dispuesto que consagremos al reposo nos trae, con el sueño, un complemento más precioso que el mismo sueño: la necesidad natural se convierte en una fuente de gozo, y no dormimos simplemente para vivir, sino para aprender a vivir bien…

Los judíos aristotélicos de los siglos XII y XIII, el más grande de ellos, Maimónides, dice que los sueños, como las profecías, son debidos a la acción que ejerce la facultad imaginativa durante el sueño. El soñante pueda separar por sí mismo la parte racional del sueño de su velo simbólico, o que requiera la ayuda de un intérprete de sueños, depende del grado en que esté velado por los símbolos la visión penetrante, y de la fuerza de su facultad razonadora.

Santo Tomás, como Artemidoro y otros, creía que ciertos sueños son enviados por Dios. Los que juzgaba provenientes del alma del soñante no los consideraba, como sostenía Maimónides, manifestaciones de la más elevada facultad racional, sino como un producto de la imaginación del durmiente ocupada por los mismos deseos e intereses que la llenaban de día. Es interesante señalar que, lo mismo que los pensadores indios y griegos, Tomás de Aquino afirmaba que los símbolos del sueño indican ciertos procesos somáticos y que las propensiones somáticas internas pueden ser identificadas mediante la interpretación de los sueños.

La interpretación moderna de los sueños (a partir del siglo XVII) es fundamentalmente una variación de las teorías de la antigüedad y de la edad media, aunque han hecho aparición ciertas tendencias nuevas del pensamiento.

Mientras varios autores antiguos han sostenido la teoría de que los sueños pueden ser expresiones de disposiciones somáticas, Hobbes, por su parte, afirma que todos los sueños son consecuencias de estímulos somáticos, punto de vista éste que ha sido ampliamente apoyado hasta el presente y a menudo empleado como refutación contra Freud.

Voltaire proclama que la idea de que los sueños predicen y profetizan es un desatino supersticioso. A pesar de lo cual sostiene que aunque los sueños suelen ser manifestaciones producidas por estímulos somáticos y por excesos “de las pasiones del alma”, a menudo hacemos uso, durante el sueño, de nuestras facultades racionales más elevadas.

La teoría de Kant sobre los sueños es similar a la de Voltaire. Tampoco Kant creía que teníamos en los sueños visiones e inspiraciones sagradas. La base de los sueños es “dada simplemente por desórdenes estomacales”.

También Goethe destaca que nuestra capacidad racional aumenta durante el sueño. Cuando Eckermann le contó un sueño más bien poético que había tenido, Goethe manifestó:

• Por lo que veo…las musas lo visitan hasta cuando duerme, y por cierto que favoreciéndolo de manera muy especial. Porque admitirá usted que le sería muy difícil inventar algo tan peculiar y tan hermoso cuando está despierto.

No sólo es más poderosa nuestra imaginación durmiendo que en la vigilia, sino que las tendencias innatas a la salud y la felicidad a menudo se afirman con más fuerza cuando dormimos que cuando estamos despiertos.

Dijo Goethe: “Esos cuadros caprichosos, puesto que se originan en nosotros, pueden muy bien poseer una analogía con nuestra vida y nuestro destino.

Unos creen, como Freud, que todos los sueños son de naturaleza irracional; otros, como Jung, que todo son revelaciones de una sabiduría superior.

Los sueños participan de nuestras dos características, la irracional y la racional, y de que el arte de la interpretación onírica tiene por objeto comprender cuándo se hace oír en el sueño la mejor parte de nuestro ser y cuándo nuestra naturaleza animal.

A partir de Freud se produjo un cambio de actitud hacia mitos y sueños. Fue Freud quien a principios del siglo XX reafirmó el antiguo concepto: los sueños tienen sentido y significado, no soñamos nada que no sea una importante expresión de nuestra vida interior y todos los sueños pueden ser entendidos siempre que tengamos la clave para ello; la interpretación de los sueños es la avenida principal que conduce al conocimiento del inconsciente y por lo tanto la fuerza motriz más poderosa de la conducta.

El Lenguaje Simbólico

Nos dice Fromm, que el lenguaje simbólico es el único idioma extranjero que todos debiéramos estudiar. Su comprensión nos pone en contacto con una de las fuentes más significativas de la sabiduría, la de los mitos y con las capas más profundas de nuestra propia personalidad.

El lenguaje simbólico es un lenguaje en el que las experiencias internas, los sentimientos y los pensamientos, son expresados como si fueran experiencias sensoriales, acontecimientos del mundo exterior. En su lógica no son el tiempo y el espacio las categorías dominantes, sino la intensidad y la asociación. Es el único lenguaje universal que elaboró la humanidad igual para todas las culturas y para toda la historia. Tiene su propia gramática y su sintaxis. Un lenguaje que es preciso entender si se quiere conocer el significado de los mitos, los cuentos de hadas y los sueños.

El símbolo universal es aquel en el que hay una relación intrínseca entre el símbolo y lo que representa. El símbolo universal es el único en el que la relación entre el símbolo y lo que representa no es coincidente, sino intrínseca.

El símbolo universal tiene sus raíces en el que las propiedades de nuestro cuerpo, nuestros sentidos y nuestra mente que son comunes a todos los hombres, el lenguaje simbólico no hace falta aprenderlo, y no está limitado a ninguna raza o grupo particular de personas, lo mismo que nos hace falta aprender a llorar cuando estamos tristes o a enrojecer cuando estamos enojados, etc.

El significado particular de un símbolo en cualquier lugar dado sólo puede ser determinado por el conjunto en el que aparece el símbolo y en función de las impresiones predominantes que experimenta la persona que lo usa.

Sueños y mitos son verdaderamente importantes mensajes que nos enviamos a nosotros mismos. Si no entendemos su lenguaje, dejamos de enterarnos de muchas cosas que sabemos y que nos decimos en esas horas en las que no estamos ocupados manejando el mundo exterior.

No tenemos ninguna dificultad para explicar las características de la maquinaria más complicada, pero todas las palabras nos parecen inadecuadas para explicar cualquier sensación o sentimiento.

– Símbolo: es algo que representa otra cosa.

– En el lenguaje simbólico, el mundo exterior representa nuestro mundo interior.

– Hay tres clases de símbolos:

1. Convencional: como el lenguaje, y objetos (como la bandera)

2. Accidental: (ciudad x = alegría o tristeza…)

3. Universal: cuando hay una relación intrínseca entre el símbolo y lo que representa. Algunos están arraigados en la vida de todos los seres humanos:

Fuego = energía, movimiento, vida, excitación.

Agua = vida pero lenta, confortante.

Para Fromm, los sueños son expresiones llenas de sentido y significado de todas las clases de enfermedades mentales que se producen cuando dormimos, fisiológicamente el sueño es un estado de regeneración química del organismo, por otra parte psicológicamente el sueño suspende la principal función que caracteriza a la vida despierta: la reacción del hombre a la realidad mediante la percepción y la acción. Esta diferencia entre las funciones biológicas del sueño y la vigilia, es en realidad una diferencia entre los estados de existencia.

Cuando dormimos no nos preocupamos de poner al mundo exterior al servicio de nuestros propósitos, en el estado de reposo el reino de la necesidad cede su sitio al reino de la libertad en el que el “yo soy” es el único sistema al que se remiten pensamientos y sentimientos.

La actividad mental durante el sueño por lo tanto, tiene una lógica diferente de la que corresponde a la existencia despierta.

Cualquiera que sea el papel que desempeñamos en el sueño, somos nosotros sus autores, el sueño es nuestro; nosotros inventamos su trama. En los sueños pensamos en hechos y personas, en los que hace años no pensábamos, mientras dormimos, nuestros sueños son para nosotros muy reales, podemos decir que:

El sueño es un hecho real, actual, tanto que nos lleva a plantearnos dos preguntas:

¿Qué es la realidad?

¿Cómo sabemos que lo que soñamos es irreal y lo que nos ocurre despiertos es real?

Más asombroso que todas esas circunstancias es quizás la similitud entre los productos del sueño y la más antigua de las creaciones del hombre: los mitos.

De una manera u otra, ignorados, despreciados o respetados, juzgamos que los mitos pertenecen a un mundo ajeno totalmente a nuestra mentalidad, y a pesar de eso, poseemos la capacidad de crear esos productos semejantes a los mitos cuando estamos durmiendo.

Sueños y mitos tienen algo en común: son “escritos” en el mismo idioma: el lenguaje simbólico.

Algo que no puede ser discutido es que los sueños tienen:

– Sentido: contienen un mensaje que puede ser entendido.

– Significado: nunca soñamos nada fútil, aunque el lenguaje del sueño oculte el significado.

– Fisiológicamente: el sueño es un estado de regeneración química del organismo. Se reponen energías.

– Psicológicamente: el sueño suspende el contacto con la realidad externa quitando percepción y acción.

En un hombre despierto, los pensamientos y sentimientos responden fundamentalmente a la competencia, a la tarea de dominar el medio ambiente, de cambiarlo, de defendernos de él. La tarea es asegurarse la supervivencia, está sujeto a las leyes que gobiernan la realidad; piensa en función del tiempo y el espacio.

Cuando dormimos, estamos libres de la carga del trabajo, de la ocupación de atacar o defendernos, de vigilar y dominar la realidad. Miramos sólo a nuestro mundo interno, nos ocupamos sólo de nosotros mismos. La actividad mental tiene una lógica diferente.

Jung ve el sueño como una fuerte revelación que nos trasciende. Fromm como algo nuestro, que no tiene el efecto embrutecedor sobre nuestras realizaciones morales e intelectuales.

La teoría Freudiana de la satisfacción de deseos se manifiesta cuando en los sueños hay cumplimientos alucinatorios de deseos irracionales. Aunque también hay sueños que constituyen cumplimientos de deseos que no tienen el carácter de irracional.

Sueños particularmente interesantes y significativos son los sueños de repetición que algunos manifiestan estar soñando desde hace años, a veces desde la época más lejana a la que les alcanza la memoria. Esos sueños expresan generalmente el asunto principal de la vida de una persona.

Aunque actualmente los sueños han sido abordados desde diferentes enfoques dentro de la psicología, encuentro como básicos los abordados por :

1. Freud, que afirma que todos los sueños son expresiones de la naturaleza irracional y asocial del hombre.

2. Jung, que dice que los sueños son revelaciones de la sabiduría del inconsciente anterior al individuo, para Jung un sueño que no ha sido revisado es como una carta de mí para mí que no ha sido leída.

3. Fromm: Los sueños expresan toda clase de actividades mentales, son la expresión de lo bueno y lo malo que hay en nosotros.

4.- Perls, quien desde el enfoque Gestalt presenta los el trabajo con los sueños como “La vía regia hacia la integración” propone una metodología muy completa para lograrlo.

5.- Gendlin, que desde el focusing ha implementado una manera de acompañar los sueños.

En las propuestas anteriores me parece importante distinguir dos tendencias una que es interpretativa y otra que es fenomenológica en el trabajo de sueños, tener claras estas maneras de trabajar los sueños nos puede permitir acompañar de una manera congruente y comprometida con el enfoque que se elija para acompañar el trabajo de sueños.

Personalmente creo que voy construyendo un camino de acompañamiento en donde confluyen mis áreas de especialidad que son desde las actitudes del Enfoque Centrado en la Persona, los estudios de psicología profunda y la especialización en el trabajo de sueños desde el Enfoque Gestalt.

Quiero finalizar con lo que un poeta chino expresó:

“Anoche soñé que era una mariposa

y ahora no sé si soy

un hombre que ha soñado que era una mariposa

o una mariposa que está soñando que

es un hombre”

Bibliografía:

• Ayo, Marina, Suárez Martha Apuntes de la especialidad en sueños de la Unidad de Psicoterapia, Asesoría y Desarrollo de Occidente, UPAD, 1992.

• Freud, Sigmund. Obras completas. Volumen 3. XVII. La interpretación de los sueños. Ediciones Orbis. Argentina. 1988.

• Fromm Erich. El lenguaje olvidado. Ed. Hachette. Décima edición. Buenos Aires, 1972.

• Hall, James A. La experiencia jungiana. Ed. Cuatro Vientos.

• Jung, Carl Gustav. El secreto de la flor de oro. Ed. Fondo de Cultura Económica. México

• Jung, Carl Gustav. Simbología del espíritu. Ed. Fondo de Cultura Económica. México.

• Perls, Fritz. Sueños y Existencia. 11va edición. Ed. Cuatro Vientos. Argentina. 1999.

Coordinadora de la Maestría en Desarrollo Humano del ITESO, en Guadalajara, Jal. México

correo electrónico: lourdesq@iteso.mx

Apresentado no XI ENCONTRO LATINO-AMERICANO DA ACP – Socorro – Brasil – Out/2002